Albert Rivera y Pablo Iglesias
Albert Rivera y Pablo Iglesias - JAIME GARCÍA

Rivera e Iglesias: «Esta es la segunda transición»

Los líderes de Ciudadanos y Podemos salen reforzados ante las ausencias de Rajoy y Sánchez

MIRIAM RUIZ CASTRO / VÍCTOR RUIZ DE ALMIRÓN
MadridActualizado:

La primera conclusión del debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera es que los jóvenes buscan y quieren otra política. Y la han encontrado. [ Así hemos contado al minuto el debate]

Los candidatos de Ciudadanos y Podemos celebraron el primer debate electoral de cara al 20 de diciembre en la Universidad Carlos III de Madrid, en el que quedaron patentes sus diferencias en materia fiscal o en política antiterrorista pero en el que volvió a quedar de manifiesto ciertas coincidencias en el plano de las reformas institucionales.

Empezaba el debate con los dos contendientes subiendo al ring aplaudiendo juntos a un auditorio abarrotado por 1.200 personas. Otro millar se quedaba sin poder entrar al recinto. Los primeros asistentes hicieron cola para tener una localidad desde las 8 de la mañana. Camisa blanca ambos, pantalón marrón para Rivera y azul marino para Iglesias, los dos dejaron ver en esos primeros compases un feeling personal que fue enterrándose en cuanto el debate echó a andar.

Un cara a cara muy equilibrado que puso de manifiesto las fortalezas de ambas formaciones en el voto joven. Sonoro abucheo el que recibieron Rajoy y Pedro Sánchez por no acudir al debate cuando fueron mencionados.

En los corrillos posteriores entre los asistentes que intercambiaban impresiones parecía que había consenso en que se había presenciado un debate equilibrado, sin un claro ganador. Y en el que los perdedores fueron quienes rechazaron estar en el mismo.

En un primer momento, lejos de haber un debate como tal, los dos candidatos se limitaron a plantear sus propuestas, hasta que el moderador abrió paso a las interrupciones. Se enzarzaron los dos líderes sobre qué debe ganar un presidente del Gobierno, con un Rivera incisivo que se llevó los primeros aplausos. Pablo Iglesias, que en la parte económica fue atacado por Rivera por hacer propuestas «irrealizables», fue de menos a más: esta vez llevaba medidas concretas anotadas y no dudó en repasarlas una a una. Concesiones entre ambos en materias de regeneración democrática y de nuevo confrontación en torno a la importancia de firmar o no el pacto antiyihadista.

«Juegas al populismo y se vuelve en tu contra»

En el primer intercambio directo tras sendos monólogos, Iglesias reprochó a Rivera haber propuesto que el presidente del Gobierno cobrara 300.000 euros, a lo que éste le contestó que se conformaba con lo que cobra un eurodiputado como Iglesias. El líder de Podemos le contestó a su vez que los eurodiputados de esta formación devolvían dos terceras partes del sueldo, y que dudaba de que los de Ciudadanos pudieran decir lo mismo. Esto último fue saludado con una ovación de parte del auditorio; otra gratificó a Rivera cuando acusó a Iglesias de «jugar al populismo con esta cuestión». El líder de Ciudadanos defendió una tabla objetiva de salarios, pero el de Podemos le afeó el contenido, defendiendo que el presidente cobrara lo mismo que un alto funcionario, comentario que generó murmullos entre los estudiantes. Rivera e Iglesias se interrumpieron mutuamente en esta fase del debate y se recriminaron haberlo hecho, entre las risas de los espectadores.

