Louzán (presidente de la Diputación de Pontevedra) y Rajoy, en la presentación de la biografía de Enrique Rajoy Leloup, abuelo del presidente del PP / M. MUÑIZ
Louzán (presidente de la Diputación de Pontevedra) y Rajoy, en la presentación de la biografía de Enrique Rajoy Leloup, abuelo del presidente del PP / M. MUÑIZ

Rajoy asiste a la distinción de su abuelo como Hijo Adoptivo de Pontevedra

ÉRIKA MONTAÑÉS | MADRID
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Fallecido en 1966, se propuso su distinción cuatro décadas después

Por su parte, a Rajoy Leloup, nacido en Santiago de Compostela en 1882 y muerto a los 84 años en 1966, dicen algunos que nunca se le llegó a reconocer bastante su vital aportación a la redacción del primer Estatuto gallego. Este proceso estatutario comenzó en 1931 y fue aprobado en 1932 en referéndum por casi un millón de votos a favor (frente a unos parcos 6.000 en contra) por la ciudadanía gallega. Aprobado casi como un plebiscito el 28 de junio de 1936, se remató el proceso con la elevación del texto a las Cortes en julio, pero nunca llegó a entrar en vigor puesto que dos días después de su presentación al presidente de la República, Manuel Azaña, se produjo el «levantamiento» militar del día 18 y se desencadenó la Guerra Civil Española.Remontándonos a sus orígenes, la raíz pontevedresa le viene de su padre, Mariano Rajoy, natural de la población de Forcarey. Estudió Derecho en la Universidad compostelana (USC) y fue decano del Colegio de Abogados de Santiago. Acomodó su bufete en la céntrica Plaza del Toural de Santiago, en el número 7, y allí residió hasta su muerte. Tuvo cuatro hijos, Pilar, Mercedes, Enrique -fallecido- y Mariano, el padre del actual presidente de los populares. Su carrera política como edil santiagués zarpó en 1931 y ese mismo año se puso manos a la obra para la elaboración del Estatuto.

«Mi abuelo era un gran autonomista»

El homenajeado se distinguió siempre por tener una clara vocación galleguista. Con una reforma estatutaria truncada en la actualidad por los desencuentros entre los tres partidos de la Cámara autonómica -PSOE, PP y BNG-, muchos son los intentos de extrapolar la defensa autonomista del abuelo de Rajoy a las reticencias que hoy tiene el PP para invocar ciertas parcelas «galleguizadas». Pero Enrique Rajoy Leloup nunca habló de Galicia como nación. Según su propio nieto, «Rajoy Leloup era un centrista de la época, un liberal, un reformista muy en conexión con lo que representaban Canalejas, Montero Ríos, García Prieto, Portela Valladares. Un independiente contumaz. No militó en el Partido Liberal, pero sí en los sindicatos católicos vinculados al movimiento agrario y reformista que estaban en la órbita de los liberales. Fue un moderado, un demócrata, creía en el consenso. Pero, por encima de todo, Rajoy era un gran enamorado de Galicia, un gran autonomista». La intervención de su descendiente ante la Diputación de Pontevedra en 2006 se completó así: «Creo que si mi abuelo viese la Galicia de hoy estaría orgulloso de nuestra autonomía y pensaría, seguro, que todo lo que hizo tenía sentido y valía la pena».

Para entenderlo ideológica y personalmente, basten unas palabras que un día mencionó enfurruñado al respecto del Estatuto de Galicia invitando a su reflexión: «El debate no es entre derechas e izquierdas, sino entre gallegos y antigallegos», señaló.