Registros durante la operación policial
Registros durante la operación policial - ABC

Una llamada a Cruz Roja y la colaboración ciudadana, claves para detener a los asesinos de un anciano

La Policía arresta a dos hermanos, uno con 39 antecedentes, y a un amigo que además ataron a su mujer y le robaron la caja fuerte

MadridActualizado:

A Ángel Prieto Cobo, de 81 años, le golpearon y amordazaron hasta la muerte hace dos años en Santander. Había acudido como cada día a un garaje de su propiedad y allí lo sorprendieron. Como no encontraron lo que buscaban los autores se fueron a sus casa donde ataron a Teresa Álvarez, su mujer de 79 años, abrieron la caja fuerte y se apoderaron de las joyas y el dinero que guardaba la pareja.

Al día siguiente un hombre, con acento vasco, llamó a la Cruz Roja de Madrid desde una cabina de Vitoria: «Tiene un papel y un bolígrafo a mano. Mire me he enterado de que hay una persona en su casa y quiero que vayan a sacarla. Yo no quiero llamar a la Policía, quiero que llame usted (...)». Así empezaba la llamada en la que el anónimo proporcionó toda clase de detalles para que localizaran a la pareja. «Tiene una persiana amarilla, en la lonja pone que se vende o se alquila. Te explico. Es una calle cuesta arriba y donde acaba... Tendrán que tirar la puerta para entrar porque está cerado con llave». El individuo no sabía que Ángel ya había muerto. Los agentes concluyeron que dado su relato y los detalles que aportó era uno de los autores o alguien muy cercano.

Pese a trabajar con esa premisa clara durante año y medio de investigación en el que se tomó declaración a decenas de personas, se visionaron cámaras, se siguieron teléfonos y coches y se ahondó en ambientes del hampa de Santander y País Vasco, la Policía estaba en punto muerto. Los agentes de Homicidios de la Unidad Central de Delincuencia Especializada y Violenta y sus compañeros de Santander pidieron al juez una autorización peculiar: difundir a los medios de comunicación la grabación de la llamada a la Cruz Roja. Todos los medios lanzaron la voz el pasado 26 de septiembre. Y funcionó.

En el teléfono que se facilitó empezaron a acumularse llamadas de ciudadanos. Hubo que hacer una buena criba, pero algunos que sí reconocían la voz además facilitaban coordenadas del individuo, unas más directas y otras menos. Con ellas y el trabajo previo se identificó a Paulino Enrique Gómez Lobato, bilbaíno de 67 años, como autor de la llamada, un tipo con 39 detenciones desde 1980 por delitos contra el patrimonio, robos con violencia e intimidación y falsedad documental. Un «choro» de toda la vida, que fue detenido dos semanas después como autor de los hechos.

El siguiente paso fue registrar un trastero a disposición de Paulino Gómez Lobato en Vitoria. Los agentes hallaron allí un abrigo tres cuartos con capucha ribeteada con pelo, el mismo que había captado una cámara de vigilancia del edificio en el que vivían las víctimas, donde maniataron a Teresa.

La segunda detención fue la de Juan Carlos Cobo Serrano. Su madre tenía un Ford Focus, que también coincidía con el coche sospechoso que se había visto en el lugar del crimen. Cobo fue detenido en su casa de Santander el pasado 5 de febrero. El Focus estaba guardado en una parcela de Rincón del Soto en La Rioja. Cobo reconoció en su declaración que había dado cobijo a Paulino Gómez Lobato en una vivienda que tenía por su antigua amistad y que a este le acompañaba otro hombre al que le presentó como su hermano. A ambos los llevó al garaje en el que mataron a Ángel Prieto, pero aseguró que no sabía lo que hicieron. Cobo también tiene dos detenciones por un delito de prostitución y otro por inmigración clandestina.

Ya tenían al tercero: Ricardo Gómez Lobato, de 53 años, hermano de Paulino y con otros cinco antecedentes por robos con fuerza. Era la persona que aparecía en una de las cámaras. El pasado día 18 se le arrestó en Bilbao cuando trabajaba en la reforma de un polideportivo. Su última detención es de 1996. En el registro de su casa, «una vivienda atestada de efectos inservibles», según los investigadores, se encontró una pistola inutilizada y otras dos réplicas de un revólver y una pistola, difíciles de diferenciar de las reales, munición diversa, un chaleco anticorte y otros efectos, entre ellos un chubasquero que podía ser el que vestía uno de los autores del crimen.

La colaboración ciudadana y el recurso de la Policía a los medios, utilizado en otras ocasiones, han sido claves para abrochar un relato de un crimen abierto y meter en la cárcel a sus autores.