Imagen de archivo del patio de la prisión de Córdoba. RAFAEL CARMONA

El número de presos supera ya en un tercio la capacidad de los centros penitenciarios

Canarias, Ceuta, Navarra, País Vasco y Valencia son las Comunidades donde la situación es más delicada, tanto por el número de presos como por las deficientes infraestructuras

PABLO MUÑOZ/CARMEN ARNANZ/
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MADRID. La calidad del sistema penitenciario español, junto con el sueco -de los mejores de la Unión Europea según distintos estudios- está ya en serio peligro de deterioro por el constante aumento de la población reclusa. El pasado viernes 9 de julio el índice de masificación medio alcanzaba el 132 por ciento, lo que supone que el 32 por ciento de los internos no tiene «plaza». La situación es particularmente delicada en Canarias, Ceuta, Navarra, País Vasco y Valencia -sobre todo en las cuatro primeras-, donde al aumento imparable de presos se unen unas infraestructuras muy deficientes. Sin embargo, la preocupación se puede hacer extensible a la práctica totalidad de las 66 prisiones que dependen de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias.

La masificación no es tan preocupante por el hecho de que dos, o en algunos casos más internos, tengan que compartir la misma celda -en los «chabolos» apenas están las ocho horas nocturnas y un rato después de comer-, sino también por lo que supone de imposibilidad de realizar un tratamiento personalizado de los reclusos, talleres productivos, posibilidad de cursar estudios... En definitiva, limita hasta casi hacerlas desaparecer todas las actuaciones destinadas a la reinserción.

Más riesgo de mafias carcelarias

Sin duda, también plantea serios problemas de seguridad, ya que la ausencia de actividades desemboca en más horas de patio, más hastío, más roce entre reclusos, más riesgo de que se generen grupos de corte mafioso y, finalmente, más agresividad. Además, aunque crece de forma imparable el número de internos, no lo hace el de los funcionarios que los vigilan. Esto puede derivar en que se produzcan más situaciones que se escapan de su conocimiento y ese es un factor de inseguridad serio.

El análisis de los datos a los que ha tenido acceso ABC pone de manifiesto que el sistema penitenciario, tal como lo entendemos hasta ahora, no está muy lejos del colapso. El 9 de julio había hasta seis centros -Albacete, Arrecife, Santa Cruz de la Palma, Bilbao, Teruel y psiquiátrico de Sevilla- en los que el número de internos era más del doble que el de celdas disponibles; es decir, casi un 10 por ciento del total dependiente de la Administración central. Otras tantas tenían un índice de masificación superior al 170 por ciento y, en cambio, sólo cuatro (apenas un 6 por ciento) no llegaban a tener todas las celdas ocupadas. Se trata de los centros penitenciarios de Ávila, que cuenta con 198 celdas; la cárcel de mujeres de Alcalá de Henares, que dispone de 452; Puerto de Santa María I, con 532; y la de Ibiza, con 79 celdas.

Para obtener estos datos se han tenido en cuentas la totalidad del número de celdas -residenciales más auxiliares-, pero también el de reclusos, incluidos los de régimen abierto cuya situación es muy distinta. Asimismo es muy llamativa la diferente situación que hay entre la población reclusa masculina con respecto a la femenina. Así, mientras que para mujeres el sistema dispone de 4.017 celdas para 4.054 internas -prácticamente una por reclusa-, en el caso de los hombres hay 34.820 para un colectivo de 47.259 personas; o lo que es lo mismo, un 135 por ciento de índice medio de saturación. Estas diferencias se explican porque el número de presas se ha mantenido estable en los últimos años y el de reclusos ha crecido de forma espectacular: casi siete mil en los dos últimos años.

Cárceles modernas, más operativas

Con todo, la masificación tiene consecuencias muy distintas según el tipo de prisión. En los 15 centros tipo existentes es mucho más fácil asimilar el crecimiento de población, porque sus servicios comunes -talleres, comedores, sanitarios, aulas...- están preparados para ello. De hecho, en estas cárceles la capacidad operativa, si disponen de mil celdas, se situaría en 1.500 presos; es decir, la mitad de ellas se puede doblar, sin que se resienta la calidad del sistema. Por el contrario, en las cárceles más antiguas, mal diseñadas y peor dotadas, las consecuencias son nefastas. Es el caso Canarias, Navarra, Ceuta o País Vasco, entre otras.

La directora general de Prisiones quiere construir ocho nuevos centros, los cuatro comprometidos por el anterior Gobierno y otros tantos. Los primeros se situarán en Andalucía (uno en Puerto de Santa María y otro en Morón), Madrid y Albocáser, en Castellón. Se cree que estarán en marcha pasado el ecuador de esta legislatura, aunque habrá que vencer algunas reticencias sobre todo en Morón, donde el PSOE trata de detener la construcción de la cárcel. La directora general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, ha advertido de que no habrá marcha atrás y ya se está en fase de expropiación de terrenos. Del segundo grupo, que se pretenden instalar en las zonas más delicadas en estos momentos -Canarias, Ceuta, País Vasco y Navarra-, sólo esta última parece tener el horizonte más despejado.

Un avance tecnológico que se estudia para evitar la superpoblación de las prisiones -sólo se aplicaría cuando lo determinen las juntas de tratamiento y los jueces- es una pulsera localizadora para que la persona pueda cumplir la pena en su domicilio. También, flexibilizar el acceso al tercer grado.