Alberto Garzón, en la tribuna del Congreso - EFE | Vídeo: El PSOE se reafirma en su idea de cerrar la puerta a un gobierno de coalición (ATLAS)

«Pedimos a Garzón que mediara porque no nos cogían el teléfono»

Gobierno y Podemos ofrecen una versión de las negociaciones en la que cada uno se sitúa como víctima de la ambición y la intransigencia del otro

Madrid Actualizado: Guardar
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Los votantes de izquierdas que esta semana se acercaron a la política esperando encontrar una estampa parecida al famoso cuadro «El abrazo», de Juan Genovés, acabaron contemplando una escena más parecida al «Duelo a garrotazos» de Francisco de Goya. Las casi 76 horas que transcurrieron desde que comenzó el debate de investidura del candidato socialista, Pedro Sánchez, el lunes a las doce de la mañana y la presidenta del Congreso dictó el resultado de la última votación casi a las cuatro de la tarde del jueves, encierran un rosario de traiciones entre PSOE y Podemos que terminaron por romper en dos al bloque de la izquierda. Los únicos líderes que se declaraban socios preferentes son hoy enemigos acérrimos. Estas son las cuchilladas que abortaron el nacimiento del primer gobierno español de coalición desde la República.

Sánchez ignora a Iglesias

El candidato socialista asestó el primer golpe a Iglesias durante su discurso ante el pleno, al implorar tanto o más a la derecha como a su socio preferente. Durante una alocución de casi dos horas, nombró únicamente a Podemos al final y tan solo para agradecerle su «interlocución» desde las elecciones. De manera genérica defendió que «las dos tradiciones» de la izquierda deben entenderse para «culminar un acuerdo» que permita «después (...) sacar adelante todo aquello en lo que coincidimos». Ni rastro de gobierno de coalición. Ni rastro de oferta. Sánchez sí apela, en cambio, a la bancada conservadora. «No les pido que apoyen este proyecto, lo que les pido es que retiren las barreras, lo que les pido es que permitan que España tenga un gobierno, lo que les pido, lo que les exijo es que España avance». Conscientemente o no, humillaba a Iglesias.

Secretos desvelados

El discurso de Sánchez dejó ver su deseo de un gobierno monocolor. Bien con el «sí» de Podemos, bien con la abstención del PP o Cs. Iglesias devuelve el golpe y sube a la tribuna de oradores para lanzar una dura réplica a Sánchez, a la que éste responde con hostilidad. El líder de Podemos opta entonces por desvelar detalles secretos de la negociación. «Dijeron que jamás compartirían con nosotros los ministerios de Estado. Es más, cuando dijimos que nos gustaría un modelo como el valenciano (...) y que pudiera haber gente nuestra en los equipos de todos los ministerios, usted me dijo personalmente: "Ni hablar, en ningún ministerio que encabece alguien del PSOE habrá ninguna persona de Podemos", con lo cual ustedes asumían para sí Interior, Defensa, Exteriores y Economía. Y cuando les planteamos que para desarrollar el programa querríamos alguna competencia de Hacienda, dijeron: "Ni hablar, ninguna competencia de Hacienda". Bueno, para desarrollar el programa que pactemos querríamos alguna competencia de Trabajo. Dijeron: "Ni hablar, ni una competencia de Trabajo". Para desarrollar el programa que podemos pactar querríamos alguna competencia de Igualdad: "Ni hablar, ni una competencia de Igualdad". Cuando les planteamos que para desarrollar el programa que podemos pactar querríamos alguna competencia de Transición Ecológica, dijeron: "Ni hablar". Y cuando les planteamos que para desarrollar el programa que podemos pactar querríamos alguna competencia de Ciencia, dijeron: "Ni hablar"». El movimiento sentó a traición en el Gobierno y Sánchez, molesto, renunció a contestarle.

Guerra de relatos

Al día siguiente continúa el debate. Pero Iglesias no tiene ya turno de intervención. Sánchez sí, y se sacude los reproches que le lanzan ERC, PNV, Compromís justificando la falta de acuerdo en las fuertes diferencias que le separan de Podemos y que impiden concederle la cuota de poder que plantea. Podemos, al no poder defenderse, inicia corrillos con los periodistas para trasladar la idea de que la oferta del Gobierno está vacía de competencias y es meramente decorativa. La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, se ve obligada a salir a defender la propuesta del Ejecutivo: una vicepresidencia social y los ministerios de Vivienda y Juventud.

