Larrínaga y Vidal de Nicolás, premio a la Convivencia de la Fundación Blanco

El Gobierno condecora a siete víctimas del terrorismo etarra, dos de ellas del atentado de Hipercor, con la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil

ABC
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SAN SEBASTIÁN. El párroco de Maruri, Jaime Larrínaga, y el presidente del Foro de Ermua, Vidal de Nicolás, recibieron ayer en San Sebastián el VI

Premio a la Convivencia de la Fundación Miguel Ángel Blanco por «su trayectoria en defensa de los derechos humanos, su compromiso en favor de las víctimas del terrorismo, y porque son dos baluartes del espíritu de Ermua», según afirmó Cristina Cuesta, representante de la Fundación.

El acto, que se celebró en el Palacio Miramar de San Sebastián, comenzó con la intervención del filósofo Fernando Savater y continuó con la de María del Mar Blanco, presidenta de la Fundación y hermana del concejal del PP de Ermua asesinado por ETA hace ahora seis años.

La celebración contó con la presencia de parlamentarios europeos, senadores, diputados vascos, y presidentes de partidos políticos. El galardón fue otorgado en la edición anterior a los profesores Edurne Uriarte y Mikel Azurmendi, y en sus inicios recayó en el ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez.

Mientras, Nuevas Generaciones del País Vasco celebrará hoy una manifestación silenciosa por las calles de Ermua, en memoria del concejal del PP secuestrado y asesinado por ETA. La marcha, que tiene el lema «Como Miguel Ángel, por la libertad», finalizará en el cementerio de Ermua con la lectura por parte de los miembros de Nuevas Generaciones de un manifiesto en recuerdo del concejal asesinado. Al acto asistirán, además de los dirigentes de NNGG del País Vasco, la presidenta nacional de esta organización, María del Carmen Fúnez, y el secretario general, José Enrique Núñez.

Por otro lado, el Consejo de Ministros concedió ayer la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil a siete víctimas de ETA, dos de ellas policías nacionales, tres civiles y dos guardias civiles, entre ellos Antonio Molina, asesinado en 2002 en la localidad madrileña de Collado Villalba. Así, el Gobierno otorgó esta distinción, a título póstumo, a Molina, a quien un miembro del «comando Madrid» puso fin a su vida. Esta misma distinción fue concedida a Pilar Quesada Araque, asesinada por la explosión de un coche bomba lanzado contra una casa cuartel de la Guardia Civil en mayo de 1991.

El Gobierno también ha tenido este reconocimiento para el policía nacional Luis Alfredo Achurra Cianca, que murió en diciembre de 1990 al explosionar una bomba colocada en los bajos de su coche. Igualmente, han sido condecorados Teresa Daza Cecilia y Rafael Morales Ocaña, víctimas del atentado de Hipercor.

Además, concedió la Gran Cruz a Esteban Álvarez Merayo, asesinado en junio de 1982 cuando estaba de guardia en una garita del puerto de Pasajes, así como al policía José Luis Fernández Pernas, que murió al ser alcanzado por la explosión de un artefacto en junio de 1981.