Pablo Iglesias en su programa en HispanTV
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La red de propaganda rusa se apoya en Podemos en España

Moscú financia, directa o indirectamente, un enorme complejo de medios que operan en español y cuyo buque insignia son RT (antes Russia Today) y Sputnik

WashingtonActualizado:

La denuncia anunciada esta semana por el futbolista del Albacete Román Zozulia contra el líder de Podemos por injurias no obedece a un desliz provocado por un error puntual. Que Pablo Iglesias, en la actualidad principal socio parlamentario del Gobierno español, llamara al jugador ucraniano «neonazi» y «racista» forma parte de una estrategia diseñada y ejecutada por el brazo propagandístico del Gobierno de Rusia, cuya finalidad última es influir sobre la opinión pública y la política exterior de España para debilitar desde dentro instituciones como la Unión Europea y dañar el lazo trasatlántico.

Iglesias y Podemos, necesarios para la moción de censura de Pedro Sánchez y determinantes en la política exterior socialista, no están solos en esa labor. Son parte de ella diputados, europarlamentarios, partidos políticos y un entramado de medios públicos y privados alineados con la gran maquinaria de injerencia rusa.

El agente del jugador, Volodimir Kuzmenko, anunció el martes la denuncia en respuesta a unas declaraciones de Iglesias el 11 de marzo durante una entrevista con el diario Marca en la que, preguntado por Zozulia, dijo: « Hablamos de un neonazi y hablamos de racismo, que hace muchísimo daño en los campos de fútbol». El futbolista esperó a que pasaran las elecciones, según dice, «por muestra de respeto al sistema democrático de España». El ataque de Iglesias, sin embargo, no le viene a Zozulia de nuevas. De hecho el principal socio de coalición de Podemos llevó en 2017 la voz cantante en una campaña para frustrar el fichaje del futbolista por el Rayo Vallecano, algo que provocó una profunda indignación en Ucrania y sobre lo que llegó a quejarse el presidente de ese país, Petro Poroshenko.

Zozulia no es un nazi, sino un joven de 29 años de un país que desde 2014 padece la agresión bélica de Rusia, que se ha anexionado la península de Crimea y tiene abierta una guerra en las provincias orientales del Donbás. Hace cinco años, un misil ruso derribó, según han probado varias investigaciones, un avión de pasajeros en territorio ucraniano con 298 personas a bordo. El jugador ha prestado el servicio militar, ha expresado en muchas ocasiones su apoyo al ejército de su país y ha donado fondos a grupos de ayuda a las fuerzas armadas nacionales y a los huérfanos de los caídos en combate. Siempre ha negado tener simpatía a grupos extremistas o xenófobos.

La narrativa del Kremlin

¿Por qué políticos de primera fila como Garzón o Iglesias se toman la molestia de convertir a un jugador de la Segunda División en diana de ataques políticos? Según Alina Mosendz, investigadora del mayor portal contra la desinformación, StopFake, la razón es «seguir la narrativa de la propaganda del Kremlin de que Ucrania es un país donde hay muchos nazis, algo que no es cierto. El caso Zozulia surgió desde España pero luego fue apoyado con múltiples falacias por los medios rusos para promover la idea que los ucranianos que apoyan al ejército son todos nazis. Siendo fichado por clubes españoles, un jugador es un representante del país, por eso la desinformación sobre Ucrania puede llegar a aquellos que no tienen mucho interés por los temas políticos o asuntos del exterior».

La desinformación, recogida desde 2017 como amenaza en la estrategia de Seguridad Nacional de España, se extiende así desde oscuros medios de comunicación propagandísticos a la primera fila política. El argumentario de que Zozulia es un nazi lo obtuvieron el dúo que forman Iglesias y Garzón de un nutrido grupo de pequeños medios opacos en su financiación, muchas veces impulsados por donaciones puntuales o anónimas, alineados con la visión anti-imperialista y anti-occidental de Moscú.

