Así resolverían el problema catalán personalidades de distintos ámbitos

Juristas, historiadores, economistas y filósofos, entre otros, hablan con ABC sobre cómo afrontar la situación de Cataluña

Actualizado:1234567891011
  1. Teresa Freixes: «Lo primero es restablecer el orden constitucional»

    Teresa Freixes, catedrática de Derecho Constitucional
    Teresa Freixes, catedrática de Derecho Constitucional - INÉS BAUCELLS

    Una reflexión sobre lo que ha funcionado y lo que no del sistema constitucional para llevar a cabo un diálogo «sereno» es lo que plantea Teresa Freixes, catedrática de Derecho Constitucional de la Universidad Autónoma de Barcelona y catedrática Jean Monnet. Sin embargo, para que esto tenga lugar, Freixes considera que hay un paso esencial: recuperar la normalidad constitucional. «Lo primero que hay que hacer es restablecer el orden constitucional. Una vez restablecido, evidentemente es necesario hacer una reflexión acerca de nuestro sistema constitucional. Pero sin una situación de normalidad constitucional esa reflexión es imposible, porque no se puede hacer con una presión del independentismo y del secesionismo como la que tenemos ahora», asegura.

    Para restablecer este orden, explica, son necesarias medidas como las que se están tomando hasta el momento. «Se está investigando que las finanzas de la Generalitat se ejecuten de una manera correcta, que no haya desviaciones como la que ha estado habiendo todo este tiempo pasado de lo que serían los recursos públicos para financiar las actividades del «procés», es decir, para financiar a las asociaciones secesionistas, para financiar la prensa afín, para financiar todas las actividades dirigidas a la fractura social y política entre Cataluña y el resto de España y Europa, etc... También se están realizando investigaciones en torno a cómo y de qué manera se obtienen datos personales de forma ilegal para poder fabricar un censo ilegal que permita la realización de un referéndum», expone Freixes.

    El objetivo, explica esta catedrática, es impedir que el referéndum se celebre, ya que «es algo que vulnera totalmente las reglas mínimas de la democracia». Para ello, asegura, confía en que, si es necesario, el Gobierno tome más medidas que cuenten «con el acuerdo y consenso de los partidos democráticos, especialmente socialistas y Ciudadanos y algunos otros pequeños partidos, porque el resto se han lanzado a un monte y no respetan la Constitución».

  2. Juan Eslava Galán: «Cuando superemos este triste show habría que pensar en modificar una ley electoral que da excesivo poder a los partidos nacionalistas»

    Juan Eslava Galán
    Juan Eslava Galán - E. AGUDO

    El profundo conocimiento de la Historia de España, que ha contado para escépticos sin importarle que en ocasiones no gustara a nadie, permite a Juan Eslava Galán observar lo que está ocurriendo en estos días en Cataluña con la serenidad de quien ha estudiado y vivido otros capítulos históricos más decisivos que éste. «Esto ya ha ocurrido otras veces, exactamente lo mismo, no es nada nuevo. También otras veces se ha proclamado la república de Cataluña y creo recordar que la última vez fue una charlotada que duró catorce horas», subraya.

    El «gran error» que ha traído estos lodos se remonta, a su juicio, al momento en el que se transfirieron las competencias de Educación a Cataluña. «Desde que pasó a manos de Pujol, la escuela catalana está sembrando el odio a España y al idioma español en las generaciones escolares», se lamenta el historiador y novelista que argumenta: «A lo largo de la historia ha habido entre un 10 y un 12% de separatistas, pero el número se ha disparado en los últimos años porque se está sembrando odio en las generaciones jóvenes que van incorporándose al voto».

    «Cuando rebasemos la pantomima del uno de octubre, el principal problema que se nos plantea es ése, que hay una escuela que siembra odio, al igual que en el País Vasco con las ikastolas». El segundo problema, continúa Eslava Galán, es la «tremenda división que existe ahora en la sociedad catalana» entre los secesionistas y «una mayoría silenciosa que está en contra del procés y se siente acorralada por los independentistas».

    El escritor, que residió en Barcelona durante siete años, siente «gran admiración por los catalanes y por la cultura catalana». Al margen de esa minoría agitadora que tanto se hace notar, asegura que en Cataluña existe una mayoría «paciente que discrepa de la agitación y que no se siente agraviada por el hecho de pertenecer a España». También se lamenta del «cierto desconcierto, odio y hartazgo» que se ha sembrado en el resto del país con esas «demostraciones de desprecio» hacia lo español. «Hace que ahora muchos españoles se sientan heridos, por las opiniones de estos descabezados que están liderando el procés».

