Máximo reconocimiento en el último adiós a Gabriel Cisneros

Decía el obispo auxiliar de Toledo y ex prelado de Tarazona, monseñor Carmelo Borobia, en la homilía del funeral por el diputado popular Gabriel Cisneros, que «España le debe mucho» porque era un

PALOMA CERVILLA. MADRID.
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Decía el obispo auxiliar de Toledo y ex prelado de Tarazona, monseñor Carmelo Borobia, en la homilía del funeral por el diputado popular Gabriel Cisneros, que «España le debe mucho» porque era un «hombre de bien» que «dedicó su vida al servicio de nuestra patria y de sus ciudadanos», recordando su empeño por trabajar en «el marco de convivencia en el que queremos vivir». Y lo decía bien, el sacerdote y amigo, porque la despedida que ayer le tributó la clase política y el Estado, que él tanto ayudó a construir, fue el reflejo de estas palabras de su amigo en el último adiós en la iglesia de San Fermín de los Navarros.

Convivencia y reconciliación

El hecho de que la figura, ya histórica, de Gabriel Cisneros rebasara los límites del mero debate político y se hubiera erigido como referente de una etapa de la Historia de España, marcada por la convivencia y la reconciliación, motivó que fuera el propio presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, quien a las diez de la mañana presidiera en la sala Isabel II del Congreso la imposición, a título póstumo, de las medallas del Congreso y el Senado.

Rodríguez Zapatero, flanqueado por Manuel Marín y Javier Rojo, presidentes de las dos cámaras, y ante una amplia representación de todas las fuerzas políticas: el portavoz popular, Eduardo Zaplana; el de IU, Gaspar Llamazares, y el de CiU, Josep Sánchez Llibre, hacía así justicia a un hombre al que calificó como «buen parlamentario, un jurista brillante y, ante todo, una persona proclive al diálogo y el entendimiento».

El presidente había querido unirse al dolor de los hijos y familiares de Cisneros y de los populares, pero también a socialistas como Alfonso Guerra, que ayer por la mañana se acercó a la capilla ardiente, para recordar a una persona de una «gran relevancia» y dejar constancia de que «es el primer ponente constitucional que perdemos, de esa Constitución que ha sido lo mejor que ha pasado en España en su historia contemporánea», según manifestó Rodríguez Zapatero al abandonar la Cámara Baja.

La visita del presidente del Gobierno cerraba así un duelo, que el propio político popular había querido que tuviera lugar en el Congreso, donde desarrolló gran parte de su vida política. Al filo de las once de la mañana, un coche fúnebre abandonaba el Palacio de la Carrera de San Jerónimo y trasladaba el féretro de Cisneros a la iglesia de San Fermín de los Navarros, donde a las doce se celebró una misa funeral.

En el templo madrileño se volvió a repetir el espíritu de unidad política, por encima de ideologías, que ha caracterizado la despedida del diputado popular. De las primeras en llegar fue la ministra de la Vivienda, Carme Chacón, minutos antes lo había hecho la ex presidenta del Congreso de los Diputados, Luisa Fernanda Rudí. El Gobierno también estuvo representado por el ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba. Junto a los presidentes del Congreso y el Senado, ocuparon las primeras filas del templo la presidenta del Tribunal Constitucional, María Emilia Salas; el Defensor del Pueblo, Enrique Múgica; y el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, entre otros.

El Partido Popular estuvo ampliamente representado por su presidente, Mariano Rajoy; el ex presidente del Gobierno José María Aznar, junto a Ana Botella; los miembros de le ejecutiva, Ana Pastor, Ignacio Astarloa y Gabriel Elorriaga; así como la presidenta del parlamento regional, Elvira Rodríguez; Pilar del Castillo, Mercedes de la Merced, Vicente Martínez Pujalte y Eduardo Zaplana, que se sintió indispuesto y tuvo que abandonar la iglesia.

El merecido homenaje que ha recibido Cisneros tras su fallecimiento fue agradecido por Mariano Rajoy, en nombre del PP. El presidente popular recordó a Cisneros como «un dirigente político con una gran trayectoria».