El secretario del Govern, Víctor Cullell (drcha), interviene al inicio de la toma de posesión de Quim Torra
El secretario del Govern, Víctor Cullell (drcha), interviene al inicio de la toma de posesión de Quim Torra - EFE

La restitución del Govern expone la debilidad del pacto de JpC y ERC

La toma de posesión «clandestina» de Torra, a la que no asistió el Gobierno, degrada la imagen de las instituciones de autogobierno catalanas

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Como si se tratase de un acto clandestino, Quim Torra tomó posesión ayer del cargo de presidente de la Generalitat de Cataluña en una ceremonia a media luz, sin invitados más allá de la familia y sin presencia de representantes del Gobierno. En una suerte de anuncio de lo que está por venir, la degradación de la imagen de la Generalitat y la confusión entorno a la toma de posesión del «president» anticipa en realidad lo que es un problema mucho más de fondo para el independentismo, la estrategia divergente a corto plazo que plantean Junts per Catalunya (JpC), y en menor medida el PDECat, frente a ERC ante la incierta legislatura que se pondrá en marcha con la reactivación de la normalidad de la actividad parlamentaria.

Las discrepancias, que comenzaron a hacerse evidentes a las pocas horas de que el Parlamento catalán proclamase unilateralmente la independencia el 27 de octubre -Carles Puigdemont se fugó a Bruselas, Oriol Junqueras se quedó en España-, se recrudecen ahora con la formación del nuevo Govern que presidirá Torra bajo la tutela del expresidente fugado en Alemania.

Mientras este último es partidario de proseguir con el choque, por ejemplo, por la vía de restituir a los consejeros que el 155 apartó del cargo -los encarcelados Jordi Turull y Josep Rull, y el «refugiado» en Bruselas Lluís Puig-, en ERC abogan por proponer nombres viables y con capacidad efectiva para gobernar. Entre los nombres que ERC sitúa en el Govern y Joan Tardà confirmó figuran Ester Capella y Teresa Jordà, actualmente diputadas en el Congreso.

Frente a esta estrategia, Torra, es decir Puigdemont, propone restituir a Turull, Rull y Puig, algo que los tres están dispuestos a asumir, según confirmaron a ABC fuentes del PDECat, donde los tres militan. La presencia de miembros del PDECat en el Govern, algo que Puigdemont habría intentado laminar, parece asegurada y ayer mismo miembros de la dirección se reunieron con el expresidente en Berlín y hace unos días hizo lo propio David Bonvehí, coordinador organizativo del partido, para acabar de negociar los nombres y la estructura del próximo gobierno catalán.

En los próximos días se conocerá la configuración del Govern, que pondrá punto y final a la aplicación de las medidas del artículo 155 de la Constitución. Hoy Torra visitará a los exconsejeros en las prisiones de Madrid. Será su primer acto como presidente, tras su toma de posesión de ayer.

Un acto de tres minutos

A las 11.31 horas, Torra, acompañado de Roger Torrent, presidente del Parlamento catalán, y Víctor Cullell, secretario del Govern, entraron en el Salón Virgen de Montserrat del Palacio de la Generalitat. A las 11.34, Torra ya había tomado posesión de su cargo, convirtiendo el acto en el más breve de una toma de posesión de la historia reciente de Cataluña. Torra renunció a que se le pusiera el medallón -un formalismo instaurado por Adolfo Suárez y Josep Tarradellas-, mostrando así su pleitesía a Puigdemont.

Un simbolismo que las cámaras de TV3 -las únicas que entraron al acto- reforzaron al hacer un plano corto como punto y final de la retransmisión. Tras casi siete meses desde la aplicación del 155 y cinco de las elecciones de diciembre, el independentismo revolvió en tres minutos la ansiedad por «recuperar» las instituciones de autogobierno.

La fórmula que utilizó Torra fue la misma que le legó Puigdemont en 2016: «Prometo cumplir lealmente las obligaciones del cargo de presidente de la Generalitat con fidelidad a la voluntad del pueblo de Cataluña, representado por el Parlamento de Cataluña». No hubo mención al Rey, ni a la Constitución, ni al Estatuto. Fue Artur Mas el que en 2012 introdujo la coletilla de las «fidelidades», que Puigdemont acabó por mantener y retiró las menciones al ordenamiento jurídico.

Sin la épica y la pomposidad de tomas de posesión de años atrás, la ciudadanía no se dio por aludida. Mientras Torra agradecía a los funcionarios del Palacio «haber resistido estos meses» y estos le regalaban una pancarta con un gran lazo amarillo -igual que el exhibido en la fachada del Ayuntamiento-, en la plaza de San Jaime se concentraban no más de veinte independentistas. A las 12.27 horas, el carrillón del Palacio de la Generalitat entonó «El Cant de la Senyera» y, seguidamente, «Els Segadors», himnos que se pudieron escuchar desde el exterior. Torra ya tiene la llave del Palacio.