    Ante la situación actual, Eslava Galán opina que «simplemente hay que aplicar la ley» y «no andar con posturas tímidas ni complacientes». Si hay que encarcelar a las personas que delincan no debe temblar la mano de la ley. Pero una vez que pase el «show», cree que «habría que modificar la Constitución y sobre todo la ley electoral que es la que le otorga un poder desproporcionado a los partidos independentistas y hace que tengan la capacidad de negociar con los gobiernos y arrancarles competencias que nunca deberían salir del ámbito del Estado y han salido, desgraciadamente, por el chalaneo político». Lo malo es que es más fácil decirlo que hacerlo, admite: «a ver ahora cómo recupera el Estado las competencias indebidamente cedidas a quienes quieren destruirlo».

  3. José Luis Bonet:«La tarea más urgente será la normalización política y social de Cataluña en beneficio de todos»

    El presidente de la Cámara de Comercio de España preside la FIRA de Barcelona desde 2004
    El presidente de la Cámara de Comercio de España preside la FIRA de Barcelona desde 2004 - EFE

    José Luis Bonet (Barcelona, 1941) es presidente de la Cámara de Comercio de España desde 2015 y presidente del Grupo Freixenet desde hace casi dos décadas. Este empresario catalán apunta hacia al día siguiente del referéndum independentista; y cree que «la tarea más urgente será la normalización política y social de Cataluña en beneficio de todos los catalanes y españoles». En su opinión, todos tendrán que esforzarse por superar «frustraciones» así como fortalecer la convivencia y la concordia.

    Bonet pide a los partidos que actúen «con altura de miras, voluntad de recomponer cauces de diálogo, con disposición a la negociación y al pacto» Además ha apelado a la «generosidad» de la clase política para que se pueda «reconducir» lo que ha denominado como la «deriva independentista».

    Al hilo de lo anterior, el máximo responsable de la Cámara de Comercio de España, ha mandado un recado a los medios de comunicación. A su juicio «será muy importante, como siempre, pero ahora más que nunca la actitud de los medios de comunicación» acompañando este esfuerzo de «afirmación de la normalidad ciudadana e institucional».

    Preguntado sobre su faceta empresarial, Bonet ha reconocido que su principal preocupación es «el efecto que el procés pueda tener sobre la economía catalana». En su opinión, el objetivo debe ser el mantenimiento de Cataluña como el motor de la economía productiva española. Además de ser un actor determinante en el «proceso de adaptación a la globalización», apunta el también presidente del Grupo Freixenet quien reivindica el «protagonismo» y «liderazgo» de los empresarios catalanes en este terreno.

  4. Valentín Pich: «Tras el 1-O habrá que ver si hay interlocutores que quieran y puedan negociar»

    Este barcelonés presidente del Consejo General de Colegios de Economistas desde 2008
    Este barcelonés presidente del Consejo General de Colegios de Economistas desde 2008

    El presidente del Consejo General de Colegios de Economistas, Valentín Pich Rosell (Barcelona, 1953), confiesa que espera que nadie haga ningún estropicio de aquí al próximo domingo. «Sería bueno que todo el mundo pensara que después del día uno, viene el dos y que lo importante es promocionar el crecimiento económico que permite nuestro Estado del Bienestar». Para Pich, todos son corresponsables y ahora lo que toca es «sentarse, hablar, dialogar y esperemos tener interlocutores para hacerlo».

    En este sentido, avisa que «enfrentar a la sociedad, polarizarla o tensionarla entorno a un tema» distrae de otras metas más relevantes y, como ejemplo, apunta que sólo hay 2,2 contribuyentes a la Seguridad Social por pensionista, una tasa de paro entorno al 17% o una deuda pública del 100% del PIB. «Hay muchas cosas que hacer: Es necesario mantener el Estado del Bienestar, la seguridad, la educación...», constata Valentín Pich.

    Por este motivo, desde el punto de vista económico y social, admite que un conflicto de estas proporciones genera varios problemas. En su opinión, «a partir del mes que viene» tras conocer lo que sucede el 1-O habrá que ver «si hay interlocutores que quieran y puedan negociar».

