Intervención del Presidente del Gobierno, Pedro Sanchez, ayer en el Parlamento Europeo
Intervención del Presidente del Gobierno, Pedro Sanchez, ayer en el Parlamento Europeo - EP

El Parlamento Europeo cuestiona la política de Sánchez en Cataluña

El presidente del Gobierno recibe apoyo a su discurso europeísta, pero también críticas por el conflicto soberanista

Enviado especial a EstrasburgoActualizado:

No tenía Pedro Sánchez ninguna intención de que la cuestión catalana impregnase su visita e intervención en el Parlamento Europeo. Pero la realidad le sorprendió en forma de cartel amarillo. En torno a una veintena de diputados recibieron al presidente del Gobierno con imágenes en sus escaños de los presos y fugados del independentismo catalán.

No hizo Sánchez ninguna referencia a Cataluña en una intervención inicial en la que reivindicó la idea de perfeccionar las estructuras europeas y el proyecto comunitario frente a los movimientos euroescépticos. El presidente del Gobierno vertebra su discurso sobre la idea de que «hay que proteger a Europa» para que así «Europa proteja a sus ciudadanos». En este punto apeló a la necesidad de «reforzar la estructura del euro antes de la próxima crisis». También abogó por la creación de un seguro de desempleo común o la creación de un verdadero ejército europeo.

Con referencias veladas a la aparición de Vox en Andalucía, Sánchez plasmó un diagnóstico muy pesimista respecto a lo que, considera, los «autoritarismos» pueden llegar a provocar: «Nos enfrentamos a quienes esgrimen un mensaje ya conocido en este continente. Un mensaje que sembró de cenizas esta tierra hace décadas. También entonces, a muchos les parecieron inofensiva su retórica y sus gestos. La paz, la democracia y la libertad nunca pueden darse por sentadas», dijo Sánchez.

Y en un mensaje que repetiría de diferentes formas durante la jornada, y que tenía como receptores a PP y Ciudadanos, Sánchez pidió que «ningún europeísta se deje arrastrar por estas fuerzas». En varias ocasiones en el pleno y también en rueda de prensa advirtió contra la influencia que pueden suponer: «La pujanza de estas fuerzas no solo amenaza nuestro proyecto de integración. También condiciona de manera sutil la agenda de actores en principio contrarios a ellas».

Aunque recibió un aplauso mayoritario a ese discurso inicial, netamente europeísta, en los turnos de preguntas abiertos a los europarlamentarios la situación en Cataluña protagonizó buena parte de las intervenciones. Y fue ahí donde el discurso de Sánchez se demostró en tierra de nadie, con el único apoyo de su grupo. El primero que se lo afeó fue el líder del PP Europeo, Manfred Weber, que reprochó a Sánchez su incoherencia de alertar frente a los extremismos cuando «su Gobierno no podría existir sin la extrema izquierda y los proseparatistas».

El portavoz del PP, Esteban González Pons, fue en similar dirección y dijo echar en falta una defensa explícita de la unidad de España. Fueron varios los diputados populares los que se expresaron en esa dirección. También del grupo de los liberales (ALDE). Además, también se encontró con dificultades en el polo opuesto. La líder de los Verdes, Ska Keller, le demandó «una solución para los que se encuentran ahora en la cárcel». El presidente del Gobierno le contestó que mantiene su «voluntad firme de resolver mediante el diálogo» la situación en Cataluña. Pero justificó la existencia de un proceso judicial contra los presos independentistas porque «no se ha acatado el mandato constitucional», en referencia a las sentencias del Tribunal Constitucional que Carles Puigdemont y su Gobierno no respetaron.

En el turno de los parlamentarios, en torno a media docena plantearon cuestiones a Sánchez que validaban las tesis de los separatistas y demandaban libertad para los que no cesaban de denominar presos políticos.

Sánchez solo insistió en su segundo turno de réplica en que el Ejecutivo es «leal» con la Constitución. Pero en la rueda de prensa posterior, ante un planteamiento similar de una periodista, Sánchez defendió que «un Gobierno en un estado social y democrático de derecho no dicta sentencias». Concediendo que «es legítimo» defender la independencia pero no forzar la quiebra unilateral. Terminó pidiendo «una oportunidad a la política», que a su juicio debe encontrar «una solución» a través del «reforzamiento del autogobierno».