Los nacionalistas «bisagra» pierden fuelle en Aragón, Galicia y Andalucía

Los nacionalistas que han actuado de partidos «bisagra» han sufrido un serio varapalo en Galicia, Aragón y Andalucía. BNG, Chunta Aragonesista y PA han visto recortados su número de votos y, en

M. T./M. B./J. L. J. MADRID.
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Los nacionalistas que han actuado de partidos «bisagra» han sufrido un serio varapalo en Galicia, Aragón y Andalucía. BNG, Chunta Aragonesista y PA han visto recortados su número de votos y, en consecuencia, sus escaños con respecto a los comicios de 2003.

En Aragón, el batacazo de CHA ha sido clave para el afianzamiento de los socialistas. Los nacionalistas, que se habían convertido en 2003 en la tercera fuerza política de Aragón con cerca de 100.000 votos, han visto disminuir sus apoyos prácticamente a la mitad y su número de diputados ha pasado de nueve a tan sólo cuatro.

De esta manera, Chunta ha retrocedido hasta niveles que no registraba desde 1995, cuando obtuvo 34.043 sufragios y dos escaños en las Cortes aragonesas, ya que incluso en 1999 consiguió un mejor resultado que ahora, con 72.129 papeletas y cinco parlamentarios.

Zaragoza capital

El grueso del desplome procede de Zaragoza capital, donde por primera vez había conseguido «tocar poder» en una institución importante y ha gobernado en la última legislatura como socio del socialista Juan Alberto Belloch. El ex ministro ha dejado que CHA se queme a sí misma con su gestión al frente de un área tan jugosa pero al tiempo arriesgada como Urbanismo, al frente de la cual se situó el líder del partido en la ciudad, Antonio Gaspar. Decisiones polémicas como la reconstrucción del estadio de La Romareda y el derrumbe de parte de la que iba a ser la sede de Urbanismo han acabado por pasarle factura.

La pérdida de confianza en CHA en Zaragoza se ha expresado tanto en las urnas de las locales, donde ha caído de 62.211 a 29.230 votos, como en las de las autonómicas (de 62.221 a 27.971). En total, en las municipales ha pasado de 88.939 a 58.469 votos, aunque paradójicamente ha crecido en número de concejales, de 196 a 228. En las autonómicas, los 97.777 de 2003 se han transformado en 54.483.

El principal beneficiado de la caída de CHA ha sido el PSOE, que ha ganado un concejal en Zaragoza y tres diputados en las Cortes de Aragón. Si se analiza este último dato, se aprecia cómo los socialistas han ganado un escaño por cada una de las tres circunscripciones de la Comunidad con un escaso avance en votos, ya que se han visto favorecidos por los desencantados de Chunta. Más aún, en Huesca han logrado un diputado más a pesar de haber descendido en el número de votos total, que ha pasado en esta provincia de 29.895 a 29.701.

La otra formación que ha aprovechado el descenso de CHA es IU, que ha conseguido regresar al Ayuntamiento de Zaragoza con un concejal.

En Andalucía, la trayectoria del PA en los últimos años es similar a la del cangrejo: va hacia atrás, cada vez tiene menos votos, menos alcaldías y menos concejales. Desde 2003 han ido perdiendo paulatinamente votos. De hecho, entre las últimas municipales y las del domingo perdieron casi cien mil y se han quedado con 141 concejales menos.

Andalucistas en el desierto

El PA no ha logrado representación en ninguna de las ocho capitales y el más estrepitoso fracaso ha sido el cosechado por el candidato de Sevilla, Agustín Villar, que no fue capaz de sacar un sólo concejal. También aunque saquen 17 alcaldías con mayoría absoluta, entre ellas San Fernando, Utrera, Ronda o Vera, pierden localidades importantes como Isla Cristina, desaparecen del mapa de Algeciras (donde tenían siete concejales) o no consiguen tampoco ser la fuerza más votada en Écija aunque ganen (sin mayoría absoluta) en otras localidades como Marchena o saquen buenos resultados en Ubrique.

Los andalucistas, que más que a la travesía del desierto, parecen iniciar el camino del destierro, también han perdido más de 40.000 votos desde las pasadas elecciones autonómicas en las que ya habían iniciado la cuesta abajo pese a que durante ocho años fueron socios del PSOE en la Junta.

La debacle del PA se produce, además, en la primera prueba de fuego a la que se sometía Julián Álvarez como secretario general después de que tomara el relevo en el partido. Sin embargo, su debut en unas elecciones no ha podido ser peor. Aunque no reunirá a su ejecutiva hasta el sábado, la sensación de pesar era latente y parece necesario analizar lo que está pasando y por qué se han producido tan malos resultados en toda la geografía andaluza. Álvarez decía la madrugada del lunes que los resultados eran «manifiestamente mejorables» y lo achacaba al bipartidismo. No hacía alusión alguna el hecho de que el que fue su contrincante en su carrera hacia la secretaría general del PA, el alcalde de Utrera, Francisco Jiménez, es de los pocos andalucistas que todavía ganan por mayoría absoluta.

Varapalo a la gallega

En Galicia, respecto a los comicios de 2003, los nacionalistas han perdido 10.000 votos, obteniendo más de 315.000 sufragios en toda Galicia. La dirección nacional estableció como objetivo la consecución de 30 alcaldías, y lo cierto es que gracias a pactos de gobernabilidad con el PSOE no van a andar lejos. Pero analizados en profundidad los resultados, el BNG sufre un histórico varapalo en las grandes ciudades. No aumenta representación en ninguna de las siete urbes gallegas, baja en cinco y lo único que consigue es consolidar al PSOE como la segunda gran fuerza de la Comunidad.

Especialmente contundentes fueron los resultados de Vigo y Pontevedra. En la ciudad olívica gobernaron coaligados con el PSOE de 1999 a 2003, pero desde aquella cita en que consiguió ocho actas de concejal no ha frenado su descenso. En las anteriores municipales cayó a siete, y ahora Santiago Domínguez ha bajado hasta las cinco. Pontevedra es todavía más doloroso. Era la única gobernada por los nacionalistas, en un empate técnico con el PP a diez ediles, roto ayer por el popular Telmo Martín, que ascendió a doce. Los siete concejales de Miguel Anxo Fernández Lores le vuelven a obligar a pactar con la socialista Teresa Casal, pero ahora con mucha más igualdad entre los socios.

Un desplome similar han sufrido los nacionalistas en Ferrol, donde pasaron de seis a dos concejales, mientras que en Lugo, Orense, La Coruña y Santiago amarraron la representación obtenida en 2003 o experimentaron leves descensos.