    Pich lamenta que no caigamos en que, a veces, las pequeñas acciones son las que hacen que funcionen las cosas y critica que se hable siempre de las grandes reformas.

  5. Juan Pablo Fusi: «El Estado autonómico fue la hazaña de la democracia española»

    Juan Pablo Fusi ingresó en la Real Academia de la Historia en diciembre de 2015
    Juan Pablo Fusi ingresó en la Real Academia de la Historia en diciembre de 2015 - JAIME GARCÍA

    Juan Pablo Fusi no se imaginaba que la situación fuera a alcanzar los niveles de tensión y fractura que esta sufriendo en los días previos al referéndum 1-O. «En los trabajos históricos que he realizado a lo largo de mi carrera, siempre he podido constatar la confianza que había en la prudencia de Cataluña y en su papel estabilizador durante la Transición, sobre todo si lo comparamos con la crisis del País Vasco y el problema de ETA», asegura el prestigioso historiador vasco, especialista en los nacionalismos contemporáneos.

    Para Fusi, este rol fue evidente con el primer presidente de la Generalidad en la democracia, Josep Tarradellas, e, incluso, con Jordi Pujol. «Durante veinte años, Cataluña tuvo siempre ese papel, lo que me produce ahora una gran decepción. El nacionalismo catalán siempre fue un nacionalismo cívico y no étnico, como le ocurre a la mayoría de los nacionalismos. Eso quiere decir que tiene unos valores democráticos que deberían facilitarle la relación con la democracia española y llevarle a una mayor integración con el país. Esta decepción, por lo tanto, no es una simple reacción visceral, sino que tiene un trasfondo historiográfico basado en el papel de esta comunidad en la Transición», añade.

    El también miembro de la Real Academia de la Historia cree que esta situación «no se puede resolver de manera inmediata». Cita para ello a Ortega y Gasset, «quien decía que estos problemas se puedan conllevar, pero que es difícil que tengan solución definitiva». «La Constitución tiene la potencialidad suficiente como para mantener la construcción de este Estado autonómico. Yo centraría este punto en dos aspectos: por un lado, explorar la propia idea de "nacionalidad" y, por otro, abordar cuestiones como el concepto del Senado como cámara autonómica o la financiación, entre otras cosas. El Título de la Constitución sobre las autonomías [ Título VIII: De la Organización Territorial del Estado. Capítulo tercero: De las Comunidades Autónomas] tiene una gran importancia. Quiero recordar al jurista Eduardo García de Enterría, que llamó al Estado autonómico español la "hazaña" de la democracia. Y eso son palabras mayores», explica Fusi, que puntualiza enseguida: «Para encontrar una solución, sin embargo, se necesita a dos personas. Pero en este caso deberíamos hablar de la voluntad de Cataluña para integrarse, dado el amplísimo autogobierno que tiene en el ámbito español. Como decía Pujol, Cataluña es un pueblo particular que se ha movido siempre en el ámbito de España».

  6. Augusto Ferrer-Dalmau: «Me gustaría que los catalanes participaran más en el Gobierno central»

    Augusto Ferrer-Dalmau, en la presentación de su última obra, «La despedida», en marzo
    Augusto Ferrer-Dalmau, en la presentación de su última obra, «La despedida», en marzo - ISABEL PERMUY

    «Nunca, ni en mis peores sueños, me hubiese imaginado que llegaríamos a este punto, ya que los independentistas siempre han sido una minoría», asegura el pintor Augusto Ferrer-Dalmau, a quién el Gobierno concedió hace un mes la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco. «Es cierto que siempre ha existido ese sentimiento de desafección por España, pero nunca pensé que los nacionalistas catalanes pudieran generar tanto ruido en los medios de comunicación, con una parte tan minoritaria de la población de su parte», subraya.

    Este pintor especializado en la temática histórico-militar opta por «la opción más integradora»: «Me gustaría que los catalanes participaran más en el Gobierno central, que fueran más activos. Que la política catalana esté más presente en el Ejecutivo de la nación. Creo que la presencia del catalán en la política española es muy reducida y considero que tiene mucho que decir, que podría aportar muchas cosas. Abogaría porque hubiese, incluso, más ministros catalanes y que, en el futuro, hasta elegiéramos a un presidente catalán».

