Dos populares presentadoras de la televisión afgana, durante su aparición ayer en el primer telediario desde 1996 Epa

El rostro femenino vuelve a las pantallas afganas

Era una imagen tan borrosa que no se podía distinguir si se trataba deblanco y negro o color. Pero, aun en estas condiciones tan precarias, laRadio Televisión Afgana reanudó ayer sus emisiones, cinco años después de que el régimen talibán la prohibiera, como el que decide acabar con una droga maligna. Los presentadores se esforzaron para recordar un oficio que no pudieron ejercer desde 1996.

KABUL. E. Serbeto, enviado especial
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En sólo esos cinco años, la prohibición de la televisión, del cine, o de la música, y de cualquier cosa que pusiera a los afganos en contacto con el mundo exterior, ha causado estragos entre la población. Que un grupo de occidentales se detenga en cualquier pueblo de la carretera desde Jalalabad hasta Kabul despierta tal curiosidad entre niños y jóvenes, que de todas partes acuden para ver a los extraños viajeros y los para ellos inexplicables aparatos que les acompañan.

Los niños piden que les hagan fotografías, probablemente el objeto más sofisticado que han conocido hasta ahora, y se quedan pasmados ante un ordenador portátil o una cámara de televisión, cosas cuya utilidad desconocen. En cuestión de dos o tres minutos puede haber una multitud rodeando el coche y mirando dentro como si estuviese ocupado por extraterrestres.

Es cierto que excepto la capital, Kabul, Afganistán ha sido siempre un país incomunicado y alejado de la civilización occidental. Pero el grado de aislamiento impuesto por el fanatismo talibán no tiene precedentes. Cerraron los cines y la televisión y convirtieron a Radio Kabul en una emisora que se limitaba a recitales del Corán y mensajes religiosos.

El ministro de Educación, el mulá Mohamed Hassan, dijo al respecto que «los musulmanes necesitan cierta diversión, pero pueden ir a los parques a ver las flores y así aprenderán acerca del Islám».

EL SAMBENITO TALIBÁN

En cuanto a la música, fue prohibida porque «crea tensiones y obstaculiza la enseñanza de la religión».

De modo que cuando el presentador salió ayer al aire para restaurar las emisiones del único canal del país, los kabulíes recuperaron parte de una vida pasada, dejando atrás el tiempo en que la Policía religiosa arrestaba a los que poseían un televisor y los hacía salir a la calle con el aparato colgado del cuello como escarnio.

Desde la salida de los talibanes de Kabul, una parte del contrabando de televisores que normalmente trasiega hacia Pakistán, se vende ya en la capital afgana. El edificio de la televisión, semidestrozado por la guerra y cerrado luego por los talibanes, con una tecnología que con suerte proviene de hace treinta años, volvió ayer a funcionar, gracias a una antena abollada que los voluntariosos ingenieros afganos pudieron colocar junto a los ultramodernos sistemas que las cadenas internacionales utilizan para enviar sus noticias desde Kabul.

El locutor masculino que inició el programa se felicitó por la «victoriadel pueblo» alcanzada por la Alianza del Norte en nombre del Estado Islámico y acto seguido se leyeron unos versículos del Corán.

La en otros tiempos popular presentadora Lida Azimi, cubierta con un discreto pañuelo, volvía ayer a trabajar por primera vez desde que los talibanes prohibieron no solamente la televisión, sino cualquier actividad laboral para las mujeres. Otras fueron entrevistadas por las calles de la ciudad, una de ellas completamente tapada con la tradicional burka, y todas ellas pidieron paz y unidad en estos momentos de tensión.

La que apareció más tapada dijo incluso que estaba contenta porque en estas condiciones espera regresar a la universidad a proseguir sus estudios.

MÚSICA, POR FAVOR

La primera entrevista fue con el nuevo ministro del Interior, Yanos Kanuni, que se esforzó por tranquilizar a las potencias occidentales diciendo que en Kabul reina la tranquilidad y que la ciudad será desmilitarizada cuanto antes.

Entre cada segmento, imágenes de flores, puede que para complacer a los que creen que son fuentes de inspiración religiosa, pero también música nuevamente. Un artista cantó famosas canciones patrióticas en un decorado en el que aún se podían ver los budas de Bamiyán destrozados por los talibanes a golpe de dinamita hace medio año.

Era un vídeo musical hecho antes del furor de la censura talibán, tan estricta este último lustro que el traductor era incapaz de recordar el nombre del cantante.