Casado, ayer, junto a José María Aznar, Ana Botella, Alberto Núñez Feijóo y Ana Pastor
Casado, ayer, junto a José María Aznar, Ana Botella, Alberto Núñez Feijóo y Ana Pastor - Naya Balanya

El PP exige en la Convención una mayor presencia del Estado en la educación

Los populares exhiben unidad y marcan una única línea roja: la violencia de género

Madrid Actualizado: Guardar
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El Partido Popular lució ayer en su Convención Nacional músculo ideológico y reivindicó sus valores de siempre sin complejos y con una unidad férrea que contrasta con la de otros partidos. Ni una sola voz desentonó este sábado y todos los populares marcaron el ritmo de forma coral: el PP es la única formación del centroderecha que puede «aglutinar a todas las sensibilidades», o esa idea se repetía en todos y cada uno de los corrillos conformados a lo largo del día.

El pabellón número 1 de IFEMA se convirtió en el escenario sobre el que recordar al electorado conservador y liberal de España qué es el PP y cuáles son las políticas que defiende. Desde el liberalismo económico hasta la transformación energética, pasando por la educación o la lucha contra la violencia de género, y sin olvidar a las víctimas del terrorismo, ayer se vivió una jornada maratoniana convertida en un intercambio de ideas que se reflejarán, en gran medida, en los programas electorales el próximo mes de mayo.

Prominencia del castellano en la educación

Inger Enkvist, catedrática de la universidad sueca de Lund y especialista en educación, hizo bandera de la enseñanza del castellano durante toda la educación, incluido el Bachillerato, y apuntó además que el control del Estado en esta materia debe ser reforzado. La experta en educación apostó por establecer dos reválidas de la lengua común en todo el país, una en la E.S.O.y otra en Bachillerato, para garantizar que en toda España se aprende el idioma al mismo nivel. Además, advirtió de que los alumnos deben aprender perfectamente el castellano antes de hacer «una inmersión» en el inglés, y reivindicó el derecho de los padres a decidir en qué lengua estudian sus hijos, aunque deba hacerse «un refuerzo» del español.

También apostó sin matices por el mantenimiento de la educación concertada y pidió, al respecto, que el debate se centre en la calidad educativa y no en las formas de financiación, algo que para ella debe quedar en un segundo plano. En cuanto a la asignatura de Religión, pidió que sea obligatoria aunque se enseñe «como la Historia y la Literatura». «El cristianismo, que es la base de Europa, es algo que nos une», apuntó. Fuentes del PP hicieron suyas «todas» las propuestas de Enkvist.

Defensa de las mujeres ante el «negacionismo»

La exdelegada del Gobierno en violencia de género Blanca Hernández, en clara alusión a Vox, pidió acabar con posiciones «negacionistas» y llamó a aunar a hombres y mujeres en un problema que es de toda la sociedad. Ignacio Cosidó, portavoz popular en el Senado, adelantó que su partido trabajará para endurecer la prisión permanente revisable para aumentar los supuestos sobre los que aplicar esta medida y a modificar la ley del menor para proteger a los menores, a la par que se persigue a aquellos que cometen delitos graves y que gozan de ventajas penales aun tras cumplir los 18.

Dignidad para las víctimas del terrorismo

El PP se mostró sólido y alejado de ser «la derechita cobarde» a la que se refirió Santiago Abascal. Marimar Blanco, diputada y presidenta de la Fundación Víctimas del Terrorismo, fue especialmente dura con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, a quien acusó de «hablar con los terroristas para preguntarles en qué cárcel quieren estar». Ayer, que se cumplían 24 años del asesinato del popular Gregorio Ordóñez a manos de ETA, el PP rechazó el fin de la dispersión y abogó por que los terroristas colaboren en la resolución de los más de 300 crímenes sin resolver perpetrados por la banda, se arrepientan y pidan perdón.

Compromiso con el medio ambiente

Miguel Arias Cañete, comisario europeo de energía y acción contra el cambio climático, veló por una transición energética «socialmente justa y ambiciosa», frente a «grandes negacionistas» como el presidente de EE.UU., Donald Trump». El cambio climático, dijo, «no es de derechas ni de izquierdas».