Montero, a la derecha, con Juan Ignacio Pérez, candidato a sucederle. TELEPRESS

Montero deja la UPV entre elogios del PNV y críticas de los constitucionalistas

M. ALONSO
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BILBAO. La decisión del rector de la Universidad del País Vasco de no presentarse a la reelección por el «hartazgo» de las amenazas de ETA y las críticas de los partidos constitucionalistas a su gestión, ha abierto la carrera por la sucesión de una institución situada en el ojo del huracán de la política vasca.

Si Montero ganó las elecciones apoyado por los constitucionalistas, muchos de los cuales le han retirado su respaldo, no está claro cuál será el perfil de su sucesor, ya que no hay dos bloques en la comunidad universitaria, sino múltiples sectores. Como posibles candidatos se habla de Juan Ignacio Pérez, profesor de Biología Animal que elaboró el proyecto de euskaldunización de la Universidad; Javier Muniozguren, que fue viceconsejero de Universidades cuando Ignacio Oliveri, de EA, estuvo al frente de la consejería de Educación; Marisol Esteban, que fue la secretaria general de la UPV durante la primera mitad del periodo de Manuel Montero, y Francisco Doñate, catedrático de Medicina, vinculado a sectores de Comisiones Obreras que tienen un gran peso en la UPV.

Reacciones dispares

Los comentarios de los partidos políticos tras anunciar Montero su retirada reflejan las contradicciones de una gestión que empezó con los discursos más duros contra ETA que se habían pronunciado en la Universidad del País Vasco y terminó defendiendo unos expedientes académicos conseguidos por terroristas mientras se encontraban huidos de la Justicia. Después de que el Departamento de Educación del Gobierno vasco le escamoteara su apoyo durante todo su mandato, desde el PNV Xabier Ormaetxea manifestaba que «ha sido honesto en la defensa de la UPV frente a los violentos y la derecha española».

Por su parte, el presidente del PP del País Vasco, Carlos Iturgaiz, lamentó «que las personas que dirigen muchas instituciones de este país al final tengan el hartazgo y la desazón de tener que marcharse por amenazas y por planteamientos que no deberían existir en ninguna democracia del siglo XXI». En el socialismo vasco no ha habido un único criterio respecto a la gestión de Montero. Mientras Isabel Celá consideraba que «ha realizado una magnífica labor en un momento difícil», Gotzone Mora adoptaba una posición crítica.

Como peor momento de su mandato, Montero apuntó el atentado frustrado de ETA contra la profesora Edurne Uriarte, en diciembre de 2000, y como época de «cansancio emocional», cuando la UPV se convirtió, según sus palabras, en un «pim, pam, pum» cuando se descubrieron las facilidades para aprobar a los presos de ETA que se habían matriculado en sus facultades.