La noche del sábado

Manuel MARTÍN FERRAND
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Victoriano Fernández Asís, el creador del formato progra-mático que viene utilizando Televisión Española desde hace más de cuarenta años, solía decir que la noche del sábado es, entre todas, la de más difícil concepción porque cuantos en ella permanecen frente a la pantalla lo hacen en condición de resignados. No han encontrado con quién dejar a los niños, entradas para el teatro o carecen de recursos para irse a cenar a un restaurante. Añádanse los matices que se quieran, pero el principio sigue siendo válido.

En la actualidad, las televisiones autonómicas alivian el problema sabatino con la emisión de un partido de fútbol en directo, aunque sea, como el que viene, un Málaga-Celta de Vigo. Antena 3 cubre su tiempo con «Pasapalabra», un buen concurso que agotarán pronto por exceso de uso, y «Furor», un engendro en el que se enfrentan los chicos con las chicas con la moderación de un presentador sandio. En Telecinco, «Pasapalabra» se llama "¿Quieres ser millonario?" y Silvia Jato, Carlos Sobera.

La estrella de la noche se instala en Televisión Española, donde, tras el «Informe semanal», emiten «Noche de fiesta», un programa larguísimo y hortera que produce y dirige José Luis Moreno, antes más conocido como ventrílocuo. Un programa de variedades, como los de Arthur Kaps y Franz Johan, estropeado por un escuadrón de presentadores insulsos -¿hacen falta tantos para decir tan poco?- unos «sketches» cómicos que sólo lo son bajo palabra de honor y unos desfiles de modelos, descaradamente publicitarios, que hacen moda de bragas y calzoncillos. Ahora surge el escándalo, con gran movimiento sindical, porque TVE le ha renovado el contrato a Moreno por dos trimestres más.

El asunto no es vapulear a Moreno que, en contra de las acusaciones de que es objeto, produce un programa barato: 30 millones de pesetas por cuatro horas -¡larguísimas! de emisión (Televisión Española aporta estudios, personal y medios técnicos). La cuestión debiera ser, sin olvidar la teoría de Fernández Asís, dilucidar qué es lo que cabe en los sábados de la televisión en general y de la pública en particular. Una cuota de audiencia, como la que tiene, del 20-25 por ciento, está muy bien; pero, ¿la clave de la televisión pública está en las audiencias? Mientras sea una herramienta de la propaganda política del Gobierno, me temo que sí. En ese caso debieran poner al Portavoz al frente del ballet. Y marcando paquete.