La Policía detiene a Al Kassar, acusado por EE.UU. de querer vender misiles a las FARC

DOLORES MARTÍNEZMADRID. Como su vida, la detención de Monzer Al Kassar, de 61 años, es una historia de espionaje, venganzas, trampas y asuntos tenebrosos. El sirio, uno de los principales traficantes

DOLORES MARTÍNEZ. MADRID.
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Como su vida, la detención de Monzer Al Kassar, de 61 años, es una historia de espionaje, venganzas, trampas y asuntos tenebrosos. El sirio, uno de los principales traficantes de armas del mundo, fue arrestado el jueves en el aeropuerto de Barajas por la Policía, que cumplía una orden de busca y captura de la Justicia estadounidense, que le acusa de todo un muestrario de delitos, entre los que destacan dos conspiraciones: una, para adquirir y usar misiles tierra-aire con destino a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), y otra, para matar oficiales y empleados de los EE.UU.

Su detención, como si se tratara de un terremoto, alcanzó hasta Rumania, donde fueron detenidos el chileno Luis Felipe Moreno Godoy y el palestino Tareq Mousa AlGhazi, acusados también de vinculaciones con organizaciones terroristas y venta de armas.

Al Kassar, absuelto en 1995 por la Audiencia Nacional del delito de piratería al buque «Achille Lauro», fue arrestado en la T-4. Llegaba de Málaga, aunque procedía de Marbella, donde reside desde hace muchos años. En el aeropuerto le abordaron agentes del Grupo de Localización de Fugitivos de la Comisaría General de Policía Judicial, que han trabajado junto a miembros de la DEA. Los policías españoles llevaban en sus manos una orden del juez Juan del Olmo en respuesta a la petición de detención emitida por la justicia de EE.UU., que reclama al sirio por 17 cargos.

Una venganza de la DEA

Pero el pasado jueves no fue la primera vez que salió a relucir el nombre de la DEA. Meses antes, Al Kassar había tenido citas con dos ellos, aunque en aquellas entrevistas dijeron ser miembros del grupo terrorista colombiano FARC. Con esta suplantación, comenzaba la última historia de espionaje, y también de venganza, en la que se ha visto involucrado el sirio antes de entrar en la cárcel como paso previo a su extradición a Estados Unidos.

La venganza tiene su origen en 1991, cuando el servicio antidroga juró perseguirle, pues le vinculaba con la muerte de un colaborador de esta agencia en Líbano. Ya en enero 1995, la DEA aportó uno de los soportes acusatorios para el juicio por el secuestro del «Achille Lauro». Entregó al fiscal unos documentos que vinculaban al sirio con Abou Abbas, jefe del Frente de Liberación de Palestina, grupo que en 1985 perpetró el asalto al crucero, acción en que la murió el ciudadano estounidenses de origen judío León Klinghoffer.

El interés de la DEA sobre Al Kassar era máximo y de ahí la «trampa», que al margen de las autoridades españolas, le tendió muchos meses antes de su detención en Barajas. Previa a la captura, el sirio estuvo en contacto con los dos individuos que le dijeron ser miembros de las FARC y que estaban interesados por la compra de armas en Rumanía. Durante las reuniones, Al Kassar les mostró hasta una fotografía del barco que se iba a utilizar para transportar las armas, así como las características de los misiles (los infalibles SAM, de fabricación rusa).

Al Kassar no se fiaba

No obstante, el sirio sospechó de tal encargo, por lo que para ganarse su confianza, los «ganchos» le ingresaron 400.000 dólares como pago previo. El dinero procedía de cuentas ocultas de la DEA, aunque Al Kassar pensó que su origen era la venta de droga por parte de laa FARC, grupo al que decían pertenecer sus «ganchos». Además, el sirio aceptó vender a esta organización terrorista toneladas de explosivo C4, detonadores de explosivos improvisados y cursillos de adiestramiento por parte de personas procedentes de Líbano.

El interés de los dos agentes de la DEA camuflados era que Al Kassar se trasladara con ellos a Rumanía, donde, según las fuentes consultadas, sería más fácil su detención y traslado a EE.UU. Ante la negativa a hacer ese viaje, la Justicia estadounidenses, en una actuación paralela a la de los agentes de la DEA, no tuvo más remedio que reclamar la captura a España. Era el camino más corto, una vez frustrado el plan de la agencia antidroga de desarrollar la operación en Rumanía.

Un «simple» comerciante

Ayer, Al Kassar compareció ante el juez Del Olmo durante dos horas, en una declaración en la que se le comunicó que EE.UU. le reclama por 17 cargos, aunque esta solicitud se sustenta en un delito de tráfico de armas a Colombia. Como era de esperar, el sirio negó tal acusación y dijo que se trata de un negocio legal de armamento realizado con Guatemala. No obstante, la Justicia de estadounidense afirma que entre febrero de 2006 y mayo de 2007, Al Kassar, junto con otros individuos, acordó la venta de armas por valor de millones de dólares a los narcoterroristas de las FARC. En el arsenal que pensaba vender había ametralladoras, lanzagranadas y misiles tierra-aire.

Con la detención, la DEA consigue, por fin, su objetivo de poder encarcelar en EE.UU. a Monzer Al Kassar, que ya estaba a punto de conseguir la nacionalidad española.