    Ferrer-Dalmau afirma que así se podría llegar a una solución rápida de este conflicto. «Estoy convencido, siempre y cuando consigamos hablar más de España y sentirnos más orgullosos de ser españoles. Y me gustaría que ese sentimiento no sólo se limite a la selección y al deporte. El concepto de España debería promocionarse más en los medios de comunicación y en las comunidades autónomas», defiende.

  7. Henry Kamen: «Hay que tratar el problema catalán con bastante precaución y sabiduría»

    IGNACIO GIL

    Henry Kamen veía venir el problema desde hacía tiempo. En una entrevista con ABC hace tres años, el historiador británico aseguraba: «Después del 1714 se ofrecen otras razones para justificar el separatismo, pero no hay ningún expolio. Cataluña es una de las regiones más ricas y eso también fue “culpa” de España». Y ahora, poco antes del referéndum 1-O, añade: «Me imaginaba que esto iba a llegar. De hecho, en artículos que escribí hace ya un año barajaba la posibilidad de lo que Joan Manuel Serrat ha llamado estos días la "gran fractura social" creada en Cataluña. Es decir, la división de los catalanes».

    Tras publicar en 2014 «España y Cataluña. Historia de una pasión», en la que Kamen documentaba los sucesos del 11 de septiembre de 1714, Kamen no cree que el conflicto catalán se pueda solucionar a corto plazo. «Se trata de una situación que ha durado siglos y que continuará durante mucho tiempo más», comenta a este diario. Quizá por eso, por la profundidad histórica del problema, el autor de varios libros sobre la España imperial se muestra cauto a la hora de erigirse como salvador: «No me atrevo a dar una solución. No tengo la información necesaria ni puedo barajar las opciones posibles. Todo es demasiado complicado como para que un hombre encuentre la fórmula. Es un problema que hay que tratar con bastante precaución y sabiduría».

  8. Francisco Caja: «Hay que corregir la política suicida de concesiones que los gobiernos centrales han aplicado durante años»

    Francisco Caja, profesor de Filosofía en la Universidad de Barcelona
    Francisco Caja, profesor de Filosofía en la Universidad de Barcelona - YOLANDA CARDO

    En 2004, Francisco Caja, profesor de Filosofía en la Universidad de Barcelona (UB), hablaba con ABC de las amenazas que sufrió por parte de un grupo de encapuchados que pretendía frenar su defensa del castellano en las aulas y la sociedad catalanas. «Profeta de la catástrofe», explicaba que su lucha lo conducía a la «exclusión social» y sentenciaba que «el precio que pagas es la muerte civil». Trece años más tarde y a las puertas del 1-O, la tensión ha crecido y él sigue sin sentirse seguro: «Los no independentistas, los demócratas a fin de cuentas, vemos esto [el conflicto catalán] con espanto y sin la seguridad de que el Estado nos defienda».

    El presidente de Convivencia Cívica Catalana (CCC) –una asociación que reivindica los derechos de los catalanes no independentistas– tiene claro cuál puede ser el remedio al problema. Apuesta por la aplicación del artículo 155 de la Constitución, algo a lo que «ya se debería haber recurrido hace tiempo». Previsto para situaciones extremas en las que una comunidad desobedece a la Ley escrita sobre la Carta Magna y atenta contra el interés general de España, «afecta a los políticos, a los responsables de lo que está pasando ahora». Explica que también hay otras medidas, más drásticas, como un estado de excepción del que no se muestra partidario: «Afecta a los ciudadanos y restringe sus derechos».

    Tras «seguir la senda de la Constitución» ante lo que considera «un golpe de Estado en toda regla», el filósofo y escritor propone «corregir la política suicida de concesiones y violaciones de la Constitución que los gobiernos centrales han aplicado durante años». No exime de culpa a ningún partido: «No solo los nacionalistas lo han tolerado; también el PSOE, el PP…». Pone como ejemplo más claro la firma del pacto de Majestic, un acuerdo entre el PP y CiU: el partido de Jordi Pujol apoyó la investidura de José María Aznar como presidente del Gobierno; a cambio, los populares otorgaron más competencias a Cataluña y respaldaron a CiU en el Parlament. «Concedió el oro y el moro», declara Caja, tajante. Una política de privilegios que, explica, también había seguido su predecesor, Felipe González, y que continuó su sucesor, José Luis Rodríguez Zapatero.

