María Galiana «Me premian, me ponen calles... y yo no me creo nada»

Profesora y actrizBlanca TorquemadaAntonio AstorgaVirginia Ródenas-Cómo ha seducido al auditorio al agradecer el galardón de Ceoma y Caja Madrid. ¡He visto a la vez a la profesora y a la actriz!-En la

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Profesora y actriz

Blanca Torquemada

Antonio Astorga

Virginia Ródenas

-Cómo ha seducido al auditorio al agradecer el galardón de Ceoma y Caja Madrid. ¡He visto a la vez a la profesora y a la actriz!

-En la enseñanza hay una cosa clave, que es la vocación.A mí los alumnos no me han dejado de atender nunca. En cuanto veía que se empezaban a distraer, enseguida inventaba lo que fuera, los ponía a hacer trabajos en grupo, sacaba las diapositivas o les hacía buscar algo en el atlas, a ver quién lo encontraba antes...

-¿Partidaria de la tarima?

-A mí nunca me ha faltado la autoridad. No la he necesitado.

-¿En su vida la docencia pesa más que la farándula?

-Desde luego. Soy profesora, siempre profesora. Nunca me planteé la necesidad de ser actriz. Yo a mis compañeros de «Cuéntame» les digo, cuando estamos cómodamente en el camerino: «¡Esto no es trabajar!». Trabajo era lo mío, dar cinco clases por la mañana en el instituto. Siempre he sido peleona y partidaria de una revolución educativa, defensora, por ejemplo, de una «ratio» de alumnos razonable ¡No más de quince! La Logse no sirve para nada, nos ha hecho entrar en barrena y, además, ahora los jóvenes son tan diferentes...

-¿Peores?

-¡No! Tecnológicos. Tenemos que conseguir aquí lo que se ha logrado en Portugal, un ordenador para cada niño, porque el rollo de la palabra se ha acabado.

-¿Así de tajante?

-Sí, no tengo duda.

-Es impresionante la lista de premios que le han llovido desde que protagonizó «Solas».

-¡Los tengo todos, absolutamente todos! Y eso que soy totalmente escéptica, no tengo la más mínima vanidad y no me creo nada. Cuando me entregaron la Medalla de Oto de las Bellas Artes tenía sentado a mi lado a José Luis Gómez y me decía: «¿Qué pensará él, que lleva cuarenta años entregado al teatro, de que a mí me pongan a su mismo nivel?». Si no se la han dado ni a Berta Riaza. Es una auténtica vergüenza.

-No todo el mundo es capaz de guardar esa lúcida distancia.

-En ocasiones he visto cómo algunos premiados pronuncian discursos absolutamente académicos y me he dado cuenta inmediatamente de lo que sucedía. ¡Se lo creen! Yo no. Y eso que ya me han puesto hasta cinco calles...

-¿Tantas? Sólo tenía noticia de alguna de ellas.

-La quinta será en Sevilla. Ya le dicho al alcalde que me la dé en un barrio nuevo, no sea que la líen como con la del general Merry, la que quitaron porque, por ignorancia, le confundieron con el franquista cuando la calle estaba dedicada a su padre...

-La premian en ocasiones por la circunstancia de su edad. ¿Algún elogio de la vejez?

-¡Ninguno! La edad pesa muchísimo, al ver que ya no te queda tiempo para hacer cosas. No quiero ser joven, pero me encantaría tener veinte años menos. Por ejemplo, si llegan a concedernos unos Juegos Olímpicos, yo sé que no los veré. ¡Así que sólo sobrellevo bien los planes a seis meses vista!

-La Herminia de «Cuéntame» es una perita en dulce, pero, ¿no le llega a resultar cansina?

-Pese a que son ya muchos años, le estoy muy agradecida a la serie.

-Le proporcionará una «pensión» golosa.

-Sí. Pero tengo la pena enorme de que hace un año, justo cuando me había comprado una casa a pie de playa en Isla Cristina, falleció mi marido de repente, de un ataque al corazón... Eso sí, ahora tengo decidido que el año que viene quiero irme con mis hijas a Wimbledon o Roland Garros. ¡Me apasiona el tenis y nunca he estado en esos templos!