Una de las piezas intervenidas en el arresto de Jaume Bagot en Argentona, Barcelona - ABC / Vídeo: Desmantelada una red que vendía obras de arte expoliadas para financiar al terrorismo yihadista
Operación policial pionera en el mundo

El «niño prodigio» del arte antiguo que financió a Daesh

Compraba piezas a intermediarios que las sacaban de los expolios de Estado Islámico

MadridActualizado:

Daesh se financia con el expolio de yacimientos arqueológicos de los territorios que ocupa a sangre y fuego. La sentencia, dictada hace tiempo, era aceptada de forma unánime por los servicios de Inteligencia e Información de medio mundo. Pero faltaba demostrarlo judicialmente. Ese paso decisivo es el que comenzaron a dar el sábado de la semana pasada los agentes de la UDEV Central de la Comisaría General de Policía Judicial y de la UCIE de la Comisaría General de Información, que durante dos años de trabajo conjunto siguieron la pista de Jaume Bagot Peix y de su socio, Oriol Carreras Palomar, éste experto en arte egipcio. Ambos tienen 31 años y son españoles. Al primero de ellos se le conoce como el «niño prodigio» del arte antiguo en España y en foros públicos abominaba del expolio de yacimientos arqueológicos.

«Un familiar coleccionaba monedas romanas y me entró el gusanillo», afirmaba hace tres años en una entrevista concedida al portal de Internet «Fuera de serie» en su céntrica galería del número 278 de la calle Consell de Cent, una vía que concentra las grandes galerías de arte de Barcelona. Fue a los 13 años y a partir de ese momento, según explicaba, comenzó a comprar y vender en mercadillos él mismo, operaciones en las que obtuvo una importante rentabilidad.

Precocidad

«Tuve suerte. Pude dar con importantes coleccionistas de monedas españolas de oro. Gracias a que me gané su confianza, me las dejaron poner en el mercado», aseguraba al citado medio digital. Le fue tan bien que con sus ahorros pudo abrir en Mataró su primer local con apenas 17 años.

No tiene ningún título universitario, ya que dejó sus estudios de Historia y Arqueología por el tiempo que le robaba su negocio. Eso sí, asegura haber devorado los 4.000 volúmenes de su biblioteca, y es definido como autodidacta, elegante, fino y, si se confirman las sospechas, con pocos escrúpulos, porque la Policía está convencida de que sabía que para hacerse rico estaba financiando a Estado Islámico. Además, habla cinco idiomas: francés, inglés, italiano, castellano y catalán.

Su socio, Oriol Carreras, nombrado no hace mucho secretario general de la Junta Directiva de la Agrupación Profesional de Anticuarios de las Reales Atarazanas, abogaba con ese motivo por «acercar el público joven al mundo de la cultura y coleccionismo de arte y antigüedades».

Pasado el tiempo Bagot comenzó a ser conocido también en círculos europeos de expertos en este tipo de arte, y sus actividades llamaban la atención en ferias como la de Bélgica. Sacaba a la venta piezas de origen inquietante, especialmente de dos yacimientos de Apolonia y Cirene, necrópolis situadas en la región Cirenaica que habían sido expoliadas por grupos terroristas de la órbita de Estado Islámico desde 2011 hasta 2016.

Bagot también se aprovechaba de que para los musulmanes radicales las figuras humanas no valen nada, de modo que conseguía piezas de un enorme valor a un precio moderado. Los precios en los que se movía su mercancía oscilaban entre los 50.000 y 250.000 euros por obra, lo que suponía enormes beneficios para él. El cliente final desconocía por completo lo que había detrás de esa compra. Pero había parte del dinero que llegaba a los suministradores de las obras de arte, que eran terroristas de Daesh; con esas cantidades financiaban sus actividades criminales.

Algunas de las piezas presentaban imperfecciones, golpes y marcas que indicaban que habían sido sacadas de la tierra de forma grosera, sin que se hubiesen utilizado técnicas arqueológicas adecuadas, y enviadas a los compradores sin las mínimas medidas de seguridad que requieren este tipo de piezas.

