Irán. Oasis para transexuales, infierno para gays

Makwan Mouloudzadeh, de 20 años, fue ahorcado el pasado día 5 de diciembre en la ciudad de Kermanshah por haber mantenido relaciones sexuales con otros muchachos cuando tenía 13 años, según informó la

TEXTO: MARTIN HAYAT
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Makwan Mouloudzadeh, de 20 años, fue ahorcado el pasado día 5 de diciembre en la ciudad de Kermanshah por haber mantenido relaciones sexuales con otros muchachos cuando tenía 13 años, según informó la agencia no oficial ISNA. La ejecución, denunciada ante la comunidad internacional por Human Rights Watch (HRW), se produjo bajo la acusación de «violación». El código penal iraní, basado en la sharia (ley islámica), recoge que la práctica homosexual -tanto en hombres (lavat) como en mujeres (mosahegheh)- será penada con cien latigazos las tres primeras veces que la persona sea condenada. En la cuarta ocasión, el castigo será la muerte.

«En Irán no tenemos homosexuales». Las palabras del presidente Mahmoud Ahmadineyad durante su conferencia en la Universidad de Columbia, antes de participar en la reunión Asamblea de Naciones Unidas, han quedado grabadas -y en muy alto lugar- en su lista de más polémicos discursos. La afirmación del ultraconservador presidente -que obvió el detalle de que si no hay homosexuales no habría por qué ahorcarlos- provocó mayor controversia que asuntos como el nuclear o el del supuesto apoyo a las milicias chiíes en Irak.

Sin mención en el Corán

Y es que en Irán el sexo es tabú. Y sin embargo, incluso en este sistema tan conservador y tradicional, aparece el insólito oasis de «apertura» de su política oficial hacia los transexuales: una particularidad que, al no aparecer citada textualmente en el Corán, se legisla según el parecer de las autoridades religiosas chiíes.

La legislación islámica promueve y subvenciona las operaciones de cambio de sexo entre los ciudadanos para poder «curar» una condición que califican de «enfermedad». Desde que en 1983 el imán Jomeini emitiera una famosa fatua (ley islámica), que más adelante fue corroborada por el actual líder supremo, Ali Jamenei, las operaciones de cambio de sexo se han convertido en una práctica habitual en los quirófanos de Teherán.

La fatua se ha convertido en leyenda urbana, y en las calles de Teherán hay diferentes versiones para explicar los motivos que llevaron a Jomeini a tomar esta medida. Unos dicen que fue tras un encuentro con un hombre llamado Fereidum que, tras innumerables intentos para reunirse con el líder, finalmente consiguió acceder a su residencia para explicarle que era «una mujer esclava en un cuerpo de hombre». Y para dar más fuerza a su afirmación, le mostró los pechos, aumentados merced a una terapia hormonal, que se asemejaban a los de una mujer. El testimonio conmovió al líder, que decidió estudiar el caso y calificar el fenómeno de enfermedad para poder promover su curación.

Otra versión un tanto más fabulada asegura que el imán emitió su veredicto después de conocer a una pareja que había dejado de experimentar placer. Jomeini les aconsejó que cambiaran de sexo y, una vez que la mujer se hubiera convertido en hombre y el hombre en mujer, que volvieran a casarse.

Opinión infalible

Lo cierto es que esta fatua del imán, que para los chiíes es infalible, sigue vigente y ha suscitado que los actuales mulás iraníes consideren las operaciones de cambio de sexo como uno de los derechos humanos a los que tiene derecho la población.

Este es uno de los pocos asuntos sociales en los que la Administración revolucionaria se ha adelantado a la evolución de una sociedad que, aunque reclama mayor libertad y apertura, sigue sin aceptar a los transexuales. El peso de la tradición sigue siendo enorme en las familias iraníes.

Estadísticas oficiales de 2005 cifraron en 20.000 el número de transexuales en la república islámica. Ese mismo año llegó a la presidencia Mahmoud Ahmadineyad, fiel seguidor de los principios del imán y, según un informe publicado por el diario británico «The Guardian», su gobierno aumentó la partida presupuestaria destinada «a la curación de los transexuales» a través de operaciones, terapias hormonales y créditos para que los recién operados puedan abrir un negocio en su nueva vida. Estas subvenciones otorgadas por fundaciones de caridad vinculadas a la figura del imán Jomeini, sin embargo, no alcanzan para sufragar del todo una cirugía que dura años y que cada vez resulta más costosa.