Jordi Pujol y Marta Ferrusola, en su casa de Premía de Mar, en 1980, viendo un informativo televisivo
Jordi Pujol y Marta Ferrusola, en su casa de Premía de Mar, en 1980, viendo un informativo televisivo - EFE

La obsesión mediática de Jordi Pujol

Un estudio académico demuestra que el expresidente de la Generalitat de Cataluña influyó en los medios de comunicación con fines políticos personales

BarcelonaActualizado:

«Jordi Pujol siempre tuvo una concepción instrumental de los medios de comunicación, que entendía como herramienta para conseguir fines políticos diversos». Además, el que fuera presidente de la Generalitat de Cataluña durante 23 años (entre 1980 y 2003) «convirtió la creación de medios de comunicación en un objetivo político». Esta es la conclusión a la que llega Josep Àngel Guimerà i Orts, profesor del departamento de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y miembro del Grupo Daniel Jones de investigación periodística, en una trabajo publicado en el número 40 (julio-diciembre) de la revista «Historia y Política».

Guimerà i Orts analiza el papel que jugó Jordi Pujol en los medios de comunicación de Cataluña, entre 1968 y 1989, y lo que esta actuación supuso para «la construcción nacional de Cataluña». Una conclusión que es una evidencia política y que, a partir de ahora, también queda plasmada en un «paper» académico. El profesor de la UAB centra su análisis en un periodo de veintiún años, que comprende el momento en el que Pujol accede al accionariado de El Correo Catalán (1968) y la creación del segundo canal de la Televisión de Cataluña, solo en catalán, Canal 33, tras varios años de emisiones de TV3, una vez que el político está al frente de la Generalitat.

«El líder nacionalista entendió muy pronto la importancia de los medios en la política contemporánea y no estaba dispuesto a dejarlos solo en manos de los que consideraba sus contrincantes políticos», apunta Guimerà i Orts –quien declinó hablar con ABC– en su artículo publicado. El proyecto político de Pujol, ya durante el franquismo, se denominó «Construir Catalunya» y tenía como objetivos «recuperar, consolidar y en la medida de lo posible ampliar el autogobierno perdido por Cataluña bajo el franquismo» y «contribuir a la recuperación de la identidad nacional catalana», sobre todo, «de su principal seña: el catalán y la cultura que este vehicula».

«Redactó editoriales»

Así, los medios de comunicación de masas tenían, ya en los años 60, para el protopolítico, «un papel central». La influencia de estos sobre la sociedad, no solo en Cataluña, llevó a Pujol a establecer una estrategia muy clara: adquirir cabeceras de la prensa en papel, crear una radiotelevisión pública autonómica, crear un grupo de comunicación privado y conceder subvenciones desde la Generalitat. Salvo la creación de un «holding» periodístico privado, Pujol desarrolló con éxito los principales puntos de su estrategia.

Tras 1968, Pujol controló por completo el diario El CorreoCatalán a partir de 1974, cuando, además de entrar en su Consejo de Administración, se hizo con su propiedad mediante «fiduciarios para controlar la empresa». Un control que mantuvo hasta 1986, según el propio Pujol confesó en sus memorias. «Pujol intervenía activamente en la línea editorial del periódico, con presencia “incluso física” constante, ya que entendía la participación en ElCorreo como una inversión y quería resultados políticos», apunta el profesor de la UAB, que trabajó para su texto con una cuarentena de obras y varias entrevistas con Pujol. «Llegó a redactar editoriales».

Ese 1974 también se hizo con la revista Destino. También mediante «fiduciarios». En 1978 se deshizo de la empresa. Las revistas Oriflama y Canigó pasaron, igualmente, por sus manos. Unas operaciones empresariales constantes que pudo llevar a cabo gracias a Banca Catalana, entidad que financiaba las publicaciones, a cambio de proyectar «Construir Catalunya». Sus ayudas no fueron desinteresadas.

La TV y las subvenciones

Recuperada la democracia en España, en 1980 Pujol se alzó con la presidencia de la Generalitat. Fue el momento en el que puso en marcha su deseo de crear un espacio privado de comunicación, siempre al rebufo del nacionalismo que él encarnaba. Se intentó alrededor de la Fundación Catalana de Comunicación (FCC) y aglutinando El Correo Catalán, varias cabeceras de prensa local y la cadena de radio Cadena 13. «En los Consejos de Administración se sentaban conocidos miembros de Convergència Democràtica de Catalunya». Sin embargo, este proyecto «acabó siendo un fracaso», finiquitado por completo en 1991, sobre todo por la acumulación de deudas y problemas económicos insalvables de las distintas empresas.

Pero Pujol lo tenía muy claro con los medios de masas y, a partir de las posibilidades que tuvo desde la Generalitat, se centró en la televisión: «Entendió que –este canal– era un instrumento de influencia de primer orden».

En 1988, la Corporación Catalana de Radio y Televisión –ahora Corporación Catalana de Medios Audiovisuales– gestionaba Catalunya Ràdio (emitía desde 1983), RAC105 (1984), TV3 (1984), Catalunya Música (1987) y Canal 33 (1988). TV3 se creó para ser una televisión generalista y competitiva, con «una programación atractiva» y «en ningún caso se trataba de crear un canal folklórico».

Fue tal la obsesión de Pujol con TV3 y sus medios hermanos que estos llegaron «a condicionar» los presupuestos de la Generalitat. No eran cuestión baladí. «Los medios públicos eran claves. (...) TV3 tiene que ser un referente, un elemento de identidad. (...) Una herramienta de conciencia, de construcción y de identificación del país», recoge Guimerà i Orts de las memorias del expresidente autonómico.

La cuarta pata de la estrategia de Pujol fueron las subvenciones a los medios en catalán y a los que apoyaban «el catalanismo». La Generalitat las distribuye desde 1983. Y hay indicios que apuntan a que en los primeros años se entregaron además ayudas encubiertas y arbitrarias. Entre 1984 y 1989, Pujol entregó a fondo perdido más de 4,8 millones de euros. Unas subvenciones que ahí siguen... en 2018.