Hay vida lejos de la gran ciudad
Vista del río Ebro a su paso por Logroño - rafael lafuente

Hay vida lejos de la gran ciudad

Frente a la vorágine de Madrid y Barcelona, las ciudades de tamaño medio brindan un entorno confortable y, lo que es más importante, ya no coartan como antes aspiraciones profesionales o sociales

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Qué equilibrada vida, la de las capitales de provincia, con sus dosis justas de mundanal ruido. Las ciudades medianas de España ya no envidian la permanente huida hacia delante de la metrópoli, exhausta de decibelios y neón, y se han ido consolidando como un entorno a la medida del individuo, sin carencias y sin excesos. El pulso Madrid-Barcelona queda en otra órbita, más rutilante pero también más hostil. El balance de indicadores de todo tipo (económicos, educativos, ambientales o sociales) acredita las crecientes ventajas de lo abarcable frente a la desmesura urbanita de cláxones y polución.

Superados definitivamente clichés de ambientes opresivos y alicortos como los reflejados en «La regenta» de Clarín, «Entre visillos» de Carmen Martín Gaite o en la película «Calle Mayor» de Juan Antonio Bardem, las ciudades de tamaño medio se abren paso como el ámbito más propicio para la calidad de vida. Y, lo que es más importante, no sólo porque lo digan los estudiosos, sino porque así lo sienten sus habitantes. Es una percepción compuesta de elementos objetivos y subjetivos, y reconvertida en ingrediente destacado no sólo de las estadísticas, sino también de eso que llamamos «felicidad».

Además, la provincia ha dejado de ser sinónimo de limitación o falta de horizontes, un tópico que ya liquidó Miguel Delibes, narrador de alcance universal con base en Valladolid. Pero no sólo los creadores pueden llegar a permitirse el lujo de no volar del terruño para triunfar: a Amancio Ortega el éxito global del imperio textil Zara-Inditex no le ha impedido mantener su residencia en La Coruña, la misma ciudad en la que siempre ha vivido y donde nació su negocio. En otro ámbito, lo mismo ha sucedido con la saga de oftalmólogos Fernández-Vega. Lo más fácil para ellos habría sido consolidar su prestigio en Madrid o Barcelona, y, sin embargo, han logrado invertir la habitual tendencia centrípeta de las elites sanitarias y convertir su clínica de Oviedo en centro de peregrinación para cien mil pacientes cada año, procedentes de toda España y también de Francia o Portugal.

«Hay momentos —reflexiona Luis Fernández-Vega— en los que te planteas si vivir en una ciudad pequeña puede cercenar tu carrera. Pero yo tomé como referencia la clínica Mayo de Rochester, en Minnesotta, a la que viaja gente de todo el mundo en busca de diagnóstico y tratamiento. Así que nuestra apuesta ha sido la de que, si prestigias tu labor, la gente vendrá al lugar en el que la desarrollas». Apunta también que «en Oviedo tenemos casi todas las ventajas de un medio urbano sin sus grandes inconvenientes, como la pérdida de tiempo en desplazamientos. También la relación personal es más cercana. Además, en mi caso, me gustan el campo y el mar, y tengo cerca las dos cosas».

El escritor Andrés Neuman, residente desde hace 21 años en Granada, argumenta que es «uno de los que piensan que la parte principal de dedicarse a escribir es la propia obra, y, para crearla, ayuda mucho vivir en una ciudad donde no resulta tan difícil quedarse en casa. El aparente obstáculo de estar alejado de los centros de poder editorial lo compensas al esquivar las distracciones de la vida social. Porque, como suele decirse, en Madrid o das una conferencia o te la dan». Añade que, en todo caso, su planteamiento no es «una oda bucólica, pues me encantan Madrid, Barcelona o Nueva York. Pero, caramba, hoy en día hay trenes, y físicamente se escribe mejor desde la periferia, con mayor concentración estética en tu trabajo». En la misma línea se pronuncia Manuel Vilas, novelista y poeta establecido en Zaragoza: «Hace cuarenta años, la profesionalización como escritor era imposible fuera de Madrid o Barcelona. Ahora no, gracias a internet». Vilas admite «que estar lejos de los cenáculos supone un inconveniente porque pierdes visibilidad, pero, como compensación, ganas en tranquilidad, en independencia y en la limpieza de la mirada». Ajeno a cualquier «idea patriótica» sobre su ciudad, ve sin embargo como una carencia que «como en el fútbol, haya sólo dos equipos que se lo ventilan todo. En España podemos aspirar a que ciudades como Sevilla, Valencia, Zaragoza o Málaga sean también galácticas».