Ruptura unilateral

Un día antes de la votación definitiva, Calvo y Echenique se reúnen en una sala discreta del Congreso durante cerca de dos horas. Levantan la sesión y, según el Gobierno, quedan en que Podemos debe decidir si acepta o no la última oferta. La formación morada, en cambio, entiende que se trata de un receso para seguir negociando por la tarde, después de poner a los líderes al corriente de lo hablado y testar su «humor». No se vuelven a reunir. «Echenique tenía que consultarlo todo con Iglesias, era muy difícil avanzar. Y luego Iglesias cambiaba constantemente las líneas rojas de la negociación. Desde que renunció a ser ministro empezó a torpedear. No sabíamos si creía erróneamente que podía pedir lo que quisiera o es que quería que no saliera el pacto porque ya no le incluía. El caso es que cambiaba constantemente las líneas rojas de la negociación», comentan fuentes próximas a las negociadoras socialistas. La versión de Podemos es completamente distinta. «Pedro nunca le dijo a Pablo que no pudiera ser ministro, fue la excusa que le dijo a Ferreras. Pablo siempre es la excusa», subrayan.

Sin comunicación

La formación morada se entera por la prensa de que el PSOE da por levantada la mesa de negociación. La sensación de traición está ahora en la formación morada. «Nunca quisieron un acuerdo con nosotros, lo que buscaban era una ruptura con bronca para poder echarle la culpa a Podemos». El Gobierno no recibe noticias de Echenique, y Calvo decide llamar a la portavoz adjunta de Podemos, Ione Belarra. Pero ésta no le coge el teléfono ni le devuelve la llamada durante tres horas. Según Podemos, porque la interlocución debía ser con Echenique. «Decidimos entonces pedir la mediación de Garzón porque no nos cogían el teléfono», explica el Gobierno. El coordinador de IU logra sumar a la oferta socialista el ministerio de Igualdad. Iglesias tiene al alcance de la mano los ministerios de Sanidad y Vivienda. También la vicepresidencia social. Pero sigue sin parecerle suficiente. Sánchez le llama para advertirle de que es su última palabra. El líder morado la rechaza.

Manipulaciones

Cuando la negociación ha saltado por los aires, se encarniza la lucha por el relato. Los socialistas filtran a la prensa el documento con las peticiones de Podemos. Iglesias denunciará al día siguiente que Moncloa lo modificó para cambiar la palabra «propuestas» por «exigencias». La Moncloa buscaba hacer claudicar a Iglesias, pero si no lo conseguía no le importaba. Su mirada estaba puesta en una abstención del PP o Cs, que le permitiera gobernar con pactos a ambas bandas. «Pedro quería un pacto pero no quedar en manos de Iglesias. Y no le importaba si le decía no. Pablo no lo vio venir. Pensó que estaba jugando a las siete y media y empezó a pedir una carta tras otra. Cuando se quiso dar cuenta se había pasado», resume un portavoz nacionalista.

Llamadas por detrás

El PSOE da la investidura por fallida y empieza a preparar el terreno. Antes de que comience el debate, el secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, llama a varios portavoces del ámbito de la izquierda para exponerles la situación desde la óptica socialista. Es consciente de que la crítica de partidos afines penaliza mucho más que la de PP y Cs. Con este ánimo, llama al portavoz de ERC, Gabriel Rufián, y al de Compromís, Joan Baldoví, confiando en que suavicen sus ataques a Sánchez cargando las culpas a Iglesias. A la vista de los discursos consiguió su objetivo. Rufián atacó a los dos líderes por igual y Baldoví fue más suave con Sánchez.

El último golpe

A menos de media hora para la votación, Iglesias lanza una última propuesta contra todo pronóstico, e incluye una gran pulla a Sánchez al asegurar que una elevada personalidad del PSOE se la ha recomendado. «Alguien muy relevante de su partido, una persona con mucha autoridad moral en el PSOE me ha dicho: (...) pídele que os ceda las competencias en políticas activas de empleo. Pues estoy haciendo la recomendación: renunciamos al Ministerio de Trabajo si ustedes nos ceden las competencias para dirigir las políticas activas de empleo», ofrece. El Gobierno argumenta que es puro teatro. En los círculos parlamentarios se apuesta a que fue José Luis Rodríguez Zapatero o solo una invención. El debate termina con los cañonazos de la portavoz socialista, Adriana Lastra, a Iglesias. «Usted quiere conducir un coche sin saber siquiera dónde está el volante», fue uno de sus disparos. La izquierda española quedaba rota a manos de los dos líderes que se conjuraron para hacerla renacer.