    Caja tampoco ve con buenos ojos la actuación del Gobierno actual, que «llega tarde y mal»: «Se tolera que se rodee e insulte a la Guardia Civil. Los que vivimos en Cataluña lo vemos y no nos lo acabamos de creer. Pasa desde hace muchos años: no se respetan las leyes ni a los ciudadanos; quienes estamos en contra del independentismo no tenemos derechos civiles. Pero parece que ahora por fin han caído del guindo y se han dado cuenta de que esto no solo afecta a los catalanes, sino a todos los españoles. Es un grave riesgo para la estabilidad y prosperidad del país».

    Por último, como tercer ingrediente a esta receta para resolver el conflicto, propone dedicar un tiempo a la reflexión, no solo para buscar soluciones, sino para que no vuelva a repetirse: «Es necesario pensar cómo es posible que en un país europeo y democrático se haya engendrado este problema».

  9. Lorenzo Navarrete: «Sería bueno instaurar un Erasmus interior»

    Lorenzo Navarret es Decano del Colegio profesional de Sociólogos y Politólogos
    Lorenzo Navarret es Decano del Colegio profesional de Sociólogos y Politólogos

    En los últimas días, entre tantas apelaciones a la Ley, hay quien ofrece soluciones más prácticas al problema catalán. Lorenzo Navarrete, Decano del Colegio profesional de Sociólogos y Politólogos de Madrid, propone construir desde la base un futuro de convivencia basado en una mayor presencia del Estado en Cataluña. «No se trata solo de reprimir. Se trata de, con los recursos que tiene el Estado, mantener viva la presencia del Estado con instituciones, recursos, actividades... generando lo que el Estado genera en un sitio como Madrid».

    Sin saber aún cuál será la situación de Cataluña el 2 de octubre, Navarrete recuerda que la mayoría de los españoles son partidarios de un estado autonómico similar al que tenemos o incluso más centralizado. En el CIS del pasado mes de julio, solo un 25% de los encuestados se mostraron a favor de una organización territorial que diera mayor libertad a las comunidades autónomas. «La gente no quiere estar debatiendo todos los sábados y yendo a votar como si fuera un cantón suizo», asegura.

    Navarrete opina que uno de los gérmenes del independentismo está en la escasa influencia que ha tenido el Estado en Cataluña los últimos años. «No deberá ausentarse nunca más, porque luego todo es mucho más difícil», advierte. «El Estado debería retornar mientras se dialoga y se establecen contextos de paz que favorezcan a todos». Dicho de otra forma, el Decano es partidario de llevar instituciones a Cataluña para estrechar vínculos: «Tendrían que estar allí muchos colegios profesionales, centros de ciencia, de formación profesional... Y habría que hacer una campaña de Estado por la igualdad de todos los españoles en materia de derechos. No puede haber unos derechos en un sitio y unos derechos en otro, porque eso genera un retroceso que la mayoría de la gente no entiende. No hay que dejar que las élites locales jueguen con las cosas de comer. Ese problema hay que atajarlo desde la paz, la tranquilidad y el buen gobierno».

    Por último, Navarrete apuesta por trabajar desde la base, educando a las generaciones futuras en la diversidad. «Aquí no tenemos servicio militar, pero se puede tener un Erasmus interior potente de forma que, cada año y de manera permanente, haya 150.000 estudiantes en una región que no es la suya. No se trata de hacer un intercambio de un cuatrimeste o de dos semanas, sino de un curso completo. Eso es lo mejor que puede hacer un Estado», concluye.

  10. Mario Romeo: «Hay que romper el inmovilismo del independentismo y del Gobierno central»

    Mario Romeo, presidente de La Tercera Vía
    Mario Romeo, presidente de La Tercera Vía

    Mario Romeo, presidente de La Tercera Vía, una organización creada en Barcelona en 2014, apuesta por el diálogo para solucionar la crisis abierta en Cataluña: «Hay que romper la bipolarización que encontramos ahora entre el independentismo y el Gobierno central», explica a ABC. Reflexión que justifica así: «Al final, las dos posiciones son inmovilistas: en Madrid, porque no se ha hecho nada; en Cataluña, porque se pide la luna y no hay una mayoría social suficiente». Así pues, su asociación apuesta «por el pacto y el entendimiento, por una renovación del pacto constitucionalista, con los cambios que sean necesarios».