También lo hicieron a cuenta de la renta mínima garantizada que propone Podemos, que Rivera cuantificó en un coste de 115.000 millones. Iglesias contestó que vale con un aumento de gasto de media de 28.000 millones al año, que surgen 8.000 de la lucha contra el fraude, 13.000 reduciendo menos el déficit, y el resto por efecto multiplicador de la economía. El líder de Ciudadanos le dijo que no había explicado cómo generar ese dinero, que había que crear riqueza y que eso se hacía vinculando la universidad a la empresa mediante los sectores tecnológicos, que no pueden reclutar españoles porque no se forman en este ámbito. Apostó por dignificar la FP, no sólo la universidad, porque para recaudar impuestos es mejor crear puestos de trabajo que subir impuestos como había defendido Iglesias.

«Esto no es una sesión de coaching»

«La economía no es solo números», señaló Rivera. «Esto no es una sesión de coachingy estamos en sede universitaria», le replicó el candidato de Podemos para justificar que sí son importantes los números. En concreto, Iglesiasdefendió poner más alimentos y bebidas al 4% de IVA, subir al 25% el de productos de lujo —«quien quiera comprarse un yate con nosotros pagará un 25% de IVA»—y una progresividad del 45 al 55% de IRPF entre los 60.000 y los 300.000 euros de renta anual. También un impuesto extraordinario a los bancos rescatados y otro a las transacciones financieras. Para crear empleo, dijo que se podían generar 600.000 puestos con la rehabilitación energética de inmuebles y viviendas y apostó por una cuota progresiva a los autónomos en función de sus ganancias, algo en lo que Rivera dijo que también incluía el programa de Ciudadanos.

Fue en Economía donde el candidato de Ciudadanos se mostró más cómodo, y fue capaz de combinar sin muchos sobresaltos su discurso de bajada de impuestos con la crítica a los efectos de la crisis. «De nada sirve un PIB creciendo al 3% si hay más desigualdad». Rivera planteó sus propuestas en materia de mercado laboral frente al «modelo de PP-PSOE y de sindicatos y patronal, que ha sido un fracaso». En este sentido defendió su propuesta de contrato único, a lo que Pablo Iglesias le replicó que «las reformas en la legislación del mercado laboral no influyen sobre el desempleo».

Rivera defendió su reforma fiscal, que reducirá un 3% de media el IRPF en todos los tramos. «No podemos seguir subiendo el IRPF a la clase media», recuperar esa clase media es el principal objetivo de su programa económico. «El verdadero milagro español es una clase media y trabajadora fuerte».

Pacto antiyihadista, principal escollo

Rivera reprochó a Pablo Iglesias no haber suscrito el pacto antiyihadista con el resto de las fuerzas políticas. «No creo que se pueda ser presidente de España o aspirar a serlo sin estar en un pacto de Estado contra el terrorismo», le espetó.

El secretario general de Podemos defendió la iniciativa de su partido de crear un Consejo de la Paz, así como la necesidad de aprobar medidas para cortar la financiación al terrorismo yihadista y acabar con la exportación de armas a Arabia Saudí. No obstante, Rivera le respondió que al terrorismo no se le vence creando un Consejo de la Paz. «Al terrorismo se le vence el día que tú y yo, Pablo, digamos lo mismo», le replicó el líder de Ciudadanos.

«Algunos creen que un pacto de Estado es poner su firma en un papel que no sirve de nada. Nosotros desde el primer momento hicimos propuestas», se defendió Iglesias, que aprovechó para señalar que no todos los pactos de Estado son útiles: «Si el PP me invitara a firmar un pacto contra la corrupción sospecharía que me están tomando el pelo», señaló.

Rescate de Abengoa

Los candidatos de Ciudadanos y Podemos coincidieron en que el Estado no debe rescatar a la empresa Abengoa, porque eso supondría cargar el coste sobre los españoles. Iglesias, primero, dijo que si una empresa se rescata debe volver al control ciudadano, porque «si se socializan las pérdidas, se socializan los beneficios». El líder de Ciudadanos aseguró que estaba de acuerdo y recordó el caso de los bancos rescatados, con un gasto para el Estado que, denunció, tarde o temprano se nota en recortes o impuestos. «Si se rescata algo, que sea con un objetivo social», concluyó.