Rankings significativos

Resulta elocuente que en el estudio sobre la reputación las ciudades españolas que en tres ocasiones ha elaborado la consultora Merco, Madrid y Barcelona encabezan inevitablemente las clasificaciones en los órdenes prácticos de la vida (negocios, estudios, búsqueda de trabajo), pero cuando los indicadores se conjugan para determinar cuál es «la mejor ciudad para vivir», la vencedora es Logroño. Una capital de 150.000 habitantes (menos que Hospitalet de Llobregat o Móstoles) donde no hay playa ni un patrimonio monumental deslumbrante. Tampoco puede presumir la ciudad riojana de una oferta cultural o de ocio sobresaliente, pero sí de un entorno socioeconómico equilibrado capaz de satisfacer las necesidades y aspiraciones de quienes viven en ella. Por detrás se sitúan Bilbao, Zaragoza, Vitoria, San Sebastián y Santander, y sólo en séptimo lugar irrumpe la gran ciudad: Madrid.

«Provincianos» satisfechos

El director de Merco, Justo Villafañe, explica que estos estudios surgieron de la conclusión de que «igual que una empresa, una ciudad es perfectamente evaluable, pues también compite con otras y busca su singularidad». A partir de ahí, de los propios resultados surgió la puesta en valor de la ciudad de provincias, esencialmente por el peso de las calificaciones que hacen los ciudadanos sobre su entorno.

La enorme brecha que antes existía entre el binomio Madrid-Barcelona y el resto de ciudades, indica Villafañe, se va haciendo más pequeña: «Por ejemplo —esgrime— Bilbao ha dado un paso hacia delante impresionante y su calificación se va aproximando cada vez más a la de las dos grandes». Y ciudades más pequeñas que la capital vizcaína son las mejor consideradas por quienes viven en ellas: San Sebastián, Oviedo y Albacete son las tres poblaciones que generan un mayor índice de satisfacción entre sus habitantes. Otro modo de abordar ese vínculo con la propia ciudad es el que los encuestadores de Merco denominan «orgullo de pertenencia», y ahí aparecen al frente San Sebastián, Oviedo, Sevilla y La Coruña. Además, a través de encuestas entre expertos también ha averiguado Merco cuál es la «ciudad con mejor reputación medioambiental» (Vitoria, seguida de Barcelona y San Sebastián), la de «mejor reputación competitiva» (Madrid, Barcelona y Bilbao), la de «mejor reputación social y democrática» (Madrid, Barcelona y Vitoria) y con mejor reputación de gestión (Barcelona, Madrid y Vitoria). También la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) puso el foco hace unos años en la calidad de vida de 17 ciudades, en concreto de aquellas con más población de cada comunidad autónoma. Su investigación arrojó la conclusión de que Pamplona era la mejor valorada por sus propios habitantes, seguida de Bilbao, Gijón, Logroño y Albacete.

Pero, a la hora de establecer este ranking, ¿qué resultó ser lo más importante para los ciudadanos, en su día a día? En primer lugar, la seguridad, y después, el mercado laboral, la vivienda, la asistencia sanitaria y la movilidad y el transporte, por este orden. Pero lo más revelador del estudio, que tuvo un campo de acción más amplio (se realizó sobre 76 localidades de España, Italia, Bélgica y Portugal) fue que en él ganaron por goleada las ciudades de tamaño medio. Bruselas, la primera de las grandes capitales en la clasificación, aparecía relegada a la mitad de la tabla. En provincias está el ámbito virtuoso donde aún es posible distinguir las voces de los ecos.