Caroline del Valle, desaparecido en Sabadell en 2015 - ABC / Vídeo: Cuatro años sin Caroline

Los Mossos van a contar con perfiladores internacionales para centrar al asesino de Caroline del Valle y la zona de Sabadell en la que la ocultó

El pasado noviembre la niña habría cumplido 18 años

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«Que busquen a mi hija como sea. Necesitamos saber qué le pasó. Era una niña». Isabel Movilla vive para encontrar a su pequeña, que desapareció la madrugada del 14 de marzo de 2015 en la controvertida zona Hermética de Sabadell (Barcelona), un «botellódromo» levantado sobre naves industriales y tomado por cientos de jóvenes al ritmo de música y alcohol. Caroline del Valle tenía solo 14 años. Sus padres creían que estaba durmiendo en casa de su amiga Silvia en Hospitalet hasta que a la noche siguiente descubrieron el engaño. Ya era muy tarde.

«Las primeras 72 horas son críticas, pero dado el perfil de los implicados pensaron que Caroline seguiría de juerga y volvería tras el fin de semana. Los Mossos se equivocaron», asegura Manuel Navarrete, abogado de la familia.

Pasadas las cinco de la madrugada, una veintena de menores corrieron en varias direcciones al aparecer coches patrulla de los Mossos d’Esquadra. Salvo Caroline y dos amigas, todos estaban tutelados por centros de menores de la Generalitat y se habían fugado como casi todos los fines de semana, de ahí que quisieran ocultarse.

Desde aquella noche no hay rastro de la niña, que el pasado noviembre habría cumplido 18 años. Los Mossos investigan el caso como una desaparición forzosa desde los primeros días, pero en estos cuatro años y cuatro meses las pesquisas han estado salpicadas de mentiras, falta de colaboración y una instrucción judicial más que cuestionable que ha archivado ya de forma provisional las investigaciones en dos ocasiones y ha denegado la mayoría de pruebas que se solicitaban.

Un único sospechoso

Isabel Movilla y su familia han sido víctimas dobles o triples. Han perdido a su niña, les han insultado, amenazado, despreciado e incluso extorsionado con pistas falsas. Aquel domingo cuando Caroline no apareció a la hora convenida, la madre llamó a Silvia, la amiga con la que creía que estaba durmiendo. Esta menor mantuvo durante tres días la farsa de que la niña se había ido a su casa en la Zona Franca de Barcelona después de comer. El teléfono de Caroline hizo una última llamada pasadas las seis de la madrugada, pero no llamó a su íntima, sino a otra menor marroquí tutelada, con la que también estuvieron.

La última persona que la vio con vida fue Jacine Madih, conocido como «Justin», entonces menor y que ya sabe lo que es cumplir condena. Aseguró a la juez que Carol corrió tras él cuando aparecieron los policías; le dijo que estaba agotada y se escondió debajo de un coche. Él huyó porque estaba en busca y captura. Los casi veinte menores que habían pasado la noche juntos en la zona Hermética –estuvieron antes en una discoteca de Barcelona– se volvieron a reunir en el McDonals de la estación de Sants, como solían.

«Justin» apareció mucho más tarde que los demás, casi a las ocho y media de la mañana; con rastros de barro y la ropa cambiada. Según él estuvo en un descampado escondido, esperando a que pasara el tiempo y se metió en una alcantarilla de riego y en el castillo abandonado de Can Feu. Declaró que estaba preocupado por si podía salir «perjudicado».

Los Mossos –a los que los menores cerraron la puerta, se negaron a declarar y mintieron– sostienen que es el único que no tiene «coartada fiable». Casi ninguno compareció ante la juez. Unos están fugados y otros no aparecen por sus casas. La titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Barcelona se refiere en varios de sus autos a una «desaparición de ámbito criminal (posible homicidio y posterior ocultación de cadáver) de una menor de 14 años. Y aun así, en junio de 2017 acordó el sobreseimiento provisional en tres párrafos: «De las actuaciones practicadas, testificales, periciales, informes policiales y otras documentales no resulta por el momento debidamente justificada la perpetración del delito que motivó la incoación del presente procedimiento (...)». El día que a Isabel se lo dijeron sufrió un ataque de ansiedad.

Prueba de la verdad

Pero eso no la arredró. Igual que había hecho hasta entonces siguió llamando a todas las puertas, las que estaban a su alcance y las que no, pidiendo que se hicieran búsquedas selectivas, que se obligara a declarar a los menores, recurriendo a medios y detectives privados.

«La investigación está basada en medios técnicos, un cruce de geoposicionamientos de los teléfonos de los implicados con las testificales», explicó en su día a ABC el jefe del Área Central de Personas, Jordi Domenech. Pero como se ha dicho, la mitad no han declarado y otros han mentido.

En enero de 2018, el programa «Desaparecidos» de TVE entrevistó a «Justin». Con gorra y actitud displicente aseguró:«Yo me quería olvidar. Lo he pasado mal» y cambió su declaración. Introdujo en el escenario de aquellas horas a «tres hombres gitanos», uno «superborracho» para añadir que no sería capaz de reconocerlos. La juez reabrió días después el caso para volver a archivarlo a los ocho meses. El objetivo es que no transcurra el plazo procesal. Pero una madre no entiende de plazos, sino de hijos perdidos. Como Isabel. En marzo, se reunió con Inés Arrimadas y con otros miembros de Ciudadanos de Cataluña.

Estos días ha recuperado algo de confianza. El 8 de julio fue convocada a una reunión con los responsables de los Mossos en Sabadell. A ella y a su madre las recibieron el jefe de la División de Investigación Criminal, Toni Rodríguez, y el jefe del Área Central de Personas, Jordi Domenech, para ponerlas al tanto de lo que quieren hacer. A finales de verano tienen previsto contar con la colaboración de dos perfiladores policiales internacionales que les ayuden a centrar al asesino de la niña y la zona en la que puede estar el cuerpo. Además, solicitarán al nuevo juez una prueba «de la verdad» a base de imágenes y sonidos. Y quieren emprender nuevas búsquedas en naves abandonadas. Hay también informes de tráfico de llamadas pendientes. «Pudimos ser más incisivos en esas primeras horas», admiten. En los últimos meses han resuelto con éxito dos desapariciones complejas: la de Janet Jumillas y la de Mónica Borràs. Ambas estaban enterradas. Ese es el miedo y la sombra con la que cada día se despierta Isabel.