Espinosa de los Monteros, en el centro, ayer en el Congreso al anunciar que Vox rompía con el PP - EFE

Vox, de órdago en órdago

La formación de Abascal repite una y otra vez la misma estrategia al negociar: amenaza con romper la baraja para intentar lograr la mayor cuota de poder posible

MadridActualizado:

Vox es como los jugadores incómodos de mus. Esos que, cuando van perdiendo la partida, arriesgan el órdago en cualquier lance ya que tienen poco que perder y mucho que ganar. En el PP lo saben especialmente bien. Sin ir más lejos, ayer asistieron a un nuevo órdago del partido que preside Santiago Abascal.

Iván Espinosa de los Monteros, portavoz de Vox en el Congreso de los Diputados, salió a rueda de prensa para tildar a los populares como unos socios que no son de fiar -otra buena cualidad, por cierto, para jugar al mus- y anunció que dejaban solo al PP en todos aquellos ayuntamientos en los que facilitaron su investidura al considerar que el partido de Pablo Casado no ha cumplido con lo acordado.

La jugada, aunque se justifique en una decisión que ahora se contempla desde el retrovisor, puede ser muy efectiva en las próximas semanas. Y no es nueva. Calca la estrategia negociadora de Vox, basada en romper la baraja en un momento crítico para la otra parte -en este caso el PP- con la intención legítima de conseguir una posición de mayor poder en próximas negociaciones.

El «susto» del día 14

La hemeroteca confirma el movimiento. El 14 de mayo, un día antes de que se constituyeran todos los ayuntamientos de España, Vox puso contra las cuerdas a última hora al PP al mostrar en público su descontento ante los acuerdos cerrados entre PP y Ciudadanos en grandes capitales, como es el caso de Madrid y Zaragoza.

El «modus operandi» fue muy parecido al de ayer. Con muy poco margen -una sola noche por delante-, Espinosa de los Monteros compareció y rechazó dar el apoyo al PP en la capital del Ebro, a la vez que dejó en el aire la investidura de José Luis Martínez-Almeida en la capital del Reino.

La sangre no llegó al río -característica que también se suele repetir en esta estrategia- y el PP consiguió ambas alcaldías. Eso sí, de aquellos acuerdos, estos líos. Ahora en Vox no están conformes con la cuota de poder que los populares les reservaron en Madrid y lanzan el órdago de ayer, que tiene una doble función. Por un lado puede traducirse en concejalías de mayor peso en la capital y, por el otro, manda un serio aviso a Isabel Díaz Ayuso de cara a las negociaciones para que sea presidenta de la Comunidad de Madrid. Además, tensa el escenario en gobiernos autonómicos que no están zanjados, como el de Castilla y León.

Los presupuestos andaluces

Otro pulso muy sonado se produjo, con circunstancias similares, en Andalucía. También a última hora, los de Abascal anunciaron que presentarían una enmienda a la totalidad del proyecto presupuestario planteado por el Gobierno andaluz, liderado por el popular Juan Manuel Moreno.

Dos horas antes de la votación, Vox levantó el veto. Consiguió a cambio y tras una semana de negociaciones, algunas modificaciones del proyecto del PP, como la sustitución del término «violencia de género» por «intrafamiliar».

El duelo perdido

Los jugadores de mus saben, sin embargo, que aquellos que arriesgan demasiado y abusan del órdago también pierden. Y Vox no es menos, ya que ha tenido que enmendarse la plana en otro desafío muy sonado: su estrategia comunicativa.

Con la efervescencia de la campaña y las encuestas favorables, en el partido de Abascal presumieron de jugar al margen de los medios tradicionales. Sacaron pecho de su poder en las redes sociales, vetaron a los medios más críticos con ellos y ahora el tiempo les ha hecho cambiar el rumbo: necesitan a los periodistas e incluso ponen a su disposición los acuerdos secretos firmados con el PP.

Eso ocurrió ayer, justo en el momento en que Vox lanzó un nuevo órdago que, a tenor de los precedentes, no será el último. Menos todavía si los réditos que saquen del mismo no son los que esperan. El PP, por su parte, debe decidir ahora si cede un amarraco a Vox o se mantiene firme con sus cartas.