Pujol, anteayer en Madrid, donde presentó el segundo volumen de sus memorias / EFE
Pujol, anteayer en Madrid, donde presentó el segundo volumen de sus memorias / EFE

Pujol agradece a Alavedra y Prenafeta los «servicios a la causa de Cataluña»

ÀLEX GUBERN | BARCELONA
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«Puede que se les haya ido la mano, pero si algo han hecho lo ha sido por Cataluña». Entre amplias capas del nacionalismo más conservador -la frase se recoge en uno de los muchos «blogs» que funcionan en esta órbita-, la operación Pretoria contra la corrupción urbanística en Cataluña es un ataque a «uno de los nuestros», una ingerencia española.

La imagen de Lluís Prenafeta y Macià Alavedra recogiendo esposados sus pertenencias metidas en una bolsa de basura ante la Audiencia Nacional ha encendido la mecha del victimismo más desvergonzado; ni las evidencias recogidas por Garzón ni el largo historial de encontronazos con la Justicia de ambos bastan para convencer a quienes no separan el negocio de la patria, a quienes hasta justifican el delito si es en nombre de Cataluña.

Algo así le sucede al ex presidente Jordi Pujol. Aunque con menos virulencia que algunos columnistas, pero sí más implicación personal, Puiol asiste «con sorpresa y tristeza» a la defenestración de quienes fueron sus máximos hombres de confianza. «Son amigos míos. Lo han sido durante muchos años y siguen siéndolo, y yo sigo sintiéndome amigo de ellos», explicó ayer el ex presidente a TVE en Madrid, donde acudió para presentar el segundo volumen de sus memorias.

Se asiste en CDC a una prueba dolorosa: la del hundimiento de dos personajes hasta ahora intocables, cabezas visibles de lo que se conoció como «sector negocios», malévola definición que ahora incluso parece responder a una categoría delictiva. Jordi Pujol, como el resto de CDC, sigue sin poder cortar amarras con esos personajes, con aquella época. Ayer insistía en «agradecer los servicios» prestados a él como presidente y a «la causa de Cataluña»; «reafirmo mi amistad y mi agradecimiento por la labor hecha».

Sí, un arduo trabajo, un largo historial de servicios prestados que a menudo les hizo recorrer el lado más oscuro de la política. Lo explicaron con detalle los periodistas Félix Martínez y Jordi Oliveres (colaborador de ABC en Cataluña) en su libro «Jordi Pujol. En nombre de Cataluña» (Debate). «Cuando no logró (Pujol) que las elites catalanas se comprometieran con su proyecto recurrió, a través de sus reflejos oscuros (Prenafeta y Alavedra) a personajes que más tarde se instalarían en el imaginario colectivo en calidad de rostros del hampa barcelonesa, como Javier de la Rosa, Lluís Pascual Estevill o Juan Piqué Vidal. Fue laxo a la hora de perseguir la corrupción política, que llegó a instalarse en círculos muy próximos a su persona...».

Toda esa herencia es la que ahora se recoge en una bolsa de basura frente a la Audiencia Nacional, un legado que CDC y figuras como Jordi Pujol tratan de acomodar al presente que marca Pretoria.

Dimite un ex alto cargo

En paralelo, van conociéndose más detalles del caso. Ayer se supo de la dimisión de Genís Carbó (CiU), ex jefe de Planificación Territorial del departamento de Política Territorial de la Generalitat entre 1996 y 2004 y ahora en el Ayuntamiento de Valls. Según Garzón, recibió una comisión de 244.011 euros por una operación en Llavaneres que Carbó justificó ayer como honorarios de arquitecto.