«No se daban las condiciones para la reforma del Estatuto catalán»

Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat, tiene los días muy ocupados. La larga experiencia le dota de una densidad política que ahora mismo juzga a distancia, interpreta y matiza la historia

POR VALENTÍ PUIG. FOTO: ELENA CARRERAS BARCELONA.
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Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat, tiene los días muy ocupados. La larga experiencia le dota de una densidad política que ahora mismo juzga a distancia, interpreta y matiza la historia vivida desde la larga marcha hacia el poder y con los años de hegemonía política que obtuvo para «Convergència», siendo contrapeso en fases de la política de España.

-¿En qué sentido define usted la posición de Rodríguez Zapatero al frente del Gobierno?

-No tengo un juicio positivo. No inspira confianza.

-¿Persiste la sensación de que Zapatero engañó a CiU?

-No es esto. Yo me siento engañado como catalán. Zapatero primero engañó a Pasqual Maragall; luego engañó a todos los catalanes al prometer que aceptaría el nuevo «Estatut» tal cual saliera del Parlamento de Cataluña; luego engañó al tripartito. Bueno, fue engaño o ligereza. Quizá las dos cosas a la vez.

-¿Estamos dejando atrás una etapa de crispación con el encuentro entre Zapatero y Rajoy?

-Eso espero, simplemente.

-¿Puede CiU aportar algo en la presente situación?

-Ahora, muy poco. Nuestra filosofía en la política española ha buscado siempre favorecer la estabilidad, la gobernabilidad y la continuidad. Ahora poco se puede aportar, porque no se nos necesita, porque no tenemos capacidad de influir con peso y porque no servimos para la bronca. Le recuerdo, de todos modos, que yo no estoy en la política activa y que, por lo tanto, lo que diga tiene un valor relativo.

-¿Cuándo sería la hora de que CiU entrase en el gobierno de España?

-Yo siempre he sido partidario de intervenir en la política española. CiU siempre ha practicado el intervencionismo en España, incluso asumiendo riesgos. Mire, eso tanto con el PSOE como con el PP. Antes con la UCD. Con los socialistas, aportamos gobernabilidad en las años difíciles del GAL, de la corrupción. Cuando en 1993 el PSOE pierde la mayoría absoluta, contribuimos a una política económica diferente a la de intereses altos y peseta alta, perjudicial para la economía productiva.

-Bueno, ¿y ahora?

-Pero, dígame, ¿en qué momento hubiera sido más acertado estar en el Gobierno? ¿Cuándo hubiese sido más útil? No me opongo por principio, aunque insisto en que yo no decido. De todos modos, ahora es prematuro.

-Las ofertas para entrar en el Gobierno no han sido pocas...

-Hay una muy poco conocida. Nos la hizo Abril Martorell al principio de la Transición. Estábamos Roca, Trías Farga y yo. Se quería que Trías, en concreto, asumiera un papel relevante en Europa.

-¿Y que pasó?

-Ya no nos hablaron más del asunto... Entonces quizá hubiésemos dicho que sí. No podíamos dejar de contribuir a la transición. El momento nos preocupaba.

-Con el PP, hubo los pactos del Majestic.

-Fueron buenos para Cataluña y para España.

-¿Le satisface la situación económica?

-Entre Rato y Solbes hay una continuidad básica pero hay que completarla o revisarla. La productividad es baja. Dependemos demasiado de la construcción, del consumo, la inmigración. Hay una cierta crisis de inversión extranjera. Ha causado daño la crisis de los organismos reguladores. La imagen exterior de España está siendo afectada. Como datos positivos tenemos el crecimiento o el superávit, buena inercia positiva. Incluso el «ralentí» inmobiliario es muy gradual. Hay margen y hay que aprovecharlo aunque exista un punto de inflexión. Sería bueno aplicar más prudencia.

-¿Cómo aproximar las partes enfrentadas en la diferente aproximación al proceso vasco?

-Nunca hablo concretamente del País Vasco. Generalmente, asumo lo que diga el PNV. En general, lo evidente es que a Rodríguez Zapatero y a Rajoy les interesa apaciguar, pero no pondría la mano en el fuego. Como le decía, espero que se deje atrás la crispación. Eso espero. -¿Qué se hizo en la Transición española que no se esté haciendo ahora?

-Son épocas distintas, claro. La Transición se hizo bien, en un momento difícil. Fíjese, esa circunstancia, la dificultad, ayuda a ser responsable. Fue una fase difícil y a la vez apasionante. Suárez contó mucho entonces. Estuve hace unos días en el tanatorio, rindiendo homenaje al profesor Fuentes Quintana. Creo que su muerte no ha tenido la repercusión política que merecía. Nosotros apoyamos la política económica de Fuentes Quintana, los Pactos de la Moncloa.

-Tal vez la clase política actual es distinta...

-Escuche, la política actual es poco coherente y de bajo nivel.

