Música. Sus primeras notas

Do, Re, Mi, Fa. -entonan los niños-. «Vamos con la canción del otro día», dice José Luis. Así empieza la clase musical de hoy en el colegio Calvo Sotelo de Sevilla. De lunes a jueves, a la misma hora

SUSANA GAVIÑA
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Do, Re, Mi, Fa. -entonan los niños-. «Vamos con la canción del otro día», dice José Luis. Así empieza la clase musical de hoy en el colegio Calvo Sotelo de Sevilla. De lunes a jueves, a la misma hora, un especialista en música infantil, y ante la atenta mirada y la colaboración de Rosario, la «seño» de la clase, acerca durante media hora los misterios de la música a niños con edades comprendidas entre los 3 y los 5 años.

El resultado es que Antonio, Ainhoa, María han pedido a los últimos Reyes Magos casa un instrumento: un oboe, un clarinete... Tal vez lleguen un día a ser como Mozart, o tal vez no. Realmente no es lo más importante ni el motivo por el que, junto a casi 1.500 niños, sigan este año el proyecto de Educación Musical Infantil que desarrolla desde el pasado curso la Fundación Barenboim-Said. El objetivo de este proyecto «piloto» es acercar la música a los niños desde edades muy tempranas no con el fin de convertirles en talentos precoces sino de ayudarles a ver, percibir y comprender el mundo de forma humanística.

Distintos caminos, un objetivo «No se trata de educar para la música sino a través de la música». Estas palabras se las hemos escuchado en numerosas ocasiones a Daniel Barenboim, uno de los precursores junto a el intelectual palestino Edward Said de esta Fundación, creada en Sevilla en 2004. El director de orquesta y pianista argentino-israelí no ceja en su empeño por defender la música como un instrumento de entendimiento y de conocimiento del otro, como ejemplifica cada verano, desde hace casi una década, el West-Eastern Diwan, con sede en la localidad sevillana de Pilas.

Con este germen nacieron las guarderías musicales, siendo la pionera la que se encuentra en Ramala (Palestina), promovida por la Fundación Tres Culturas, precedente de la Fundación Barenboim-Said, y que cuenta con el apoyo de la Junta de Andalucía. Después, surgió la colaboración con las escuelas públicas -seleccionadas por al Consejería de Educación- de la capital hispalense, y que si bien el curso pasado fueron cinco, éste año se han triplicado hasta catorce (de estratos sociales muy diferentes), gracias a la gran acogida por parte de todos: niños, padres, centros, profesores y especialistas.

También Berlín (donde la enseñanza musical se imparte a lo largo de todo el día), y próximamente Milán (donde Barenboim ejerce como principal director invitado de la Scala), ha abierto una guardería musical infantil.

Aunque diferentes, ambas propuestas siguen de cerca la del otro. Así los profesores tanto de la capital alemana como los de Sevilla se reunieron recientemente en España para intercambiar información y analizar la evolución de cada uno de ellos. En lo que coinciden ambos proyectos es en la meta que persiguen. «Aunque se llegue a él por caminos distintos, lo que se pretende es que los niños utilicen la música para expresarse ellos mismos y respecto a su entorno. Aprender a escuchar a los demás, a expresar la fantasía y a fortalecer el yo», explica a ABC el musicólogo italiano Joseph Thapa, coordinador del proyecto de Educación Musical Infantil de Sevilla.

Un proyecto que cuenta con el apoyo de la Consejería de Educación de la Junta y la Universidad de Sevilla, encargada de diseñar los programas que son llevados a cabo, después de participar en diversos cursos de formación, por jóvenes músicos, algunos de ellos salidos de las propias filas de la Academia de Estudios Orquestales de la propia Fundación, como es el caso de José Luis Fernández, que también ha formado parte en alguna de las ediciones del West-Eastern Diwan.

La Academia, que dirige Elena Angulo, aporta además diversos grupos de cámaras para tocar en las escuelas concertadas, lo que demuestra que todas las vertientes de la Fundación están implicadas en este proyecto pedagógico que crece alimentado por el entusiasmo de todos, sin excepción.

Tanto José Luis como Laura o Javier, los especialistas en música infantil, coinciden en lo «gratificante» de participar en esta experiencia, en la que los prejuicios hacia la música, que arrastran muchos adultos, no existen. «La música se puede enseñar a edades más tempranas,no hace falta restringirla a una determinada», afirma José Luis Fernández, que ha comprobado como gracias a estas clases «el compañerismo y la cooperación han aumentado».

El programa que se imparte en las aulas está desarrollado en tres fases, dirigidas a niños de 3, 4 y 5 años, respectivamente, conformando un ciclo completo que todavía no se ha cerrado (lo hará el año próximo). Será entonces cuando se evalue de manera global la iniciativa. El programa gira sobre cuatro ejes principales: la audición, el canto, la educación instrumental y, el ritmo y el movimiento. Distintas facetas que permiten mejorar la psicomotricidad de los niños y escuchar además músicas «que no oyen habitualmente en casa, como la clásica o la música popular andaluza, que se ha perdido de una generación a otra», indica Thapa.

Más concentración y disciplina Los resultados, según los profesores y los directores de los centros, se aprecia a los pocos meses: «Los niños aprenden a escribir y a leer más rápido que los demás, tienen menos errores de ortografía, están más concentrados, son más disciplinados y tienen más capacidad de socialización».

El proyecto conlleva además un fuerte contenido integrador, «porque la música no discrimina», dice Thapa. Un buen ejemplo de ello es el desarrollo en centros como el Manuel Jiménez Fernández, ubicado en las Tres mil viviendas, una de las zonas más deprimidas de Sevilla, con una alta población gitana, y que ya participó el año pasado. Su director, José Soto, presume con orgullo de la participación de sus alumnos en el concierto celebrado el pasado año en el Teatro Central, «fueron como todos los demás», afirma. Aunque también es consciente de que el alto absentismo en las clases provoca que «los resultados no sean tan inmediatos, se necesita más tiempo». A pesar de ello, José no se desanima, y espera seguir con este proyecto e incluso aumentar su presencia .

Esta integración también se extiende a algunos casos muy especiales -niños con minusvalías o autistas-, con los que se han obtenido respuestas muy positivas. La intención es que este proyecto «piloto» se consolide y siga extendiéndose a otras provincias, y a muchos otros niños.