Mucho ruido y poca adhesión

M. BIANCHI / I.M. PRADA | MADRID
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A las nueve y media de la mañana el acceso principal a la delegación especial de la Agencia Tributaria situada en Guzmán El Bueno número 139 estaba «acondicionada» para la ocasión. Pegatinas y panfletos con lemas como «Estamos en huelga, disculpen las molestias» o «¡Movilízate!» cubrían la calle. Pero los representantes de CC.OO. apostados allí se contaban con los dedos de una mano y el público accedía sin dificultades al edificio. Dentro, el trajín de un día más. «La verdad, no se nota la huelga, todo funciona con normalidad», indicaba un empleado del mostrador de información. Una hora después, los pocos agitadores de esa Administración se movilizaban hacia los Juzgados de Plaza de Castilla. Allí había una treintena de manifestantes con pancartas y banderines del sindicato liderado por Ignacio Fernández Toxo. En el vestíbulo principal se veía la actividad habitual y se comentaba que la mayoría de los juzgados -más de 50 salas- no se habían plegado a la llamada de los sindicatos.

«Es difícil hacer un recuento del grado de adhesión, hay muchas oficinas y rincones en este edificio», confesaba un representante sindical. Pero afuera, Felicidad López, Coordinadora de CC.OO. de Justicia de Madrid, no dudaba en anunciar el éxito de la huelga. «Tenemos un 74,8% de adhesión contando los juzgados de la capital, Móstoles, Getafe, Alcalá de Henares y Leganés», decía en una improvisada rueda de prensa. Sólo unos minutos antes no sabían siquiera si llegaban al 40%.

Más desoladora era la escena frente al I.E.S. «Joaquín Turina», a pocos metros de la Avenida de Filipinas. Allí dos profesoras de lengua intentaban disuadir a otra para sumarse a la protesta. «No hago nada que me manden los sindicatos», fue la respuesta contundente que recibieron. «Nosotras tampoco creemos en los sindicatos, no tienen fuerza moral, de hecho no nos hemos adherido al paro, pero salimos a la calle durante el recreo para dar nuestro testimonio», comentaba una de las solitarias manifestantes.

Algo parecido ocurría en el hospital universitario Gregorio Marañón, donde un médico adjunto ponía en entredicho la credibilidad de los sindicatos: «No he visto a ningún compañero que haya faltado. Casi nadie ha secundado la huelga».

Lo cierto es que el 8-J no trastornó «en lo más mínimo» la rutina del centro sanitario. Todo transcurrió «con absoluta normalidad», según otra trabajadora.