Las pifias de la Memoria

Las pifias de la Memoria

D. P. | MADRID
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La polémica del escudo de Cáceres, una fiel réplica del de los Reyes Católicos retirada de su monolito en honor a Colón por «franquista», es la última de una larguísima lista de desatinos y pifias realizadas en nombre y aplicación de la Ley de Memoria Histórica aprobada en 2007. Prevé esta norma, entre otras cuestiones, que el estado «ayudará a la localización, identificación y eventual exhumación de las víctimas de la represión franquista cuyos cadáveres se encuentran aún desaparecidos, a menudo enterrados en fosas comunes». E, igualmente, la ley establece que «los escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación personal o colectiva del levantamiento militar, de la Guerra Civil y de la represión de la dictadura deberán ser retiradas de los edificios y espacios públicos...». A cuenta de estas disposiciones se han acometido actuaciones que no pocas veces han rozado el ridículo.

Así se inició una cruzada para abrir, en contra de la opinión de la familia, la supuesta fosa común en la que se encontraban los restos de Federico García Lorca para recuperarlos. Se completó con orden judicial incluida de Garzón y dispendio de medios y presupuestos oficiales. Dineral para descubrir que la fosa estaba vacía. Euros de subvenciones públicas que, por cierto, no tuvieron los del otro bando, para exhumar los restos de unos 35 cadáveres asesinados en la Guerra Civil y arrojados al Pozo Camuñas.

Siguiendo con dislates y meteduras de patas, el Ministerio de Defensa se va a gastar más de un millón de euros para renovar las vidrieras de las cinco academias militares que conservan el símbolo águila de San Juan. Auténticas obras de arte que van a ser liquidadas pese a que la ley recoge que «la retirada no será de aplicación cuando concurran razones artísticas, arquitectónicas, o artístico-religiosas».

Cambios de fechas

En el ámbito militar fue sonada la metedura de pata del diputado comunista (ICV) Joan Herrera que pidió al Gobierno que cambiara el nombre de la Base Alfonso XIII porque suponía «una exaltación franquista». Ignoraba, al parecer, que el abuelo de Don Juan Carlos reinó antes del inicio de la Guerra Civil.

También se salvó en su día -tras varios intentos que empezaron a mediados de los ochenta- la calle del pobre teniente Ruiz en Alcalá de Henares. Debía sonar a muy franquista pese a que el hombre fuera, junto a los capitanes Daoiz y Velarde, uno de los héroes del 2 de mayo. Peor suerte corrió la avenida sevillana del General Merry, militar de la Guerra de Cuba. Se quedó sin su merecida calle que pasó a denominarse de Pilar Bardem.