Mujeres de Lagartera

LUGARDE LA VIDAMónicaFernández-AceytunoLas mujeres de Lagartera tienen la piel limpia y clara como un paño de hilo. Van todas siempre muy bien arregladas, pero lo que más llama la atención es la

Mónica Fernández-Aceytuno
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Las mujeres de Lagartera tienen la piel limpia y clara como un paño de hilo. Van todas siempre muy bien arregladas, pero lo que más llama la atención es la claridad de su piel, como si la hubieran protegido del sol toda la vida caminando por las calles donde daba la sombra.

Las primeras señoras que yo conocí de Lagartera, fueron Cecilia y Dionisia, que entonces eran muy jóvenes, pero que a mí siempre me parecieron unas señoras que desde el principio de su vida tuvieron ese porte y esa altura, que es la misma de su pueblo sobre los campos.

Cuenta Ceci que tras el Corpus pasa el campo del verde al amarillo, y lo cuenta sin pena ni alegría, sabiendo que hay días cortos y días largos, días de sol y de lluvia, de calma o de viento, y en ese vaivén de las cosas y de los días viven Cecilia y Dionisia. Su casa, también está en un alto y para coser se sientan con la ventana a un lado, y el televisor al otro, y aunque no tengan ojos más que para la labor, les sirven de compañía las voces de la televisión, y los chirridos de los vencejos que anidan en el tejado de la carpintería de sus hermanos, o el runrún de la lavadora que está en la misma estancia, la más pequeña de la casa, y en dos sillas también pequeñas y bajas, bordan. No necesitan mucho espacio para hacer unos manteles enormes, de hilo, bordados de rosas. La casa dispone de un estupendo salón y de varios dormitorios primorosos, pero cosen en la habitación más pequeña, tal vez porque desde allí se ve el campo, o porque necesitan estar recogidas para hacer su obra de arte.

Mañana domingo se celebra en Lagartera el Corpus y sacan al Niño Jesús a la calle. En casa de Pepita hay uno precioso en una habitación donde no he visto más colores en la vida, más dorado y más azul y más rojo. Tanto color que impresiona, como los colores de México. Creo que las calles se vuelven también así de coloridas, y se sacan las mejores labores y se llenan de flores y de olor a romero y de hinojo y de albahaca, porque el olor es otra forma de colorear el aire.

Qué pena me da no estar allí mañana.