De las listas al Gobierno

La deferencia de Rajoy con Rato ha descolocado a «monclovitas» y «zaplanistas». El vicepresidente del Gobierno puede seguir y ganar peso en el Gabinete de Rajoy; los nuevos y «pujantes» ministros quizás tengan que esperar para el ascenso

ÁNGEL COLLADO
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MADRID. La «semana de pasión» por la elaboración de las listas en el Partido Popular no ha hecho más que comenzar. La única pista que ha dado en público Mariano Rajoy es la confirmación de que Rodrigo Rato mantendrá su tradicional «número dos» por Madrid. La deferencia hacia el vicepresidente segundo del Gobierno ha descolocado a muchos en algunos sectores del partido y del Gobierno, entre la «fontanería» de La Moncloa y el equipo del ministro de Trabajo y portavoz, Eduardo Zaplana, donde daban por hecho que el destino de Rato era encabezar las candidaturas al Parlamento europeo en junio.

El «detalle» del candidato deja evidencia de que cuenta para todo y desde el principio con el vicepresidente primero y que éste, de entrada, quiere seguir en la política nacional. En fuentes del equipo económico ya habían advertido que a su principal responsable le gusta la política y las campañas como al que más y que, de momento, no le han escuchado comentario alguno sobre su predilección por las instituciones comunitarias o los grandes organismos económicos internacionales.

En la confección de las listas también están las claves del futuro Gobierno de Mariano Rajoy -en el PP no cabe hoy por hoy otra hipótesis que un claro triunfo el 14-M- y quien ahora es el segundo de Aznar en el Gobierno lo es ya de Rajoy en campaña.

En medios del PP apuntan que si Rato quiere seguir en el Ejecutivo tras los comicios continuará como vicepresidente primero, que si desea dejar el área económica y cambiar de cartera -a Asuntos Exteriores- no tendrá más que decirlo y que las expectativas de ascenso de otros ministros, nuevos y en alza quedarán aplazadas.

Los «monclovitas» apostaron desde el principio por que el sucesor de Aznar fuera Mariano Rajoy y no Rodrigo Rato por considerar que el entonces vicepresidente primero era el candidato con menos aristas, tanto para la opinión pública como para el reparto interno de poder e influencias en el partido. Era, en resumen, quien mejor garantizaba, a su juicio, la continuidad del proyecto y de los equipos diseñados por Aznar. Además, evitaba que la oposición buscara en el origen familiar y social del sucesor una veta para el acoso.

Rajoy ha contado con todos -la «fontanería» de Moncloa ha cerrado filas con el candidato-, pero también y muy especialmente con Rato, el aspirante con más predicamento en el partido y en el grupo parlamentario. Y sus incondicionales han sacado pecho al ver que repetía como «número dos» por Madrid. Dicen que Rato no sólo sigue por interés personal en primera línea, sino por sentido del deber y servicio al partido, que luego ya verá si debe o no estar en el Gobierno.

Ahora todos empiezan a relacionar la posición que tendrán en las listas con las posibilidades de ser ministros.Aunque en general se respeta la consigna de ser discretos, la colocación de los miembros del Gobierno en las candidaturas encuentra los problema habituales. Los aspirantes sólo quieren ir en primer lugar y a las direcciones regionales y provinciales no les gustan los «cuneros». A Pilar del Castillo le buscan ahora sitio por Madrid y a José María Michavila por Toledo. Rajoy ha confirmado en conversaciones privadas a Jaime Mayor Oreja y Javier Arenas que seguirán al frente de las candidaturas de Vizcaya y Sevilla. A Acebes nadie le discute el «número uno» por Ávila y Luisa Fernanda Rudi irá por Zaragoza, pero está sin cerrar la cabeza de lista por Asturias porque Francisco Álvarez-Cascos no ha confirmado aún sus aspiraciones. De ahí para abajo todo es incertidumbre oficial. Y Rajoy amenaza con alargar el cierre de las listas hasta la última semana de enero.