«Operación Torero Muerto» para fulminar a Iglesias

El PSOE ha puesto en marcha una estrategia para provocar el relevo del líder de Podemos tras el 10-N y que su figura sea irrecuperable para la política

Manuel Marín
Madrid Actualizado: Guardar
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El PSOE ya ha puesto en marcha lo que algún dirigente socialista ha bautizado en privado como «operación torero muerto» para que los meses que transcurran hasta las elecciones del 10 de noviembre sean una ofensiva sin cuartel contra Pablo Iglesias.

Es una estrategia diseñada desde La Moncloa para que, tras los nuevos comicios generales, Iglesias no solo no resulte imprescindible a la hora de pactar una hipotética investidura de Pedro Sánchez, sino que su figura quede irrecuperable para la política.

«Cortarle la coleta de una vez» y reducir su influencia

Se trata de «cortarle la coleta definitivamente», de modo que Podemos se vea forzado a afrontar un proceso sucesorio, situarlo en el porcentaje de votos y la veintena de escaños que llegó a tener Izquierda Unida en su mejor momento, y tener la coartada, con una mayoría más solvente que la actual de 123 escaños, para plantear un acuerdo de gobernabilidad en minoría sustentado en Ciudadanos, o en una abstención técnica del PP, a la que ya no podría negarse. Ya no hay solo una mera cuestión de desconfianza personal entre Sánchez e Iglesias, sino una ruptura irreversible.

El análisis no parece muy alambicado. El riesgo para el PSOE, a día de hoy, no es poner en peligro su triunfo electoral, que en Ferraz dan por descontado y superior en cualquier caso a los 140 escaños, ocurra lo que ocurra durante la campaña. Tampoco asumen como un riesgo vital la percepción de una progresiva desmovilización del electorado de la izquierda, frustrado por la fractura emocional entre el PSOE y Podemos, entre Sánchez e Iglesias. La ciudadanía podrá expresar su hartazgo, como está haciendo, y como se intuye del colapso que se produjo días atrás en la página web oficial del INE, donde miles de ciudadanos exigieron que no se les envíe propaganda electoral a sus domicilios. Sin embargo, el voto de castigo transformado en abstención a última hora suele ser residual, y nadie, en ningún partido, cree que la abstención vaya a crecer exponencialmente. Muy al contrario, todos manejan la tesis preventiva de que habrá un crecimiento del bipartidismo tradicional, y un severo desgaste de la «nueva política».

La abstención no se desbocará

Sánchez cuenta con varias premisas estratégicas. Si no es un problema un crecimiento desbocado de la abstención, y si tampoco lo son las voces críticas en el PSOE que han discutido a Sánchez no aceptar un Gobierno de coalición con Podemos para evitar cualquier riesgo de las nuevas elecciones, la única variable más compleja de manejar para Moncloa es la capacidad de resistencia que pueda ofrecer Iglesias. Sus campañas electorales suelen ser exitosas, maneja su presencia en los medios de comunicación con solvencia, y la moderación de su tono le permitió en abril disponer de más escaños de los que inicialmente ofrecían las encuestas. Por eso, el objetivo esencial del PSOE será fulminar a Iglesias.

Íñigo Errejón, para romper Podemos

Para ello, el PSOE está convencido de que Íñigo Errejón hallará la fórmula para que su partido «Más Madrid» esté presente en las elecciones generales, sea con Manuela Carmena o sin ella en las listas. Carmena se ha excluido voluntariamente pero la presión sobre ella es creciente, aunque está comúnmente aceptado que si retornase a la primera línea política, lo haría solo como ministra de un Gobierno de Pedro Sánchez. Carmena ha rechazado la primera oferta de Errejón, pero jamás ha descartado taxativamente un hipotético fichaje de la mano de Sánchez. Errejón sería así un aliado –voluntario y premeditado– del PSOE como cooperador necesario en la estrategia de hundimiento personal de Iglesias.

Sánchez y sus asesores consideran que la fractura interna en Podemos no tiene marcha atrás. La coexistencia de la dirección de Podemos con la propia de las «mareas» y las distintas corrientes del partido es pésima. Incluso, la facción andaluza de Podemos, dirigida por un bloque monolítico de anticapitalistas, sopesa seriamente afrontar los comicios bajo una marca única, «Andalucía Adelante». La «federalización» del grupo parlamentario que pueda liderar Podemos sería en ese caso el detonante de nuevas y numerosas fricciones internas.

Iglesias, sin poder en las autonomías

Estos movimientos se traducen en una progresiva pérdida de poder y control interno por parte de Iglesias, que además empezaría a carecer de la fuerza necesaria como para dinamitar, en venganza contra Sánchez, los gobiernos autonómicos sustentados ahora mismo en una alianza entre PSOE y Podemos. Sánchez cuenta con ello y en este sentido cree tener a Iglesias aprisionado en unas tenazas.

Más aún, Sánchez alberga la esperanza de que una subida considerable de escaños en el PP –hasta el centenar– le facilite en su momento cerrar acuerdos para la renovación de órganos constitucionales bloqueados desde hace meses, como el CGPJ o el propio TC, a finales de año sin la interferencia de Podemos o del independentismo catalán.

La única obsesión de Ferraz es dar con la fórmula que impida a Iglesias remontar en las encuestas. Sin miramientos, sin remordimientos, y presentándolo como único culpable de «quitar el sueño» al presidente del Gobierno, como gráficamente ha afirmado Sánchez. La primera fase de esta estrategia se basa en una exhibición sistemática de victimismo. A José Luis Ábalos le han «robado» su voto, y Sánchez tendría insomnio con Iglesias en La Moncloa. La segunda fase será la apelación del voto útil en una izquierda que Podemos, un «torero muerto» roto y errático, ya no maneja. Y la tercera, guiños constantes a la moderación porque Albert Rivera ya no podrá presentarse con su «no es no» a Sánchez.

Manuel MarínManuel MarínAdjunto al DirectorManuel Marín