Postales verdes en el reino de la nieve

Dice Verena Staudinger, nacida en Innsbruck, guía de habla hispana, que un día como hoy de hace un año el termómetro marcaba menos cinco o menos diez grados durante las horas de luz, y que el valle

J. F. ALONSO (INNSBRUCK, AUSTRIA)
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Dice Verena Staudinger, nacida en Innsbruck, guía de habla hispana, que un día como hoy de hace un año el termómetro marcaba menos cinco o menos diez grados durante las horas de luz, y que el valle estaba cubierto por una manta blanca. «Eso era lo normal», sonríe. Lo «anormal» es el paisaje que nos muestra desde la estación de Seegrube / Nordpark, a 1.905 metros. Es media tarde, la temperatura ronda los siete grados sobre cero y las manchas de nieve sólo salpican las zonas más altas de los Alpes, los glaciares, las pistas en las que ayudan los cañones. Innsbruck, la capital del Tirol, y los pueblos cercanos lucen un verde impecable. «Otros años ha nevado poco -añade-, pero no recuerdo tanto "calor" en esta época».

Uno de cada cuatro habitantes de la región vive del turismo. Esperan como una bendición las nevadas que devuelvan el paisaje al estado natural de las cosas. Febrero es el gran mes del esquí, confían. Aunque cuando lleguen las tormentas quizá les persiga la inquietud que desprenden las tertulias en la calle, las estadísticas de los científicos. Un informe de la OCDE que se publicará íntegramente en febrero asegura que 1994, 2000, 2002 y 2003 han sido los años más cálidos en los Alpes en los últimos cinco siglos, y que un aumento de la temperatura media en uno, dos o cuatro grados podría reducir las 666 grandes o medianas áreas esquiables a 500, 400 y 200, respectivamente. Algo de eso piensa Verena mientras mira el horizonte. «Mediados de enero en los Alpes, quién lo diría».