La crecida del Ebro mantiene en situación muy preocupante a varias localidades de la ribera alta del río, como la localidad de Boquiñeni, a la izquierda. Arriba, un cruce de carreteras inundado.EFE

La obras en el cauce del Ebro hacen ahora impredecible la evolución de la crecida

M. T.
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ZARAGOZA. Pese a la resistencia mostrada hasta el último momento, la mayoría de los vecinos de Pradilla de Ebro, de 650 habitantes, abandonaron ayer sus casas ante el riesgo de que quedaran arrasadas por la histórica crecida del río. De hecho, tras comprobar la Guardia Civil la evacuación, las aguas comenzaron a entrar ayer en el casco urbano después de superar los diques construidos en la parte de atrás de la localidad, y los equipos de Protección Civil seguían anoche trabajando a brazo partido para intentar frenar los más de 3.000 metros cúbicos por segundo que llevaba el Ebro en la cresta de la avenida. Los evacuados se trasladaron a la vecina Tauste, donde no fue necesario alojar a nadie en el pabellón polideportivo ya que familiares y amigos acogieron a todos en sus casas.

La crecida, la mayor desde la histórica riada de 1961, está creando incluso más dificultades de las esperadas y en la comarca zaragozana de la Ribera ha cubierto por completo amplias extensiones de tierra de labor, de modo que en una franja de más de 30 kilómetros el cauce natural estaba sepultado y el paisaje era similar al de una marisma.

El ministro de Medio Ambiente, Jaume Matas, visitó ayer las zonas más afectadas por la crecida y apuntó que «no hay ningún riesgo más salvo la evolución de la punta», de unos 3.000 metros cúbicos. Matas destacó que las infraestructuras han conseguido reducir de una «forma importante» el impacto que podría haber tenido la «extraordinaria» crecida del Ebro.

Las tareas de lucha contra el agua se centraban a última hora de la tarde entre la localidad de Gallur, más de 40 kilómetros aguas arriba de Zaragoza, y Pina de Ebro, más de 30 kilómetros después de la capital. Precisamente, la punta de la crecida, que se calculaba en un principio que pasara junto a la basílica del Pilar a las tres de la pasada madrugada, se retrasará a primeras horas de esta mañana, según las últimas estimaciones de la Confederación Hidrográfica del Ebro.

El propio secretario de Estado de Aguas, Pascual Fernández, que se reunió con el gabinete de crisis instituido por la Administración central desde el pasado día 4, mostraba la impotencia de los técnicos para predecir el desarrollo exacto de los acontecimientos e informaba de que el agua ha invadido más allá de su «zona de inundación normal». Junto con lo «extraordinario» de la crecida -la cuarta de estas proporciones desde la creación de la Confederación hace 76 años-, Fernández destacó que las construcciones que se han realizado a lo largo del cauce del Ebro en las últimas décadas hacen que el comportamiento del río al desbordarse no sea igual que hace 42 años. En este sentido, el curso de las aguas se ve afectado por los diques y las motas de contención construidas o por la carretera de Gallur a Remolinos, que cruza el Ebro y que ayer se encontraba cortada al tráfico junto a otras tres en la provincia. Además, el secretario de Estado indicó que, según los técnicos, el fondo del río entre Castejón (Navarra) y Zaragoza se ha elevado en un metro como consecuencia del aumento de grava.

Según añadió el presidente de la Confederación Hidrográfica, José Vicente Lacasa, al ampliarse la extensión inundada y, por tanto, la superficie de «rozamiento», la avenida avanza más lentamente que si lo hiciera encauzado.

Entre las alteraciones de las previsiones que se tuvieron que hacer ayer sobre la marcha fue, a la vista del comportamiento en las zonas de la Ribera, que en lugar de dos puntas de la crecida, a Zaragoza llegará una sola pero más prolongada, de varias horas.

Precisamente, vecinos y alcaldes de los municipios afectados expresaban ayer su disconformidad por las informaciones «contradictorias» que se les había suministrado sobre el desarrollo de la crecida, tanto sobre el caudal como sobre las horas en que pasaría la punta. «Tanto en los horarios y como en las cotas se han quedado cortos», señaló a ABC Félix Coscolla, regidor de Boquiñeni. También el alcalde de Cabañas de Ebro, Nicolás Medrano, calificó los datos aportados como «desastre absoluto» e indicó que no se esperaban en este municipio «que subiera tanto» el nivel del agua.

«Que los ecologistas vengan aquí»

Junto a esta crítica, entre los responsables y los vecinos de estas zonas se extendía el enfado por que no se haya limpiado de árboles y malezas unos islotes que han cambiado el cauce del río. En su opinión, la resistencia de los ecologistas ha impedido que hasta ahora se haya podido resolver este asunto. «Me hubiera gustado que los ecologistas pasaran con nosotros una de estas noches», decía Félix Coscolla en referencia a las largas horas de trabajo para impedir que el agua entrara en las casas de Boquiñeni.

Mientras, en Zaragoza, en tanto se espera la llegada de la máxima cota de la avenida, ya comenzaban a verse afectadas instalaciones deportivas y garajes situados en las riberas del Ebro, que según los últimos cálculos alcanzará en la capital aragonesa 5,77 metros de altura y pasará con 2.925 metros cúbicos por segundo. Sin embargo, el secretario de Estado aseguró que no se prevé que Zaragoza sufra «problemas importantes». Tampoco aguas abajo, gracias a la regulación a través del embalse de Mequinenza, aunque se mantiene la alerta.