Rodríguez Zapatero, en Moncloa / AFP
Rodríguez Zapatero, en Moncloa / AFP

Presidencia europea: el bálsamo de Zapatero

El jefe del Ejecutivo confía en que seis meses de pasarela mundial le permitan recuperar algo de prestigio en el exterior y la confianza de los españoles, que cae en picado por la falta de reacción ante la crisis económica

POR GABRIEL SANZ / LUIS AYLLÓN
Actualizado:

«Tenemos que volver a encantar a los nuestros». Así resume un alto cargo socialista para ABC qué esperan el Gobierno y el PSOE de los seis próximos meses, en los que España ejercerá la Presidencia rotatoria de la UE. «Nos llega en el momento clave de la legislatura, cuando la crisis parece tocar fondo y esto (las encuestas) se puede remontar... de nosotros depende», añade, con un gesto de no tenerlas todas consigo.

Pasarela mundial

Y es que tanto en Moncloa como en Ferraz se ha instalado la especie de que seis meses de pasarela mundial pueden ser un bálsamo que cure la profunda brecha demoscópica que ahora mismo separa al PP del PSOE y que va, de los 2,7 puntos de los últimos sondeos internos socialistas a los más de 5 puntos que ve Pedro Arrriola, el «gurú» sociológico de Mariano Rajoy, destripando el último «barómetro» del CIS, de octubre.

Por supuesto, José Luis Rodríguez Zapatero se apunta a la teoría de que «quedan muchos vaivenes porque no estamos en época preelectoral» y una parte muy significativa de los españoles no está movilizada. Lo volvió a repetir en una conversación informal con periodistas hace varias semanas, durante un vuelo entre Jeddah (Arabia Saudí) y Atenas. Al presidente del Gobierno le sorprendió lo mal que fueron recibidos en los medios de comunicación, por desconocidos, el belga Herman Van Rompuy como presidente del Consejo Europeo y la británica Catherine Ashton, como Mrs PESC.

Si los Veintisiete hubieran elegido a alguna «vieja gloria» (sic), dijo a los periodistas, entre las que se encontraban no sólo Tony Blair, también los españoles Felipe González o José María Aznar, «ya estarías diciendo que la UE no tiene recambio, que siempre tira de los mismos...». Zapatero reveló que lo que le hizo apostar por Ashton, a la que no conocía, fueron tres o cuatro opiniones. «En particular, la de Joaquín Almunia, que ya sabeis cómo es: no regala ningún adjetivo y me habló muy bien de ella».

Por otra parte, el Gobierno confía en poder aprovechar esos seis meses de escaparate europeo para recuperar algo del prestigio internacional perdido en los últimos años, en parte por sus arriessgadas apuestas en política exterior.

Nuevo entramado institucional

Sin duda, una de las principales tareas que tendrá por delante la presidencia española será la de poner en marcha el nuevo entramado institucional previsto en el Tratado de Lisboa, que acaba de entrar en vigor.

El encaje de competencias y tareas entre los distintos órganos de la UE no va a ser fácil, especialmente por lo que se refiere al papel del presidente permanente del Consejo y al que tiene que desempeñar el presidente de turno. No es una mera cuestión de protocolo, porque, si bien es cierto que, en principio, quien debe representar a la UE en las relaciones exteriores será Van Rompuy, junto con Lady Ashton y Durao Barroso, como presidente de la Comisión, resulta muy difícil pensar que Zapatero —como haría cualquier otro presidente rotatorio— vaya a desaparecer de algunas de las reuniones que tendrán lugar en suelo español.

Por ejemplo, será extraño que acepte un papel secundario en la cumbre que se celebrará en torno al 24 de mayo en Madrid con Estados Unidos, en que estará Barack Obama. O que se quede fuera de las negociaciones en la cumbre con Marruecos, prevista para principios de marzo en Granada, sobre todo después del enfriamiento en las relaciones que ha supuesto el caso de la activista saharaui Aminetu Haidar. la cumbre, en cualquier caso, será la primera que mantenga la UE con el país magrebí y uno de sus objetivos consitirá en dar contenido al Estatuto Avanzado ofrecido por los Veintisiete a Rabat.

Política internacional

Posiblemente, en los asuntos relacionados con la política internacional es donde se plantearán más nítidamente esos problemas de ajuste institucional, que también sufrirán lo líderes de otros países a a la hora de saber qué teléfono tienen que descolgar para hablar con la Unión Europea.

