Pablo Casado, ayer, en el Congreso del PP, tras salir elegido vencedor
Pablo Casado, ayer, en el Congreso del PP, tras salir elegido vencedor - Maya Balanyá

La opinión de los columnistas de ABC sobre la llegada de Casado a la presidencia del PP

El fin de las primarias del Partido Popular ha dejado un nuevo líder con el que se espera una renovación de la formación

MadridActualizado:

En el segundo y último día del XIX Congreso Nacional extraordinario del PP, un total de 3.082 compromisarios escogieron a Pablo Casado como el próximo líder de su partido dejando las aspiraciones de Soraya Sáenz de Santamaría en la estacada. Con el fin de la jornada de ayer, los columnistas de ABC realizan sus interpretaciones sobre el futuro que le espera a la formación popular con esta nueva dirección.

Isabel San Sebastián: «Casado entierra el marianismo»

Ganó la renovación, el discurso de los principios, la apelación a la libertad, la unidad de España, la familia, la vida, el mérito y el esfuerzo. Ganó la ilusión frente al continuismo que la víspera había exhibido un triunfalismo incompatible con la gravedad de la situación por la que atraviesa la nación. Ganó Pablo Casado, a lomos de un proyecto regenerador cuya base es la recuperación de los valores sobre los que se levantó el PP.

La tarea que tiene ante sí es gigantesca. Debe reconstruir un partido hecho añicos en el plano ideológico, unificarlo, enterrar el relativismo que se ha adueñado de él últimamente, reconquistar el espacio electoral perdido y también buscar posibles socios, pues el tiempo del bipartidismo ha pasado a la historia. Si la perdedora, Sáenz de Santamaría, le ayuda en la tarea marchándose a casa junto a su núcleo duro, tal vez pueda conseguirlo.

Hermann Tertsch: «El líder nacional posible»

Pablo Casado ha ganado. En contra de la voluntad de Mariano Rajoy, del aparato del partido y de la mayoría de los medios claramente alineados con su rival. Y contra los deseos de todos los demás partidos, tanto de la izquierda como de quienes le disputan la hegemonía del centro y la derecha.

Esta victoria viene a recordar ese triunfo de la voluntad que fue la victoria de Donald Trump en noviembre del 2016, pero también en cierta medida el triunfo de Pedro Sánchez en el PSOE. Los demás partidos tienen muchos motivos para estar inquietos. Es una nueva que cambia el aspecto de todo el tablero.

Porque si Casado es capaz de consolidarse y no ser devorado por mezquindades y trampas de los propios ni agresiones de los ajenos, puede ser el líder de ese gran bloque nacional que debe recuperar una mayoría para defender la nación, la ley y las libertades del asalto que se avecina.

Gabriel Albiac: «Reboot»

Para vadear tiempos anómalamente duros, un político debe aparcar, a veces, su programa estratégico. E ir salvando un día a día siempre al borde del abismo. Eso le tocó a Rajoy por partida doble. Heredó un país que había sido arruinado por Zapatero. Y es de justicia decir que eludió lo casi inexorable: la intervención desde Bruselas. Es un mérito mayor, que exigió una austeridad cuyas heridas difícilmente perdonarán los que más la sufrieron. Vino, a continuación, el mayor desafío de la España moderna: un golpe de Estado independentista en Cataluña. Lo salvó también, pero exhibiendo una falta de firmeza que había de pasarle cuenta. A punto estuvo el PNV de sustituir a Rajoy por Santamaría en las horas que precedieron al voto en la moción de censura. El resultado de ayer fue el menos malo de los posibles. Santamaría era lo más muerto del PP. Casado, una hipótesis abierta. Enigmática, pero abierta. Partida nueva. Reboot.

José María Carrascal: «Misión (im)posible»

Lo más difícil para Pablo Casado empieza ahora, pues si conseguir la presidencia de su partido no fue fácil, comparado con lo que le espera es juego de niños. De entrada, tiene que integrar a los seguidores de Soraya y, a ser posible, a ella, pero ¿cómo? Luego, tiene que recuperar los millones de militantes que se han pasado a Ciudadanos, descontentos con el PP. Por último, tiene que ofrecer a los independientes, escépticos a la política y los políticos, un mensaje más atractivo que el del resto de los partidos. Sólo si lo logra, alcanzará la mayoría absoluta que el PP necesita para gobernar. Con la dificultad añadida de que, si fuerza la apuesta ideológica, perderá en los otros dos segmentos. Parece una misión imposible. A no ser que Sánchez le ayude llevando España a la ruina y el descuartizamiento. No descartable visto lo visto.

