El presidente del PP, Pablo Casado
El presidente del PP, Pablo Casado

Pablo Casado: «Hay que reforzar el Estado de Derecho para proteger la convivencia»

El presidente del PP opina que cualquier reforma de la Constitución debe contar con un consenso político y social «al menos tan amplio como el de 1978»

MadridActualizado:

-La crítica de partidos como Podemos a la Constitución ¿es solo una estrategia electoral?

La Constitución es la diana a la que apuntan siempre los independentistas que buscan romper España o los que, liderados por Podemos, tratan de devolverla a modelos propios de ideologías caducas. En el siglo XX, el totalitarismo fue el gran enemigo de la democracia. En esta segunda década del siglo XXI el populismo y el nacionalismo, son los nuevos rivales de las sociedades abiertas. La forma de afrontar este desafío es con la misma determinación que tuvieron los héroes de la libertad: no a través del apaciguamiento sino con determinación y coraje.

-El debate político se está polarizando, ¿oportunismo o radicalización?

La Constitución fue un punto de encuentro entre la izquierda, el centro y la derecha. Una Constitución que, como afirmó Adolfo Suárez, no iba a resolver todos los problemas, pero sí iba a permitir que cada español se convirtiera en protagonista de la historia. La democracia es una forma política para encauzar los debates y las diferencias que existen en el seno de la sociedad, en ningún caso eliminarlas. El pluralismo es positivo, lo que es una radicalización de la vida pública es el afán de populistas y nacionalistas por romper el respeto a la ley y la igualdad entre españoles.

-En la Transición todos sin excepción modificaron sus posiciones de partida. ¿No debe ser la capacidad de diálogo una cualidad mínima exigible a los políticos?

A Gabriel Cisneros le gustaba recordar que el consenso constitucional consistió en que todos defendieron incluso lo que no les gustaba de la Constitución. Uno de los grandes logros de la Carta Magna es que se llegó a un acuerdo sin que nadie tuviera que renunciar a ninguna de sus ideas o creencias esenciales. Se pactaron los cimientos de la convivencia para que cada opción política pudiera presentar su proyecto para el conjunto del país. Todo eso lo sabemos muy bien en el PP donde al final acabaron vinculados cuatro de los siete ponentes de la Constitución.

-Cada vez hay más voces que piden una reforma de la Constitución

La Constitución no es el problema, es la solución. Por eso me parece irresponsable plantear la reforma sin un modelo claro de mejora y sin un consenso político y social, al menos tan amplio como el de 1978.

-¿Tienen el PP y el PSOE de hoy alergia al pacto?

Los partidos constitucionalistas hemos demostrado que sabemos llegar a acuerdos de Estado. El año pasado, por ejemplo, con la aplicación del artículo 155, cuando se produjo una amenaza a la propia existencia de la nación española. La columna vertebral de la estabilidad política en España se ha consolidado cuando los dos grandes partidos hemos estado de acuerdo en el diagnóstico de los desafíos a afrontar.

-Pero la confrontación entre izquierda y derecha ha crecido en los últimos años

Lo que consigue el Pacto de 1978 es que dentro de la Constitución todo se pueda dialogar, sin que nadie tenga que renunciar a sus principios y valores esenciales. A pesar de que han sido años de polarización, los acuerdos han existido, como el Pacto contra la violencia de género o en 2011 cuando el Gobierno socialista propuso una reforma de la Constitución. Las fuerzas políticas centradas sabemos llegar a acuerdos, el problema es cuando lo que se propone es apaciguar y satisfacer a populistas y nacionalistas. Desde la radicalidad es imposible que se fragüe ningún consenso.

-Los políticos han perdido la confianza de muchos ciudadanos, ¿es recuperable?

La crisis económica mal gestionada y agudizada por los errores de la izquierda, los casos de corrupción y los cambios sociales han perjudicado el prestigio de la política, pero estoy convencido de que conseguiremos recuperarlo. La historia de la humanidad la protagonizan los políticos y es necesario contar con los mejores y aplicar los principios y valores que más han hecho avanzar al mundo. Si estamos a la altura de lo que la sociedad exige de nosotros, los políticos recuperaremos esa estima.

-Suárez es el político más querido, ¿qué ven en él los ciudadanos que no ven en ustedes?

El presidente Suárez es el símbolo de toda una generación de políticos que fue capaz de dar lo mejor de sí por el interés general de España y que, en sus propias palabras, no dudaba en escoger el camino más difícil frente al cómodo. Fácil no lo tuvo en ningún momento. Por eso, la nueva generación de políticos debemos continuar la historia sin revisionismos sectarios y orgullosos de una etapa de la que aun somos deudores

-Usted creció con la Constitución ¿Qué medidas hay que tomar para que los jóvenes la sientan suya?

El objetivo de los constituyentes fue cristalizar un proyecto sugestivo de vida en común. El éxito fue indiscutible porque más del 90% de los españoles lo respaldaron con su voto. Nunca antes en la historia de nuestro constitucionalismo había sucedido algo así. Fue verdaderamente una Constitución de todos y para todos. Un texto que hoy sigue siendo perfectamente actual. Es necesario que las nuevas generaciones conozcan bien el espíritu de ese tiempo y lo que significó. No debemos tener complejos en hacer un relato épico de lo que supuso. Creo que así se podrá recuperar la confianza en la política y en el resto de instituciones de las que los jóvenes se han distanciado.

-¿Qué retos afronta la política española a futuro?

Los principales son las crisis de la democracia representativa ante el ataque de los populismos y nacionalismos y el fenómeno de la desintermediación que impulsa la cuarta revolución industrial. Vivimos en tiempos de cambio y los políticos debemos, no sólo adaptarnos, sino liderar las transformaciones.

-¿Tendremos otros 40 años de convivencia?

La Constitución goza de buena salud, lo que sí necesita es que el Gobierno este comprometido en su defensa ante los ataques. Los partidos constitucionalistas tenemos que reforzar el Estado para evitar que las debilidades de un Gobierno que tanto debe a Podemos, a los secesionistas catalanes y a Bildu pongan en peligro los fundamentos de nuestra convivencia democrática. En cualquier caso, soy profundamente optimista porque la impronta de la concordia de la Transición sigue muy viva en la mayoría de españoles.