PSOE: El puño y la rosa

El monumento al fundador de PSOE, apenas se destaca del paisaje, en un parque menor de Madrid. La...

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El monumento al fundador de PSOE, apenas se destaca del paisaje, en un parque menor de Madrid. La piedra ni siquiera es la original. Lo que queda del busto histórico, parcialmente destrozado tras la Guerra Civil, permanece en Ferraz. La viva imagen de lo que es hoy el partido. Aunque no puede decirse que las guerras cainitas sean nuevas en el PSOE. Se remotan al 36, entonces un excesivo y extremista Largo Caballero y los diputados socialistas evitaron que su compañero Indalecio Prieto, más moderado, pudiera formar gobierno. En Suresnes en el 74, un joven abogado laboralista sevillano,  fue el que terminaría acabando con el PSOE de los exiliados. Pero quizás uno de los momentos más delicados se vivió en el 79. El órdago le salió bien a Felipe González. El poder trajo consigo una sonada lucha entre Felipistas y Guerristas. Eso y el caso Juan Guerra acabaron con la dimisión del vicepresidente, en la que muchos vieron, una destitución encubierta.  Pero el espejo en el que puede mirarse Sánchez sin duda es el de Borrell.  Irregularidades de dos excolaboradores suyos publicadas por EL PAÍS remataron su carrera. Los dos elegidos en primarias, los dos expulsados bajo el peso del partido. Ante los socialistas, el abismo. EL PSOE como el busto, arrinconado. Paradojas de la vida, por otro partido y otro fundador pero con el mismo nombre.