En ese marco de las relaciones exteriores, Zapatero volvió a mediados de noviembre de su segunda gira por Oriente Próximo con una clara idea sobre lo difícil, por no decir imposible, que va a resultar lograr no ya la paz sino el desbloqueo de las negociaciones entre israelíes y palestinos. Si en octubre, durante su gira por Siria, Israel, Ramala, Jordania y Líbano, habló de que se iba a «mojar», en su reciente visita a El Cairo dejó testimonio de que lo ve muy complicado. Ya no hubo expresiones contundentes como que va a «mojarse» por la paz y compromisos para «acelerar» la creación del Estado Palestino. Cree que la renuncia de Mahmud Abbas a presentarse a la reelección en la ANP o la negativa de los países árabes a sentarse con el ministros hebreo de Exteriores, el ultraconservador Avigdor Lieberman, no pueden considerarse «retrocesos graves» y por eso quiere mantener abierta la «expectativa» de que la iniciativa de Obama prospere durante la Presidencia española.

Unión por el Mediterráneo

Además, si la cuestión de Oriente Próximo no termina de desbloquearse, otro asunto en el que el Gobierno español quería lucirse —la Unión por el Mediterráneo— puede verse también empantanado. como ha sucedido en los últimos meses. La cumbre de los páises mediterráneos está prevista en principio para los primeros dáis del mes de junio, en Barcelona, pero el nuevo proceso euromediterráneo lanzado el año pasado en París se está encontrando con el mismo obstáculo que el que se abrió en Barcelona en 1995: el enfrentamiento entre árabes e israelíes.

En el calendario, además de los habituales consejos europeos de primavera (marzo) y de final de presidencia (junio), que tienen lugar en Bruselas, figura uno extraordinario en el mes de feberero, en Sevilla, para que Felipe González presente el informe del Comité de Sabiós que ha estado reflexionando sobre el futuro de Europa.

Consenso con PP, CiU y PNV

Por lo que respecta al programa de la presidencia española, en el Gobierno hay satisfacción por el consenso alcanzado con el PP, al que se han sumado, tras la introducción de algunas enmiendas, tanto CiU como PNV. En la proposición no de ley presentada por los cuatro grupos, se fijan las prioridades de la presidencia. Los socialistas consiguieron la aceptación de sus ejes de innovación e igualdad, pero a la vez admitieron las concreciones pedida por los grupos de la oposición. De esta forma, teniendo en cuenta el grave problema del desemplo que marcará el semestre español, los cuatro grupos defienden la necesidad de que el país asuma el «impulso político» para que la UE «recupere la estabilidad financiera, el crecimiento económico y la creación de empleo». Por ello, piden a Zapatero que aborde estos asuntos en los consejos europeos y que luche por «la recuperación económica y el impulso de un modelo de crecimiento sostenible para la creación de empleo de calidad».

Un nuevo modelo energético

Asimismo, el Gobierno tiene el compromiso de abogar por un nuevo modelo energético europeo y por abrir un debate sobre la reforma del sistema de recursos propios y de gasto, que se plasmará en la Perspectivas Financieras 2014/2020.

Al margen de la cuestiones económicas, el Ejecutivo tiene intención, después de la experiencia del atunero «Alakrana», de proponer el refuerzo de la presencia de la misión Atalanta,en el Índico para dar protección a los pesqueros ante los asaltos de los piratas.

Atendiendo a las demandas de los partidos, el Gobierno deberá favorecer el desarrollo de las política comunitaria para las regiones ultraperiféricas, aunque no se ha comprometido a promover un estatus similar para las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, debido a la negativa del PSOE a incluirlo en el pacto por temor a molestar a Marruecos.

También quedó al margen del acuerdo, por decisión conjunta, la espinosa cuestión de Cuba. El PP mantiene así las manos libres para criticar la intención del ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, de superar la actual posición común europea impuesta al régimen castrista por un acuerdo bilateral negociado entre Bruselas y La Habana.

Aunque nadie ha desautorizado a Moratinos a nivel oficial, su empeño no causa gran entusiasmo en algunos sectores de La Moncloa, donde creen que puede dificultar la consecución de acuerdos con algunos de los socios europeos en otros objetivos en los que España tiene más interés.

Lo cierto es que el proceso para lograr establecer un nuevo marco de relación con Cuba no va a ser un camino de rosas, porque algunos países, como Suecia o la República Checa son reacios a hacer concesiones si no ven avances palpables en materia de derechos humanos.

En Iberoamérica, además, la presidencia española de la Unión Europea va a tener una gran tarea que hacer, intentando sacar adelante los distintos acuerdos de asociación con los grupos regionales, y confía en que los países iberoamericanos se den cuenta de que el semestre representa una gran oportunidad para avanzar en la consecución de sus objetivos, dada la especial sensibilidad de España hacia el subcontinente.

El Gobierno de Zapatero aspira a que, pese a los problemas derivados de la situación en Honduras, se pueda aprobar durante su presidencia el acuerdo con Centroamérica, que el más avanzado. De igual modo, confía en que se reactiven las negociaciones con Mercosur, tras el frenazo sufrido en la Ronda de Doha, y que se pueda avanzar en las conversaciones que se han abierto con la Comunidad Andina.