Colau con Iglesias en Barcelona tras las elecciones municipales de 2015 - EFE

Malestar en Podemos por el filonacionalismo de Iglesias

Críticas internas por el seguidismo a Colau y la falta de un discurso para toda España frente al giro rentable del PSOE

Madrid Actualizado: Guardar
Enviar noticia por correo electrónico

«Cataluña no es la corrupción del PP ni los recortes de la derecha durante la crisis». Esta frase de un diputado de Unidos Podemos en el Congreso describe el vértigo que empieza a cundir en la formación morada tras constatar la peligrosa estrategia de Pablo Iglesias respecto a Cataluña, con un discurso filonacionalista que podría pasarle factura en el resto de España. Dentro del grupo parlamentario se respira gran preocupación por la posible rentabilidad que pudiera sacar electoralmente el PSOE de Pedro Sánchez del fortalecimiento del bipartidismo en su respuesta común contra el golpe de los dirigentes de la Generalitat. Pocos dudan ya dentro de las filas populistas del error que cometió Pablo Iglesias al secundar la línea «comprensiva» con el llamado referéndum, liderada por la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

«Lo que diga Colau»

Las voces críticas fechan el cambio de táctica de Iglesias en la cena a la que asistió junto al portavoz de En Comú Podem, Xavier Doménech, en el domicilio del empresario de comunicación Jaume Roures, alineado con el golpe independentista, a la que también acudió Junqueras. Aunque Iglesias nunca reconoció que en esa cita se hubiera llegado a acuerdo alguno, en la formación se cree que «si no a un pacto formal, sí se verbalizó un acercamiento con las tesis independentistas». A este respecto recuerdan que Iglesias abandonó desde ese día su visión crítica con la consulta ilegal, de la que llegó a decir meses antes que «si yo fuera catalán, no acudiría a participar».

Ese «seguidismo» respecto a los comunes de Colau es tan evidente, sostienen esas fuentes, que «muchas veces cuando se pregunta a la dirección sobre la postura en Cataluña se nos remite a lo que diga Colau». Uno de los que ha manifestado su preocupación por esta deriva es el dirigente de IU, Alberto Garzón, que entiende que el resurgimiento del «bipartidismo» deja sin espacio político a Podemos en la defensa de un discurso para toda España desde la izquierda. De hecho el político comunista, amigo personal de Iglesias, es de los que creen que si se consigue parar el golpe de los soberanistas, nadie en la izquierda dudará en atribuir el éxito tanto al PP como al PSOE de Pedro Sánchez, que además capitalizaría también haber logrado que Mariano Rajoy asuma la reforma constitucional sin condiciones.

Desmovilización del voto

El malestar con el giro de Iglesias, verbalizado en las reuniones internas del grupo parlamentario, trae causa también de la caída en apoyo electoral que el CIS arrojaba ya en la pasada primavera. Entonces, la recuperación del segundo puesto por parte del PSOE —en plena lucha interna por elegir un líder— contrastó con la caída de Podemos y sus marcas (En Comú, En Marea y Compromís), que pasó del 21,7% de enero al 19,7%. Dos puntos de caída durante tres meses en los que se produjo la purga de los errejonistas tras perder Vistalegre II y el asalto de los afines de Iglesias a los puestos clave, entre ellos Irene Montero, pero todavía quedaba por llegar el claro alineamiento con las tesis secesionistas. De hecho, la imparable caída volvería a visualizarse en el sondeo que ABC ofreció a sus lectores hace una semana, en plena crisis catalana, en el que la formación morada se dejaba más de tres puntos respecto a las elecciones de junio del año pasado.

Las alarmas, pues, no dejan de sonar ante la lectura que se hace internamente del «rédito electoral» que podría obtener el PSOE, tras volver a colocarse inequívocamente del lado del constitucionalismo. Por eso, Iglesias ha dado orden de que se ataque duramente esa posición, resucitando la estrategia electoral, tan usada durante el debate interno socialista en la investidura de Rajoy, de identificar al PSOE con el PP y Ciudadanos. Voces como la de Garzón o la de Carolina Bescansa reprochan que la falta de un discurso de índole nacional, desdibujado por el apoyo a la consulta ilegal, esté restando votos a Podemos, incapaz de articular un relato de España en aquellas autonomías donde el sentimiento de identidad nacional se ha disparado en respuesta al desafío catalán.

Los reproches que recibe la cúpula de Podemos van en aumento según se constata que el alineamiento con Colau solo le está ofreciendo ventajas a la alcaldesa, cuyo último fin es hacerse con un espacio propio frente a la antigua Convergencia y ERC, y restando bazas a un partido que dice tener carácter nacional y aspira a gobernar España. Los nervios del líder populista se dejaron ver en el debate del jueves, cuando lejos de focalizar sus ataques en el Gobierno terminó insultando al PSOE y al líder de Ciudadanos, Albert Rivera. Horas antes, Pablo Echenique elevó los decibelios contra Sánchez al advertirle de que «si sigue apoyando al Gobierno en el conflicto catalán, y uniéndose al bloque inmovilista de la ultraderecha», será responsable de los heridos que puedan producirse en nuevos disturbios, si el presidente Rajoy recurre al artículo 155.

Reforma constitucional

Internamente se cuestiona el desacierto de no participar activamente en los trabajos para reformar la Constitución. Los más críticos con Iglesias temen que la reforma del sistema español se pacte «por las alturas» sin que su grupo tenga ningún protagonismo y sea «la triple alianza» PP-PSOE-Cs la que consiga el consenso más importante de esta legislatura. La desmovilización de su voto, estiman los discrepantes, «será imparable y estaríamos hablando de más de un millón de apoyos perdidos ante la incapacidad que tenemos de encontrar nuestro propio espacio más allá de declaraciones altisonantes contra nuestros rivales», lamentan.