Pablo Casado
Pablo Casado - Maya Balanya

Salvador Sostres: «La primera libertad»

Pablo Casado será un buen presidente como lo hubiera sido Soraya. Aunque es normal que en estos casos se exageren las diferencias, los dos eran candidatos óptimos.

Casado destaca por sus convicciones conservadoras, por su elegante puesta en escena y porque en su juventud todavía ajena a las responsabilidades de Gobierno es capaz de anteponer las ideas al pragmatismo, el deseo de mundo mejor al inevitable pacto con la realidad. Algunos de los que le han apoyado pueden desvirtuar su discurso, llevándolo al histerismo estéril desde el que se se pierden las elecciones, como le pasó en 2008 a un Rajoy desfigurado por la locura resentida de Aznar.

La primera libertad que tenemos que recuperar en España -y esto Pablo lo sabe y lo asume- es poder pensar y debatir sin que el sectarismo totalitario de la corrección política venga a hacerte callar diciéndote que eres un fascista. Los únicos límites de la literatura -Oscar Wilde lo dice- son los límites de la inteligencia.

Rosa Belmonte: «Puesta de ancho»

Casado se puso ayer de largo como máster del universo PP. También de ancho. Hacia Vox y hacia Ciudadanos. Con su discurso y su triunfo les dio un zarpazo. A uno, por la derecha; a otro, por el centro. Porque sus palabras sirvieron más para el votante civil que para los compromisarios. Sáenz de Santamaría, entre Evita, Dilma y un superviviente de Locomía (o Locamía), había hecho un discurso burocrático y sobreactuado, vocalizando como si hablara para extranjeros. Lo del abanico es la peor idea desde que Coca Cola cambió de sabor. «No estamos aquí para debatir quiénes somos», dijo. Llegó Casado y dijo quiénes eran. Ideológicamente. Y se marcó un eslogan: «Manos blancas, bolsillos vacíos, mentes claras y el corazón lleno de amor a España». Parecía el «clear eyes, full hearts, can’t lose» del equipo de fútbol de «Friday Night Lights». Casado llega como la Coca Cola Classic.

Ramón Pérez-Maura: «La democracia parlamentaria»

Es difícil saber el peso que tuvieron ayer en la elección del PP los discursos de los dos candidatos a la presidencia. Pero supongo que si las previsiones de voto del equipo de Sáenz de Santamaría tenían algo de cierto, habrá que reconocer que la arenga de Casado cumplió plenamente su objetivo de ser un discurso para enardecer los ánimos de los oyentes, como debe ser en una democracia parlamentaria. Casado reivindicó las raíces del PP y tuvo el valor de mencionar a una figura egregia del pensamiento conservador como Menéndez y Pelayo. Eso no se veía desde tiempos de Fraga. En cambio su rival describió a su partido como «nacido con la Constitución», no se sabe si por desconocimiento de lo que aspiraba a presidir o por vergüenza de que la AP de Fraga obtuviera en las elecciones de 1977 una representación suficiente para hacerle a él padre de la Constitución de 1978.

Pedro García Cuartango: «Pablo El Joven»

Al igual que en la república romana Mario y Sila libraron una guerra civil en la que pugnaban la aristocracia contra las fuerzas del cambio, los compromisarios del PP tenían que decidir ayer entre la continuidad del marianismo y un nuevo líder. Ganó Pablo Casado, el candidato que representaba una ruptura con el pasado.

Mario El Joven también se hizo con el poder en Roma, aunque luego cayó ante el ejército de Sila, el único dictador que se retiró a tiempo. Veremos si a Casado no le aguarda el mismo destino y puede consolidarse al frente del partido. Pero su éxito tiene mucho mérito porque Pablo El Joven ha vencido y ha convencido.

Ya han comenzado las voces en la izquierda que le tachan de extrema derecha. Es el viejo truco, pero ya no es creíble. Casado tiene la oportunidad histórica de reconstruir el PP y todo indica que no la va a desaprovechar.