ETA, ¿problema francés?

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J. P. Q.

PARÍS. Sin duda, en Aquitania, el País vasco-francés, el departamento de los Pirineos Atlánticos, el problema se conoce con bastante precisión, gracias a la prensa local. En el resto de Francia, comenzando por París, la opinión pública lleva veintitantos años informada de manera muy sucinta, parcial, por razones que son modestamente empresariales y de la más alta política de Estado.

Desde hace años, hay pocos corresponsales franceses en España. Y la información española ocupa un puesto relativamente marginal en la información que recibe la opinión pública gala: las grandes cadenas de radio y televisión sólo tratan de asuntos españoles en contadas ocasiones trimestrales. Y con mucho «color».

En ese marco, los sucesivos gobiernos de Giscard, Mitterrand, Chirac y Sarkozy han utilizado el «problema terrorista vasco» como arma diplomática a geometría variable, todavía muy mal historiada. Y sus ministros del Interior, de la más distinta sensibilidad, han tenido todos algo muy profundo en común: silenciar y ocultar a la opinión pública el trágico alcance de las matanzas etarras.

En París, es tradicional que los ministerios del Interior callen el alcance y pormenores de sus redadas policiales contra ETA. Sobre todo a los periodistas españoles. Filtrando a la prensa francesa muy parciales e interesadas versiones. Es tradicional que los periodistas madrileños y bilbaínos reciban, en Madrid, mejor información que la sucinta y tardía ofrecida por el ministerio francés del Interior, en París.

Sin duda, desde el último Mitterrand y el primer Chirac, París ha ofrecido a España una cooperación política que todos los especialistas consideran ejemplar, pactada en el más hondo secreto, con hondísimas complicidades, cuyo ejemplo canónico sigue siendo la creación y desaparición del GAL.

En España, la lucha contra el terrorismo etarra ha pasado por la solidaridad social: la sociedad española, en pie, manifestando su repulsa. En Francia, el Estado ha preferido aislarse de su propia sociedad civil: hasta ayer, el terrorismo etarra era un «problema español». Repentinamente, el asesinato de un gendarme francés descubre a la sociedad francesa que las alimañas criminales también rondan por los suburbios galos.

Los sindicatos policiales han reaccionado denunciando riesgos y amenazas de nuevo cuño, convencidos de que, efectivamente, ETA ha terminado convirtiéndose en un problema criminal francés.