PERDEDORES

JESÚS LILLO
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Durante el verano la cosa publicitaria está bastante sosa y apagada; en la tele sólo retumban las tecno-rumbas cerveceras y apenas sale gente conocida. Ramón García y Miguel de la Quadra Salcedo han cubierto, casi en solitario, la cuota de famosos este año, pero el comienzo del curso ha devuelto la normalidad al medio y ya circula por ahí, entre programa y programa, un nutrido grupo de estrellas de alquiler: Matías Prats con sus depósitos bancarios, Ana Rosa y su revista de dos euros, Maribel Verdú bebiendo agua, José Coronado con sus yogures de última generación y, la más valiente de todos, Concha Velasco con un parche para neutralizar «pérdidas» -disfunción que el anunciante no acaba de explicar en detalle para que la pieza quede lo más elegante posible-, socorrido instrumento higiénico y revolucionaria herramienta para, llegado el caso, el estudio del ADN.

A Concha Velasco le han colocado, tampoco aquí vamos a decir dónde, uno de los productos más incómodos del mercado publicitario. Sólo Pelé había llegado tan lejos, pero dejando claro que la cosa no iba con él, que a sus años está hecho un toro negro y bravo. Concha Velasco, en cambio, calla, otorga e interpreta con resignación el papel que le ha tocado en el reparto. Su actuación merece el aplauso que los amantes del cine reservan a los perdedores.