Una mujer arrestada en una operación contra el yihadismo en Melilla en 2014
Una mujer arrestada en una operación contra el yihadismo en Melilla en 2014 - EFE

Porno y doctrina coránica en los móviles de los yihadistas

Los sospechosos buscan lo prohibido, que despierta la culpa y lleva al ansia de martirio, según el análisis de sus teléfonos

MadridActualizado:

Entre el 75 y el 80 por ciento de los contenidos de los ordenadores y móviles intervenidos a los sospechosos por actividades yihadistas en España es material doctrinal coránico o de exaltación de la lucha. Textos, vídeos y audios donde se engrandece un Islam anacrónico y rigorista que se inflama en guerras contra las depravaciones occidentales que alejan a los fieles del camino de Alá.

Lo que ha demostrado el análisis de esos mismos dispositivos es que entre el resto de los archivos, los mismos devotos del califato atesoran aquello por lo que abominan del infiel hasta jurarle muerte en nombre de Dios: abunda lo prohibido, lo «harâm», que ofende a su creador. La pornografía, muy presente aun cuando se trata de los terroristas más radicalizados; el «sexting» –intercambio de mensajes sexuales–, la música pagana que sumerge al hombre en placeres físicos, la idolatría del fútbol..., cuando no los contactos de servicios de prostitución, condenada por la ideología musulmana como una transgresión a la ley divina, al igual que cualquier otra satisfacción sexual fuera del matrimonio como la fornicación o el adulterio, llamados «zinâ». Al final, del consumo de tanto intoxicante ilícito surge el sentimiento de culpa y con él la necesidad de redención, por qué no, mediante la sangre y el martirio.

La no coherencia

La exploración más exhaustiva de esos aparatos digitales ha sido desarrollada por la Comisaría General de Información (CGI) de la Policía Nacional, una estructura secreta que tiene entre sus funciones la captación y uso operativo de toda la información posible en materia antiterrorista con fines de seguridad nacional, y cuya eficacia se evidencia al subrayar que entre 2017 y 2018 sus agentes estuvieron involucrados en la detención de 97 de los 147 presuntos yihadistas capturados en esos dos años en 49 operaciones dentro y fuera de España.

A efectos de sus investigaciones, los archivos «personales» que revelan la intimidad de los soldados islamistas no tienen valor probatorio, si bien al menos en un caso han servido para sentenciar a un individuo de 47 años arrestado en Sagunto en enero del año pasado, pero no por la supuesta captación de un combatiente que fue enviado a Siria que motivó su arresto, sino por pederastia. En su ordenador se halló abundante pornografía infantil.

«Tenemos una visión distorsionada sobre la naturaleza de este tipo de individuos», explica Manuel R. Torres, profesor titular de Ciencia Política de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, quien subraya que «tendemos a identificar la radicalización con una coherencia con los preceptos religiosos del Islam, pero los yihadistas son tan contradictorios entre sus creencias y sus vidas como el resto de la sociedad... como quien fuma y es consciente de que es malo para la salud».

Añade el experto que, de hecho, lo que entendemos como «radicalización yihadista no es un proceso de redescubrimiento que lleve aparejada una transformación con Dios en el centro, sino que en occidente se produce sin esa transición en el aspecto religioso. Más bien se sienten atraídos por una normativa que les da un papel en el mundo de los buenos, con el discurso del enfrentamiento y la muerte en el centro». «Muchos, que se definen como muyahidines, los más piadosos, lo hacen sin que eso implique que van a ir a la mezquita o dejar determinados hábitos como las drogas».

Los informes de la CIA relativos a las propiedades de Osama Bin Laden encontradas en el refugio de Abbottabad (Pakistán), donde fue abatido en 2011, siempre hablaron de la existencia de vídeos pornográficos, aunque la Agencia nunca desclasificó detalles.

En el caso de los capturados en España, la Policía es algo más explícita. «Hay de todo tipo: pornografía heterosexual, homosexual y con animales» apuntan agentes de la CGI bajo condición de estricto anonimato. Como se avanzó al principio, aparece en los móviles y ordenadores incluso de aquellos en quienes se detecta un mayor grado de fundamentalismo.