Según Jakub Kalensky, una de las mayores autoridades en Europa sobre desinformación rusa e investigador del Atlantic Council, «los representantes de Podemos han difundido los argumentarios del Kremlin, por ejemplo sobre la guerra en Ucrania, blanqueando el papel de Rusia en ella y culpando absurdamente a Occidente por la invasión de Rusia. Cuando la importancia de tales partidos crece, el beneficio para el Kremlin es bastante obvio: las mentiras que se originaron en Moscú son repetidas por portavoces locales, por lo que reciben más legitimidad y una mayor difusión».

El complejo mediático ruso

Moscú financia, directa o indirectamente, un enorme complejo de medios que operan en español y cuyo buque insignia son RT (antes Russia Today) y Sputnik. Los regímenes que subsisten gracias al apoyo del Kremlin también subvencionan sus propios medios propagandísticos: Hispán TV en Irán; Telesur y Venezolana de TV en Venezuela; Prensa Latina y Cuba Debate en Cuba. En España, pequeños diarios de propiedad privada -como Publico, El Salto, Diagonal (ya cerrado), Rebelión o Kaosenlared- siguen con diligencia los argumentarios de ese gran entramado de desinformación.

No sólo lo hacen en el «caso Zozulia» y Ucrania. Los medios rusos han negado en contra de todas las pruebas existentes que el régimen de Siria empleó varias veces armas químicas contra su propia población civil; han publicado decenas de teorías alternativas y contradictorias entre sí sobre el envenenamiento del espía ruso exiliado en Reino Unido Sergéi Skripal y se han esforzado desde enero en denigrar a los opositores venezolanos comandados por Juan Guaidó para reforzar al régimen de Nicolás Maduro. En todos esos conflictos tiene Rusia un papel protagonista.

«Desde muchos de esos medios se comparten contenidos y analistas y se utilizan las mismas citas, con la estrategia de acabar generando un estado de opinión en la sociedad», explica Nicolás de Pedro, investigador senior en el «think tank» The Institute for Statecraft. «A veces se dan cosas ridículas, como que Podemos no hable de la guerra en Siria, manteniendo un silencio absoluto sobre la crisis y las víctimas, hasta que Donald Trump decidió atacar al régimen por el uso de armas químicas en 2018. Cuando EE.UU. atacó, Podemos sí pasó a hablar de Siria, para rescatar el “no a la guerra”», añade.

No es una coincidencia que Iglesias presentara entre 2013 y 2015 su programa Fort Apache en Hispán TV, la televisión del régimen iraní. Según reveló ABC en 2016, Irán pagó 700.000 euros anuales al entramado de comunicación de Podemos. Otro fundador de Podemos, Juan Carlos Monedero, cobró en 2013 un total de 425.150 euros de los Gobiernos de Bolivia, Nicaragua, Venezuela y Ecuador en compensación por lo que, según él, fueron trabajos de asesoría sobre una moneda común inexistente en América Latina. Buena parte de los fondos que cada año recibe Podemos proceden de donaciones privadas efectuadas a través de internet. En 2017, último ejercicio del que hay datos, el partido recibió cuatro millones de euros en donaciones, según la propia formación.

Los « caballos de Troya del Kremlin», como ha denominado a estos políticos de Podemos e Izquierda Unida un notable ensayo del Atlantic Council, no sólo operan en España, sino también en Bruselas. El eurodiputado Javier Couso, que se escindió de Izquierda Unida en 2017, ha sido, voluntariamente, uno de los mayores altavoces de la desinformación rusa en el Europarlamento. Ha sido recibido por los jerarcas en Damasco y Caracas y acaba de publicar un ensayo sobre lo que describe como «la obsesión antirusa en España» y en el que afirma que criticar al Kremlin es una práctica franquista. Couso perdió la reelección en las elecciones europeas de hace una semana.