Pedro Sanz exige a Zapatero y Durao Barroso que Europa no discrimine el idioma español

M. TRILLO
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Pedro Sanz asumió ayer el papel de presidente de la Comunidad donde vio la luz el español y se dirigió por carta a los máximos representantes del Gobierno central, la Comisión Europea y los Grupos parlamentarios Popular y Socialista para exigir que se restituya «el prestigio del español» y se evite su discriminación por parte del Ejecutivo de Bruselas.

En las misivas remitidas el pasado martes, Pedro Sanz asegura que las prácticas idiomáticas adoptadas por la Comisión Europea en los servicios de interpretación de las conferencias de prensa y en la documentación oficial «suponen una clara postergación del español, lo que a los riojanos, estrechamente vinculados al nacimiento, conservación y divulgación de este idioma, nos produce un sentimiento de inquietud».

Para el Gobierno riojano, la defensa y promoción del español es una prioridad en su política. Consciente del valor simbólico del Monasterio de San Millán de la Cogolla, donde aparecieron las primeras palabras en romance de lo que hoy conocemos como español, el Ejecutivo que preside Pedro Sanz lleva años impulsando un ambicioso proyecto para convertir a este centro en un referente mundial de la difusión y la investigación del español. Junto a la Fundación San Millán, dedicada a la promoción del español, este año se pondrá en marcha el Centro Internacional de Investigación de la Lengua Española (CIILE), que reunirá una importante labor científica en torno al Monasterio riojano.

«Trato igualitario»

Por todos estos motivos, el jefe del Gobierno riojano ruega al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que haga cuanto esté en su mano «para que se restituya el prestigio del español». Asimismo, solicita a los presidentes de los grupos Popular, Hans Poettering, y Socialista, Martín Schulz, que realicen las gestiones oportunas y al propio presidente de la Comisión, el portugués José Manuel Durao Barroso, que adopte las medidas necesarias para «propiciar un trato igualitario del español con el resto de los idiomas comunitarios, cumpliendo así lo que recoge el propio Tratado por el que se establece una Constitución para Europa».