Lola Moreno «El adiós del padre al hijo es el más desgarrador»

Historiadora y escritora. Conservadora del Museo del FerrocarrilERNESTO AGUDOBlanca TorquemadaAntonio AstorgaVirginia Ródenas-Hija y nieta de ferroviarios, lleva el ferrocarril en la sangre.-El oficio

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Historiadora y escritora. Conservadora del Museo del Ferrocarril

ERNESTO AGUDO

Blanca Torquemada

Antonio Astorga

Virginia Ródenas

-Hija y nieta de ferroviarios, lleva el ferrocarril en la sangre.

-El oficio de mi abuela se recoge al principio del libro. «Os toca ayudarme en la casa, tengo que atender el paso a nivel y no puedo hacerlo todo yo sola», dice Amadora. Mi abuela era guardabarreras en Almazán (Soria), un pequeño nudo ferroviario por donde pasaba el famoso Shangai Express, y mi abuelo era peón de vías. Les daban casillas, en plena vía, y mientras él se ocupaba del cuidado del viario, mi abuela debía tener el paso despejado y limpio, y levantar o bajar la barrera al paso del tren. Fueron las primeras ferroviarias.

-Y usted, parte de la primer promoción de mujeres factor.

-Tras el examen del 79, entré en el 80. Hasta entonces sólo los hombres podían serlo.

-¿Y adónde quería llegar una licenciada en Historia?

-Había un archivo histórico, una biblioteca y el museo. Presentarte a factor era la única forma de entrar, pero mi objetivo era ir al museo, adonde llegué a primeros del 81, cuando se trasladó del Palacio de Fernán Núñez a la estación de Delicias, con la mejora de exponer el material en vía.

-Pero una estación es algo más que un museo, que un punto de partida y de llegada...

-Es un universo complejo donde te puedes encontrar de todo. Son multitudes de gente, de culturas, de vidas que pasan por edificios donde el arte también está presente, porque la arquitectura de estaciones ha marcado tendencia y España es riquísima en ellas.

-Estaciones que son referencia en el imaginario del adiós.

-El más desgarrador, el de los padres que despiden a sus hijos ante un futuro incierto, sin saber qué será de ellos, si los volverán a ver...; el de las madres que no quieren despedirse y que cuando el tren echa a andar gritan que por favor no se los lleven. Así fue la despedida de los «niños de Morelia», en plena guerra civil, camino de México. El tren, otra vez, protagonista mudo de la historia.

-Como la del viaje de Franco hacia la entrevista con Hitler.

-Rescatamos ese coche en 1987, de una finca manchega donde se usaba como pabellón de caza. Lo restauramos en Almazán y escribí el cuento «Destino Hendaya», de lo que pensaría Franco en el trayecto. El encuentro nunca se celebró en el coche de Franco, tal y como nos confirmó en nota manuscrita Serrano Súñer, que iba con él, sino en el del fürher.

-El tren también condujo a los judíos a la muerte de los campos, y a los de Morelia, al infierno.

-Unos vieron en el acto de sus padres una generosidad infinita al desprenderse de lo que más querían, y otros se lo reprochan aún y no se lo perdonan. Es su propio testimonio.

-Para nadie fue un final feliz.

-La llegada a México fue espantosa porque era un país que no tenía casi de nada. Cuando el presidente Cárdenas decide que esos niños, hijos de republicanos, vayan, se produce en México una manifestación brutal en la que le reprochan que ampare a niños españoles mientras los mexicanos se mueren de hambre en la calle. Entonces hay mexicanos que van a vivir a la escuela de Morelia, que tiene un gran presupuesto que se pierde en la corrupción. «Tata» Cárdenas, como llamaban los niños al presidente, no quiere que les falte de nada, pero los niños sufren hambre y maltrato.

-Su identidad perdida recuerda a la de los trenes en marcha.

-Hasta 1975 no alcanzaron su identidad administrativa. Pero ellos seguían perdidos en ninguna parte, como el tren que te lleva y te trae. El tren los alejó de su patria, de sus padres, los acercó a otro mundo y los condujo al infierno de Morelia para liberarlos hacia México DF. El tren para los «niños de Morelia», su ser real, fue la constante de su vida.