Puigdemont, en Dinamarca, en un acto en su Parlamento junto con líderes independentistas de Escocia y Nueva Caledonia - EFE

Puigdemont prepara otro golpe interno en el PDECat de cara a las municipales

El expresident busca diluir lo que queda de la marca convergente en la Crida, una criatura bajo su control, pero el partido se rebela y los alcaldes recelan

BarcelonaActualizado:

Tras haber perdido su pulso con Esquerra –el primero que los convergentes pierden con los republicanos tras la recuperación de la democracia– y de haber quedado los independentistas en minoría en el Parlament, Carles Puigdemont intenta ahora dar un golpe en el PDECat para que se diluya en la Crida, la nueva plataforma independentista y transversal que está tratando de crear y controlar, y en las últimas semanas ha intentado reclutar a varios alcaldables de la vieja Convergència para que se rebelen contra lo que queda de ella y se conviertan en sus «soldados».

Puigdemont ha convocado a diferentes alcaldes y alcaldables del PDECat a Waterloo para convencerles de que le sigan en su nueva aventura política. Pero el PDECat es todavía el partido con más poder territorial de Cataluña y en los pueblos y pequeñas y medianas ciudades su marca electoral continúa teniendo prestigio y pegada. Los alcaldes se sienten mayoritariamente cómodos en su tradicional estructura y recelan del invento que se les propone desde Bruselas por hallarlo incierto y rocambolesco.

El PDECat, que al principio prefería no desmarcarse en público de Puigdemont, es cada vez más explícito en la defensa de su espacio propio y de su identidad como partido. El viernes, su presidente, David Bonvehí, advirtió de que no iban a disolverse en la Crida.

Cada vez más solo

Esquerra expresó hace meses su negativa a pactar cualquier tipo de plataforma o candidatura unitaria con Puigdemont e igualmente ninguna asociación o entidad independentista ha querido formar parte de la Crida. Un Puigdemont cada vez más solo y aislado vio el 30 de enero cómo Roger Torrent se negó a investirle a distancia y cómo la semana pasada el mismo presidente del Parlament le dejaba sin voz ni voto, siguiendo las órdenes del juez Pablo Llarena.

En el desesperado golpe de autoridad que trata de dar en el corazón del PDECat ha acabado hallando más soledad de la que pretendía remediar: la Crida tenía que presentarse el 1 de octubre, aprovechando el empuje del primer aniversario del referendo ilegal del año pasado, pero la presentación se ha aplazado hasta el próximo día 27 por falta de algo consistente que presentar. Está por ver si finalmente el día 27 hay algún tipo de presentación o se aplaza indefinidamente.

Mengua desde hace meses el poder intangible que Puigdemont creía tener como «mártir» de la causa independentista; y últimamente, de poco o de nada le ha servido explotar el victimismo del «exilio». Hace meses intentó reclutar, también para la Crida, a algunos alcaldes de Esquerra, recibiendo sonoros portazos por respuesta.

El más aparatoso fue el del alcalde de Montblanc, Pep Andreu. Igualmente ha recibido calabazas de todos aquellos a los que ha tentado para ser alcaldes de Barcelona: el doctor Bonaventura Clotet, su abogado Jaume Alonso Cuevillas, los periodistas Pilar Rahola y Antoni Bassas, y el preso Quim Forn, aunque parece que este último, después de haberle asegurado al juez Llarena que dejaba la política, está reconsiderando su negativa, en una demostración más (por si faltaba alguna) del escaso valor de su palabra y de que el magistrado hace bien teniendo la precaución de mantenerle las medidas cautelares.

Sembrar el caos

Puigdemont busca sembrar el caos y bloquear las instituciones para mantener su influencia desde Waterloo. Éste es el motivo por el que en principio no está demasiado interesado en Ferran Mascarell, el único candidato al ayuntamiento de Barcelona que tiene experiencia como concejal y que conoce la ciudad suficientemente para poder ser un buen alcalde. Y éste es, también, el único sentido que tiene la presidencia de Quim Torra, cada vez más debilitada por su incapacidad política y porque Esquerra sabe que la única manera que tiene de alcanzar el poder es gobernando bien y por ello busca mayorías alternativas con Comunes y PSC que le permitan demostrar capacidad de gestión.

Entre Esquerra que parece haber superado su complejo de inferioridad y que ya no sucumbe por definición a los chantajes convergentes, los alcaldes del PDECat que quieren mantenerse en el poder, y la vieja Convergència que no quiere entregar capital político, Puigdemont empieza a vislumbrar el principio del fin de su huida a ninguna parte.