La denuncia

La investigacion comenzó por la denuncia de un joven francés estudiante de arqueología al que llamaron la atención las piezas que ofertaba Bagot, ya que solo podían proceder de territorios controlados por Estado Islámico. En concreto se fijó en un sarcófago de origen egipcio que fue puesto a la venta en Bélgica. La Policía italiana también aportó datos de interés.

La conexión entre el marchante de arte barcelonés y la organización terrorista era una de las ramificaciones más delicadas de la investigación, que había comenzado la UDEV Central de la Comisaría General de Policía Judicial al detectar pagos en efectivo y la emisión de facturas falsas a intermediarios por las obras de arte.

La procedencia de las piezas, perfectamente acreditada por los responsables del caso, fue el primer elemento que apuntaba en esa dirección, pero la investigación de los intermediarios y de los contactos de éstos en las zonas de origen de las obras confirmaron las primeras sospechas. El trabajo de la Comisaría General de Información se dirigió a esta parte de las pesquisas, que aún tendrán que dar nuevos resultados, algunos de ellos en otros países con los que se está colaborando.

A las siete y media de la mañana del pasado sábado una caravana de vehículos de la Policía salía de sus dependencias de Barcelona para proceder a la fase de explotación de la investigación. A partir de entonces se realizaron las dos detenciones y cinco registros, tres en Barcelona y dos en Argentona.

Los rastreos en el taller de reparación de las piezas, la nave en la que se almacenaban, la galería de arte de la Ciudad Condal y la vivienda del principal implicado –una torre de Argentona de un gran valor–, han servido para encontrar una importante cantidad de documentación de la que se espera obtener nuevas líneas de investigación. Eso, además de las numerosas piezas de origen cirenaico y de la zona tripolitana intervenidas, así como siete mosaicos, sarcógafos y piezas de origen egipcio. Una de las piezas aún tenía tierra del lugar donde fue extraída.

Cuando los agentes le pusieron las esposas se mantuvo en silencio. Daba la impresión de que sabía en el lío que se había metido, porque si hay algo que no podía alegar era desconocimiento. «Trabajaba mucho, estaba perfectamente informado de todo, también de los riesgos que asumía al comenzar a tener ese tipo de actividad», dicen las fuentes consultadas por ABC.

«Más que saber vender, lo importante en esta profesión es saber comprar, y yo he tenido acceso a unos coleccionistas que, además de monedas, tienen obra de tamaño mayor y a los que no suelen llegar las grandes galerías, puesto que es un ambiente muy cerrado, para especialistas», se jactaba Jaume Bagot en la citada entrevista.

«Los objetos importantes resultan cada vez más difíciles de encontrar, ya se vendieron, y con la aprobación en 1985 de la Ley de Patrimonio Histórico en España, todo nuevo hallazgo es propiedad del Estado, normativa que se replica en el resto del mundo», añadía Bagot. «Este es un mundo muy complicado, donde cuesta mucho entrar».

Lo más curioso, ahora, es conocer su visión de los expolios que hicieron los terroristas de Daesh en Mosul o Nimrud, donde se destruyeron auténticas joyas del patrimonio artístico iraquí: «Las piezas extraídas en plena guerra nunca llegan al mercado legal. Un comerciante reputado y serio no quiere vender nada sacado de Mosul, pues el coleccionista obviamente tampoco quiere poseerlo. Son piezas calientes y causan graves problemas: el contrabando de antigüedades es un delito serio». Mucho más cuando con esa actividad delictiva se financia una organización terrorista, cabría añadir.

La investigación aún tiene que dar resultados importantes. En particular, el seguimiento del dinero que se ha movido en este tipo de compraventas. Se han detectado pagos en efectivo y documentación falsa, que indicaba que la mercancía llegaba desde países asiáticos y de Oriente Medio. En ocasiones se declaraban piezas por un valor irrisorio. Pero dos años de trabajo de la Policía han dejado la trama al descubierto.