¿Retirada ordenada o desbandada general?

La situación de las empresas españolas en Argentina va a peor y muchas se cuestionan sus inversiones

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ÁNGEL LASO D´LOM

Hay una vieja máxima que dice que no hay situación desesperada que no sea susceptible de empeorar. Esto es lo que les está pasando bajo con el Gobierno Kirchner a las empresas españolas en Argentina. Y hoy por hoy la diplomacia española no cuenta con la receta para solucionar el problema. Más bien lo que hace es confirmarlo, como hizo ayer el ministro Moratinos. En la misma línea argumental, el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha presumido en más de una ocasión ante empresarios españoles de sus buenas relaciones personales con el peronista Néstor Kirchner, como si eso fuese una garantía para asegurar la rentabilidad de inversiones millonarias. Con esa argumentación lo que ha conseguido es preocupar a las compañías más de lo que ya estaban.

Las inversiones se congelan

Aunque no sea políticamente correcto decirlo, hace tiempo que estas inversiones están congelándose, dadas las dificultades que les pone el Gobierno de Buenos Aires. Tardó años en acceder a una ligera subida de las tarifas de los servicios y ahora hasta se ha planteado la renegociación de algunas de las privatizaciones. De hecho, una parte de capital español ya ha salido sigilosamente, pero los grandes grupos siguen atrapados, como Aguas de Barcelona, con permanentes problemas legales, o hasta Air Plus Comet, a quien Kirchner todavía no ha aprobado sus balances.

De lo que se trata ahora es de intentar una retirada o repliegue ordenado y digno, evitando una desbandada general ¿Y cuándo se producirá? Ya lo dijo en su momento el consejero delegado del Santander, Alfredo Sáenz: «Cuando se acabe la pasta», lo que armó un revuelo en Argentina.

Ahora, la moda empresarial en España es invertir en EE.UU. y Reino Unido (Santander-Abbey, Telefónica-O2 o más recientemente Ferrovial-BAA). La otrora pérfida Albión es hoy un país que goza de una estabilidad que garantiza que a los jugadores no se les cambian las reglas a mitad del partido, como en otras latitudes. Y en Iberoamérica, además de Chile, que es un caso aparte, surgen otras naciones como Brasil o México, que cada vez se llevan más euros españoles, en detrimento de Argentina, Bolivia o Venezuela, por ejemplo. Sin embargo, Argentina, por muchos motivos, sobre todo económicos, pero también sentimentales (el trigo y la carne de Perón), ha sido tradicionalmente uno de los destinos favoritos de nuestra inversión. Según el informe Chislett de 2003, las empresas españolas invirtieron 26.300 millones de euros de 1992 a 2001, una cifra muy superior a la inversión de compañías norteamericanas en ese país, que fue en el mismo periodo de 9.100 millones. Las empresas españolas que hicieron esto posible, además de los grandes bancos -Santander y BBVA)-, fueron las pocas multinacionales de capital español, en su mayor parte antiguos monopolios estatales que habían sido privatizados y que compraron los servicios públicos argentinos. Repsol, Telefónica, Endesa, Gas Natural, Aguas de Barcelona compraron las estatales argentinas que operaban en sus sectores, Mapfre también desembarcó, como la mayor parte de constructoras y hasta Air Plus Comet, de Marsans, que se hizo con Aerolíneas después de la debacle de Iberia y la Sepi. Y así muchas más.

Pero el sueño se esfumó en la crisis que entre 1998 y 2002 redujo un 18% el PIB argentino, hizo perder a su divisa hasta un 70% de su valor y la renta per capita en dólares cayó un 68%. Esa crisis se tradujo en la mayor suspensión de pagos de deuda pública de la historia -unos 50.000 millones de dólares-, que se ha tardado años en renegociar con el FMI.

Las empresas españolas están de retirada en Argentina, donde vuelve a fijar su interés el capital «yanqui». Pero el proceso será largo y costoso. Además, es triste que la imagen de España en ese país haya empeorado y seamos tachados de «gallegos prepotentes» que lo van comprando todo. No hay más que ver cómo se reflejaba a los ejecutivos españoles en la magnífica película «El hijo de la novia». O la propaganda de ese prodigio político que es el peronismo, que va desde la extrema izquierda a la extrema derecha, es muy buena, o a lo mejor también nosotros nos hemos equivocado allí en algo.