Prostitución

En menor proporción, aunque para nada es un hallazgo «aislado», en las agendas examinadas figuran teléfonos de prostitución, aunque se sabe que «a veces fueron grabados para chatear por whatsapp, no para usar el servicio». En todo caso, estos contactos son un potente conductor hasta los yihadistas. En marzo del año pasado, la simulación de perfiles de prostitutas permitió a las autoridades colombianas llegar en Bogotá hasta un individuo al que la Policía española había descubierto en redes de grupos yihadistas, y cuya presunta intención era reventar un restaurante frecuentado por funcionarios de la Embajada norteamericana. En sus canales había una docena de números de trabajadoras sexuales, incluidos transexuales.

Pero si algo ha llamado la atención ha sido el descubrimiento de ejemplos de «sexting» compartido entre mujeres y de ellas con hombres en el frente sirio, particularmente en el marco de la operación Kibera contra una red que captaba a jóvenes como esclavas sexuales y que en 2014 se tradujo en el arresto en España de cuatro mujeres, una menor de edad, y un hombre. «En las conversaciones entre ellas, las mayores enseñaban a la chicas cómo complacer a los combatientes o prácticas sexuales que no conllevan pérdida de la virginidad –explican los agentes– y, a la vez, ellas les mandaban fotos con el niqab y luego primeros planos desnudas». Añaden la constatación de que «muchas» de estas reclutadas han viajado a Siria «casadas virtualmente vía skype con un muyahidin, ya que de lo contrario su papel va a ser como ejercer la prostitución».

En el Islam, los intercambios a distancia deben obedecer a las mismas reglas que los que se producen en presencia física, de modo que no solo el «zinâ» está prohibido, sino también cualquier complicidad que conduzca al deseo carnal. «Para algunos ulemas, estos contactos virtuales y el propio "porno" –palabra que no existía en tiempos del profeta y por tanto no aparece en el Corán–, es "bid´a" (innovación), que lleva al extravío», explica Sergio García, especialista en Derecho islámico.

«Lo peor de todo son las "bid´as" y toda "bid´a" significa perdición» son palabras de Mahoma narradas por su esposa Aisha. "Bid´a" son también el tabaco o las drogas. Sobre lo primero, no es extraño hallar fotos de yihadistas fumando en fiestas, lo que según la Policía obedece principalmente a la "taqiyya", el recurso al disimulo que les permite pasar desapercibidos en la sociedad. En cuanto a las drogas, en los dispositivos se han encontrado imágenes de alijos, de lanchas utilizadas para su transporte, del dinero que ganan, «como la mafia», señalan los agentes, que añaden que también hay alguno de estos yihadistas traficantes que se exhibe en su perfil en las redes con pistolas «para ostentar».

Estadios previos

Precisan las fuentes policiales que el consumo de estupefacientes no se ve en las fases de mayor radicalización, cuando lo desaprueban, sino en los estadios previos. De los poco más de 200 individuos que salieron de España para ir al territorio califal, «el porcentaje que ha tenido una vida fuera del Islam con delitos es muy alto».

Ejemplo de un yihadista que dejó las drogas es Ayoub el Khazzani, el fanático bloqueado por dos marines cuando en agosto de 2015 irrumpió con un fusil y 300 balas en un tren que hacía el trayecto Amsterdam-París. Para la CGI, era un viejo conocido; había vivido en Algeciras. «Cuando dejó de consumir, los padres decían que había cambiado a mejor porque entonces andaba con libros, yendo a la mezquita». Un oratorio, por cierto, sostenido por un conocido grupo de narcos. Mientras acudía allí con ropas salafistas, su teléfono ha demostrado que era furibundo seguidor en Facebook del Real Madrid y de Sergio Ramos, e incluso seguía jugando en el equipo local al fútbol, que el ala más dura considera un divertimento provisorio que impide al hombre realizar el objetivo de la creación, como la música.