Chispas

Rajoy pide a los suyos paciencia

Los dirigentes regionales del partido que han hablado con el presidente estos días le ven inasequible al desaliento

Curri Valenzuela
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Ronda, Logroño, Burgos y Alicante. Mariano Rajoy ha visitado estas cuatro ciudades la semana que hoy termina. Anda de precampaña electoral, buscando votos para las elecciones autonómicas y municipales del próximo año. Pero sobre todo empleándose a fondo para levantar la moral de su tropa, esos militantes y cargos medios del PP de provincias desmoralizados por las encuestas y los casos de corrupción a los que predica con el ejemplo cuando les pide paciencia para aguantar hasta que lleguen tiempos mejores.

En Ronda estuvo en la primera parte del puente en visita privada; en Logroño presenció un simulacro de lucha antiyihadista de la Guardia Civil; en Burgos anunció la llegada del AVE este año; en Alicante celebró que su partido ha recuperado la alcaldía y fue protagonista de un mitin. Nada que exigiera la presencia del presidente de Gobierno a un año de la cita con las urnas. Todo para reunirse con los responsables locales y regionales del PP y, sin hablarles directamente de los problemas que a todos les preocupan, actuar ante ellos con la naturalidad de alguien que permanece inalterable ante lo que muchos consideran peligro de cataclismo anunciado. Pero él, no.

Si no fuera porque la realidad se interpone en sus propósitos, es posible que consiguiera calmarles. De poco le valió dedicar la mañana del 2 de mayo a visitar la catedral de Burgos mientras sus dos manos derechas, Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal protagonizaban en la fiesta de la Comunidad de Madrid esa fotografía de piernas cruzadas y gestos corporales de distanciamiento absoluto que al fin han hecho comprender a todo el mundo que la guerra entre las dos mujeres más poderosas del PP no es algo que estábamos imaginando los periodistas, sino el símbolo de una profunda división dentro del Gobierno. «Letal», reconoce uno de los pocos ministros que no milita ni en uno de sus bloques ni en el otro.

Inasequible al desaliento le encuentran, sin embargo, los dirigentes regionales del partido que han hablado con el presidente estos días, que recalcan la serenidad con la que enfoca el mal momento que atraviesa el PP. A Rajoy le escuchan recordar que tres meses antes de las elecciones generales del 2015 las encuestas pronosticaban la victoria de Podemos y vaticinar que la espectacular subida de Ciudadanos se desinflará como una burbuja antes de las próximas. Después de lo de Cifuentes, a la espera de la sentencia de Gürtel, con el miedo en el cuerpo a más escándalos, pocos comparten su tranquilidad.

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