PARALITURGIAS

JESÚS LILLO/
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Hemos tenido una preparación al misterio de la Navidad», dijo el locutor de la misa del Gallo antes del comienzo de la retransmisión. Se refería a los rezos y lecturas previas a la celebración de la eucaristía. Paraliturgia se llama, ritual que en el ámbito de la televisión española equivale a Carlos Latre, Simply Red, los Simpson, David Bisbal, los Lunnis y, entre medias, todos esos anuncios que se encargan de traducir el mensaje de las fiestas navideñas al idioma universal del hedonismo.

No hubo programaciones especiales en Nochebuena, sino simples extensiones de los éxitos de cada emisora. Mejor así, porque la Navidad ha sido tan falsificada en la tele que quizá no admita ya más adulteraciones. En años anteriores solía salir Raphael en TVE y se ponía a cantar a la sombra sintética de un árbol saturado de brillo, o Emilio Aragón montaba un bienintencionado concierto de violines en Telecinco. A eso le decían especiales navideños. No aparecía el Niño Jesús por ningún lado y tampoco se leía el Evangelio, pero cantaban Los del Río o Alaska bailaba un pieza y la gente lo celebraba entre piezas publicitarias de perfumes y erotismo de intensidad variable.

Ni siquiera el Vaticano, quizá con afán modernizador, ha sido ajeno a este irreversible proceso de deterioro. Su último concierto anual de Navidad ha servido para escenificar la confusión: canciones paganas de Bob Dylan y Sting para anunciar el nacimiento de Cristo. La primera fila, repleta de obispos haciendo palmas, y en el escenario, árboles laicos.

Pasada la medianoche, cuando apareció Juan Pablo II en La 2, los realizadores de la RAI enfocaron repetidamente la imagen del Niño Jesús, recurso con el que evitar planos que mostrasen el deterioro físico del Papa. Ahí estaba, al fin, el argumento de una jornada que la televisión comercial no quiso celebrar. Mejor así, porque no caben más simulaciones e imposturas en la pantalla.

La Navidad figura desde hace años en el calendario multinacional del entretenimiento, como la fiesta de Todos los Santos, ahora Halloween, esa cosita ñoña de San Valentín o el mismo Camino de Santiago, convertido ya en parque temático aconfesional e itinerante. Un día de estos le meten mano a la Semana Santa. A ver cuándo la ponen al día con una buena paraliturgia. Así aburre.