Caroline del Valle, desaparecida en Sabadell en 2015
Caroline del Valle, desaparecida en Sabadell en 2015 - ABC

Más de lo mismo

En cuarenta y ocho horas hemos pasado de dar por inevitable el fracaso de investidura a mirar con prudente optimismo un pacto PSOE-Podemos que solo excluye la presencia física de Pablo Iglesias en la foto del nuevo Gobierno

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Estamos tan acostumbrados a los discursos políticos de corto recorrido (hoy, aquí, ahora, en estas circunstancias) que lo que oímos y leemos en los medios de comunicación tiende a entrarnos por un oído y a salirnos por el otro. Si no fuera por eso, las palabras que Sánchez le dedicó a Pablo Iglesias en La Sexta hubieran sonado a ruptura irreparable, a divorcio hostil, a enemistad duradera. El secretario general de Podemos, según el secretario general del PSOE, es un peligro para el prestigio democrático de España (porque no cree que nuestro Estado de Derecho garantice la separación de poderes y el ejercicio de la libertad de expresión de los políticos separatistas), un activista radical (incapaz de enfrentarse a los problemas de fondo con sentido de Estado) y un socio oportunista (que solo quiere entrar en el Gobierno para vampirizar el cargo en beneficio propio).

No era extraño, si en verdad pensaba todo eso, que quisiera mantenerse alejado de él y que pusiera sacos terreros y alambradas con concertinas en el perímetro de la Moncloa para evitar que se colara en la sala del consejo de ministros. ¿Pero lo piensa de verdad? ¿Lo pensaba cuando utilizó papel timbrado de la presidencia del Gobierno para rubricar conjuntamente con él un acuerdo presupuestario? ¿O cuando le pidió que horneara la moción de censura que mandó a Rajoy a beber cubatas? ¿Es compatible ese pensamiento con la decisión de permitir que Irene Montero o Pablo Echenique sean ministros? ¿El único malo malísimo de la película es el líder del partido con el que se quiere coligar? ¿Los otros dirigentes tienen ideas distintas? ¿Reaccionarán de forma diferente cuando haya que recurrir a políticas de Estado?

Anteayer creía que me había equivocado sin paliativos en la apuesta que dejé escrita hace un mes, cuando di por hecho que a estas alturas la mayoría Frankenstein ya habría alumbrado un pacto de investidura. Hoy, en cambio, parece que me equivoqué al creerme equivocado. Era verdad: si repetir la mayoría de la moción de censura era el único modo de conseguir que Sánchez siguiera sentado en la cabecera del banco azul, la operación saldría adelante. No era el plan preferido del PSOE, pero la actitud de Ciudadanos de no apearse del no es no al pacto con el socialismo sanchista lo convertía en el único posible. Sánchez está condenado a seguir atado a más de lo mismo: populismo podemita, independentismo catalán y mercantilismo peneuvista. El espejismo de ver al PSOE renegando de esa horrorosa coyunda solo ha durado tres meses.

En cuarenta y ocho horas hemos pasado de dar por inevitable el fracaso de investidura a mirar con prudente optimismo (es una manera de hablar) un pacto PSOE-Podemos que solo excluye la presencia física —la anímica es harina de otro costal— de Pablo Iglesias en la foto del nuevo Gobierno. Es el caso de volteo de tortilla más súbito de la historia. Hace dos días parecía que estábamos equivocados todos aquellos que dábamos por hecho que el presidente del Gobierno haría todo lo que hiciera falta para seguir siéndolo y ahora los hechos parecen darnos la razón. En un pispás hemos pasado de creer que Sánchez se resistía a deberle la presidencia del Gobierno a un partido moribundo que quiere sobrevivir chupando su sangre, y a reos de sedición a la espera de indulto, a constatar que, en el fondo, le importaba un rábano la identidad del acreedor.

¿Tanto cambia el panorama el hecho de que Iglesias se quede sentado en la bancada de la Oposición mientras sus lugartenientes aterrizan en la moqueta del poder? Me temo todo ha sido una treta para poner en marcha el plan C, que los cabezas de huevo del PSOE tenían cubierto con lonas en el jardín de La Moncloa. Fracasados el requiebro a Ciudadanos y el invento del Gobierno de cooperación, le llega el turno a un Gobierno de coalición con el partido de Iglesias pero sin Iglesias dentro. ¿Algo nuevo bajo el sol? Pincho de tortilla y caña a que es más de lo mismo.