El primer ministro portugués, Antonio Costa, y Pedro Sánchez, ayer en Lisboa
El primer ministro portugués, Antonio Costa, y Pedro Sánchez, ayer en Lisboa - Efe

Sánchez desafía a sus críticos y a la UE con una «gran coalición progresista» de cinco partidos

Quiere emular al socialista portugués Costa, a quien visitó ayer en Lisboa, y evita llamar independentista a ERC porque «no es cuestión de siglas»

Corresponsal en Lisboa/MadridActualizado:

Espoleado por haber sobrevivido a la primera ofensiva de los barones socialistas críticos con su idea de forjar un «pentapartito» entre PSOE, Podemos, IU, ERC y PNV, Pedro Sánchez se plantó ayer en Lisboa desafiante hacia ellos, pero no solo; también hacia el PP, la patronal y la mismísima Unión Europea, necesitada, según el líder socialista, de «un nuevo impulso» que los recientes «vientos de cambio» electoral en España y Portugal certifican.

Sánchez acudió a reunirse y fotografiarse con el socialistaAntónio Costa, primer ministro portugués, a quien pretende emular. Costa quedó segundo en las recientes elecciones lusas, como él en España, aunque el portugués logró un porcentaje de voto (32,3%) mucho mayor que Sánchez (22%). Finalmente, ha podido formar gobierno gracias al apoyo del Partido Comunista y el Bloque de Izquierda, para desalojar al ganador, el conservador Passos Coelho.

Si en España Mariano Rajoy no logra apoyos para ser investido, el secretario general del PSOE reiteró que liderará lo que ayer denominó por vez primera «gran coalición progresista» con partidos «de izquierda y derecha (nacionalista)»; no la de PP-PSOE, por la que suspiran Génova, las cancillerías europeas, la UE autoridades y hasta viejos barones del PSOE, sino otra, de izquierdas y nacionalistas.

Porque «cuando las fuerzas del cambio se unen, se multiplican los beneficios para la mayoría de los ciudadanos, y el gobierno de António Costa es la mejor prueba». Eso sí, el líder del PSOE evitó calificar de independentistas a ERC o PNV porque «no es cuestión de siglas sino de políticas».

Sus palabras sonaron también a desafío al presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, quien horas antes había dicho en Bruselas que «está por ver» la estabilidad del Ejecutivo luso. Juncker recordó sutilmente que, gobierne quien gobierne, España, tendrá que acometer un recorte de 10.000 millones de euros sobre el Presupuesto general del Estado 2016, para cumplir los objetivos de estabilidad.

«España necesita un Gobierno que apueste por el entendimiento, no por los recortes», afirmó por la tarde el líder socialista español en Lisboa con toda la intención. «Se necesita mano izquierda y eso es lo que ha demostrado» Antonio Costa, insistió; No como Rajoy, que «ha confundido mayoría absoluta con absolutismo».

Pero el pacto de izquierdas en Portugal no es tal, en realidad, porque no se trata de un acuerdo de gobierno en sentido global. Se negocia por separado cada una de las propuestas en cuestión. Y ni siquiera puede hablarse de un «tripartito» porque las relaciones entre los dos socios y el PS están en punto muerto. Además, al otro lado de la frontera, no surgió una formación de nuevo cuño similar a Podemos. Ese vacío lo ha aprovechado Catarina Martins para tratar de ocupar el hueco con el Bloco de Esquerda, una coalición nacida en 1999 y hermanada con los griegos de Syriza.

Sin embargo, el histórico Partido Comunista Portugués se opone a establecer relaciones directas con ellos. Conclusión: a los socialistas les toca moverse por un frágil alambre para tratar con unos y con otros. Y los desencuentros saltan a la vista desde el momento en que António Costa decidió no integrar a ningún miembro del BCE o del PCP en el Gobierno vigente.

«Una huida hacia adelante»

Los sectores más críticos hacia Sánchez, que tras el tormentoso Comité federal del pasado 28 de diciembre se han sumido en un estratégico silencio, contemplaron con estupor lo que alguno de los dirigentes más significados llama «huida hacia adelante» del líder socialista.

Los barones, encabezados por Susana Díaz, Javier Fernández, Emiliano García-Page, Javier Lambán, Guillermo Fernández Vara y Ximo Puig, entre otros, van a dejar especular a Sánchez con el «pentapartito» en tanto no se salte la principal «línea roja» que le impusieron en esa tensa reunión, y en la de la noche anterior a solas con él: no sentarse a negociar con Podemos -se sobreentiende que con ERC tampoco- mientras no renuncien al referéndum de autodeterminación en Cataluña.

Creen que esa resolución sirve para disuadir al secretario general de llevar a cabo movimientos de riesgo pero, no obstante, según fuentes consultadas por ABC, van a estar muy atentos a las negociaciones que está llevando a cabo Antonio Hernando para la conformación de la Mesa del Congreso.

Tienen información de que Ferraz no vería con malos ojos dividir a Podemos en cuatro grupos parlamentarios (el nacional, `En Comú Podem´ de Cataluña, Valencia y las «mareas» gallegas), como exige la formación de Pablo Iglesias. Y ven en ello la señal de que hay una negociación bajo cuerda.

El lunes en la Ejecutiva pondrán de manifiesto que esa es una «línea roja» que el PSOE tampoco se puede tolerar porque abre un precedente muy peligroso: «detrás iría el PSC», dicen. Siguen sin detallar el calendario de presentación de las 80 firmas necesarias (el 30% de integrantes del Comité Federal) para citar otra vez al máximo órgano y convocar el 39 Congreso en marzo.

Deberá ser a lo largo de este mes de enero, si Sánchez no cede y lo convoca él, porque los estatutos del PSOE fijan la convocatoria 60 días antes. El problema es que «forzar la mano» al secretario general es la «bomba atómica» y vendría a remachar la imagen de caos que vive el PSOE. Por eso van a agotar el plazo para que sea Sánchez quien lo convoque.

Ayer, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, en su intentó por convencerle de que no le queda más que apoyar a Rajoy o repetición de elecciones, dijo que como Sánchez sabe sumar, «sabe que no le da» para un «pentapartito» anti-PP. Un pacto a la portuguesa sería «la peor opción para España» porque «cuando en países gobiernan los que no ganan, los que pierden son los ciudadanos» y los «frutos» de gobiernos como el griego de Syriza, «ya los conocemos».