    Romeo, que sitúa el auge del independentismo en la crisis que estalló en 2008, añade que «con el crecimiento económico la situación puede mejorar, y también con un gran respeto por parte de todos de las lenguas, culturas y sentimientos de todos los españoles. Las expresiones de menosprecio son minoritarias, pero muchas veces reciben una excesiva puublicidad, y eso hace daño». Además, la puesta en marcha de una «pedagogía política» que enseñe «que Cataluña es plural y diversa, y que debe convivir en una España plural y diversa también» puede ayudar de forma decisiva a solucionar el desafío planteado por el nacionalismo secesionista.

    «El enfrentamiento, por mucho que se quiera simplificar desde el independentismo, no es solo de Cataluña con el resto de España, sino que es una fractura entre nosotros, entre los propios catalanes», señala Romeo, que también explica: «El problema de Cataluña no es de Cataluña, sino de toda España». Por ello, «todos juntos», dado que «la soberanía reside en todo el pueblo español en su conjunto», «debemos decidir cuál va a ser nuestro futuro», planteando reformas, en particular, en dos ámbitos: la organización territorial, y la financiación autonómica: «En España tiene que haber solidaridad entre todos los españoles, ya que si pedimos solidaridad entre los ciudadanos del mundo, no tiene sentido que no lo haya entre nosotros. Se tiene que mantener con un claro sentido de equidad».

  11. Giles Tremlett: «La solución pasa por un cambio consensuado de la Constitución que recoja la posibilidad de un referéndum»

    Giles Tremlett, durante una visita al Máster de Periodismo ABC-UCM
    Giles Tremlett, durante una visita al Máster de Periodismo ABC-UCM - MADRILÁNEA

    Intérprete de lo que ocurre en España para los británicos desde los Juegos Olímpicos de 1992, Giles Tremlett (1962, Lynmouth, Reino Unido) ha vivido como colaborador ('contributing editor', en inglés) en Madrid del diario «The Guardian» los referendos de Escocia, en 2014, y del Brexit, el pasado año. El «problema catalán» lo ha abordado ya en varias entrevistas, en las que ha defendido una reforma constitucional para ir hacia un modelo federalista. «La solución pasa por un cambio de la Constitución que satisfaga a todo el mundo, que recoja la posibilidad de un referéndum pactado de quienes negocian y un pacto fiscal a lo País Vasco. Así estarían satisfechos. Creo que hay que volver a mirar la Constitución y preguntarse cómo hacer las cosas para que la situación no vaya a peor», dice a ABC en entrevista telefónica.

    Tremlett, investigador por la London School of Economics y escritor de libros como «España ante sus fantasmas» y «Catalina de Aragón», ve un cierto agotamiento de la Constitución española por un lado y también a un Gobierno catalán actuando claramente fuera de la ley. «Los independentistas están consiguiendo una victoria política y propagandística porque la reacción del Gobierno central hace que dentro de Cataluña y fuera de España queden mejor los separatistas que los que están en contra», agrega. A diferencia de España, Reino Unido carece de una Constitución escrita, lo que facilitó la decisión del primer ministro David Cameron de proponerle en 2012 un referéndum a Alex Salmond, entonces ministro principal de Escocia. «La solución de Cameron de convocar un referéndum para Escocia vale en España siempre que el Partido Popular quiera. Siempre gana una tercera parte de los escaños y por tanto tiene veto», apunta. Tremlett ve difícil otro Estatut. «Ya hubo uno nuevo, pero ese Estatut lo quiso cortar el PP y de algún modo tenía razón porque topaba con la Constitución».

    Para el historiador, que en el pasado escribiá igualmente para el semanario británico «The Economist», no hay más opción que el diálogo. «En algún momento habrá que hablar, pero insisto que sin el PP no hay salida, entonces el PP tiene que pensar hasta dónde puede llegar, mientras tanto lo único que veo es que va perdiendo apoyo político a su visión de España y sobre todo de Cataluña. A la larga, esto se puede pagar caro». A su juicio, votar en un «referéndum formal y en condiciones» ganaría el no. «Era así hace cinco y diez, pero dentro de diez tengo dudas. Se están sentando las bases de un futuro no del 50% independentista sino del 66%. No se va detener».

    El Gobierno, cree Tremlett, ganará al final la batalla legal porque está en la razón, pero perderá la batalla política. «Desde fuera se ve mucho más sexy ser rebelde y querer la autodeterminación que ser antipático y decir que no».