-Ese es un juicio severo...

-Se debe ir con cuidado de no caer en los defectos de la vida pública italiana, con todas sus cualidades y logros. Lo bueno fue el «miracolo» económico, la canción, el cine, pero después entraron en un proceso partitocrático. Eso fue la «lotizazione». Acaba de aparecer un libro, «La casta». En Italia hay 554.000 coches oficiales. La parálisis burocrática es inmensa. Eso podría pasar aquí aunque todavía hay remedio. Los jueces de «Mani Pulite» lo paralizaron todo. Cualquier empresario era sospechoso.

-¿Eso puede contagiarse?

-Sí, en Cataluña puede haber (en realidad ya la hay) lo que llamamos cultura del «no» y que paraliza mucho.

-¿Y Berlusconi?

-Déjeme decir que España va mejor que Italia en no pocos aspectos. Por ejemplo, hemos transformado el Sur pero Italia no. ¿Berlusconi? El «no éxito» de Berlusconi no fue bueno para Italia. No hizo las reformas suficientes. Ahora lo intentan Prodi y los suyos, pero todo está fracturado, aquejado de pesimismo, por los malos hábitos.

-¿Se puede hablar de una CiU más soberanista que autonomista?

-Veo ahí juegos de palabras. Soberanismo, autonomismo, federalismo simétrico y asimétrico...

-Algo confuso...

-Esa confusión de léxico desorienta a la opinión pública española y también a la catalana.

-Así salió el nuevo «Estatut»...

-Seguramente no se daban las condiciones para una reforma estatutaria profunda. En realidad, el objetivo de la izquierda no era el «Estatut» sino crear el tripartito dejando a CiU fuera de juego. Daban por hecho que el PP ganaría las elecciones generales. Con un PP ganador, exigir un nuevo «Estatut», esa iba ser su arma. Crear tensión, enfrentarse con Madrid durante cuatro años. Zapatero pensaba que iba a perder las elecciones y se puso delante de la manifestación.

-¿Y CiU?

-Representaba al nacionalismo que quería una profundización en la autonomía. Recordemos que al final de las negociaciones sobre la financiación, Aznar comenzó a pedir un reforzamiento del Gobierno central lo cual mereció nuestro rechazo total. Pero lo que ha hecho CiU no puede haber generado inquietud en España.

-¿Cómo interpreta los resultados en las elecciones municipales?

-Para el conjunto de España, yo no sacaría tantas conclusiones como se hace. En Cataluña no se dio la debacle para CiU: al revés, fue el único partido que subió en porcentaje. Eso sí, pierde poder institucional. Vea que el tripartito retrocede claramente en Barcelona.

-¿Y el PP?

-Está mal en Cataluña. Tiene un electorado fiel pero está mal posicionado. En toda España ha transmitido hostilidad hacia Cataluña.

-¿La abstención en aumento?

-Es consecuencia del hastío político. También ha habido un significativo voto en blanco. Ese es un mensaje cívico importante. Es decirles a los políticos: «No lo hacéis bien».

-Ha hablado de pérdida de autoestima. ¿La atribuye al tripartito?

-Los dos tripartitos han creado hastío. La gente viaja, compra, trabaja, la economía crece, pero hay una pérdida de autoestima respecto a Cataluña. Hemos perdido peso.

-Manifestaciones masivas de «mossos de esquadra», indecisiones del tripartito...

-Noto una cierta crisis de autoridad en Cataluña.

-¿Qué causas tiene?

-Le respondo dando primero el aspecto negativo: es la ideología antiautoritaria de la que el Ayuntamiento de Barcelona se ha hecho escaparate. La cultura de la transgresión. Esas cosas provocan una sociedad desvinculada. La parte positiva es que yo me muevo todos los días por Cataluña y puedo ver cómo la buena gente resiste todo eso, gente de toda condición y procedencia, cómo avanza y se esfuerza, cómo procura educar lo mejor a sus hijos, cómo crea empresas, cómo invierte en el extranjero...

-¿Cree que tiene futuro el catalanismo?

-Sí, claramente. Parte de dualidades: tradición y dinamismo, defensa de identidad de arraigo e identidad de proyecto, identidad y apertura, identidad e integración, progreso económico y progreso social. El catalanismo se justifica si consigue que la gente sea mejor. Hemos estado por la modernización del Estado, por la integración en Europa, por la autonomía para una personalidad diferenciada. Puede ocurrir que Cataluña pierda peso, prestigio, cohesión, pero eso también se puede evitar. Es cierto que en los tiempos más recientes puede haberse producido cansancio, incluso cierta frustración, pero históricamente el catalanismo es el motor de la Cataluña moderna. El catalanismo tiene que adaptarse a la realidad pero esos son los principios.

ZAPATERO

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Pujol, durante la entrevista con Valentí Puig, celebrada el pasado jueves en Barcelona